"La pandilla quiere poner vigilantes en el Centro Histórico de San Salvador"

El jefe policial de la capital defiende la disminución de homicidios, pero reconoce que su mayor problema es la extorsión. La pandilla usa a menores.

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"La pandilla quiere poner vigilantes en el Centro Histórico de San Salvador"

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El jefe de la delegación del Centro Histórico de San Salvador de la Policía Nacional Civil (PNC), Luis Serpas, habló sobre los planes de seguridad que desarrolla la corporación en la capital y sobre las hipótesis del cometimiento de homicidios y extorsiones en la zona.

¿Cómo son los planes de seguridad que desarrolla la PNC en el Centro Histórico?

Desarrollamos planes de forma constante, lo que si procuramos es llevarlos a cabo cuando existe mayor afluencia en los mercados. Hemos logrado disminuir todos los delitos y si se dan algunos es porque las personas no guardan las medidas de seguridad pertinentes. Las personas van hablando por teléfono en la calle o llevan expuestas cadenas o relojes caros, o que van sacando dinero durante van caminando.

Foto de LA PRENSA/Archivo

LPG Datos descubrió que la gente considera peligroso visitar el Centro Histórico, ¿qué piensa usted de ese hallazgo?

Somos prácticamente el centro de todo San Salvador, tratamos de ubicar policías y soldados en puntos estratégicos, donde están ahora anteriormente se cometía un delito de homicidio, de robo, de extorsión.

Hay bastante gente que dice al centro no voy porque da miedo, pero eso es lo que quedó de antes y eso se va a lograr borrar conforme el tiempo vaya pasando y se vayan acercando al centro.

¿Qué lugar considera les ha dado un poco más de batalla en cuanto a seguridad?

El centro de San Salvador se caracteriza por la cantidad de personas que lo visitan, transitan, vienen a trabajar diariamente. Nosotros priorizamos por igual, pero donde tratamos de intensificar más son los mercados, no porque sea más peligroso, sino por la actividad comercial.

¿Cuál es el delito que se da con más frecuencia?

En años anteriores era el delito de homicidio, ese que nosotros más que todo hemos logrado no erradicar al 100 %, pero a un 95 %.

Foto de LA PRENSA/Archivo

¿Persisten robos y extorsiones?

En su mayoría son personas que tienen afín a una pandilla y ya conocen a las personas comerciantes. Cualquier persona puede decir que las extorsiones se mantienen. Pueden mantenerse, pero las que se han denunciado se les ha dado el tratamiento y se ha obtenido el resultado.

En el comercio informal puede haber personas que pueden pasar cobrando "renta" y en su mayoría los detenemos; pero si el afectado no pone denuncia y se le encuentra el dinero, lo detenemos y procesamos por receptación, ya que no justifican su legal tenencia.

¿Aplicaría en esas situaciones el dicho de "ver, oír y callar"?

Eso tiene que ver con el temor de los comerciantes que ellos siempre van a estar ahí y piensan que si ellos denuncian, pueden correr algún riesgo.

¿Cuál es su opinión de que se captura a un extorsionista y al día siguiente llega otro?

Realmente se detiene a una persona, pero ya mañana pueden destinar a otra persona, porque no son los jefes quienes llegan a recoger el dinero. Por lo general, recurren más a menores de edad, porque al ser menores, el delito es con menos años de prisión. Las personas que extorsionan son los adultos, pero los que andan recogiendo son menores.

¿Quiénes son más propensos a las extorsiones, los vendedores ambulantes o fijos?

Las personas que pueden estar más afectadas son las que tienen sus negocios de carácter informal, porque las vendedores formales tienen la capacidad de pagar su seguridad privada. Y los informales les pagan los servicios a los vigilantes que trabajan de forma independiente en la zona de todos los mercados.

Y sobre la pelea entre vigilantes y pandilleros, ¿en qué radica el problema?

El problema es que ese dinero se les está escapando a ellos. El pleito es que ellos quieren poner vigilantes, pero del lado de la pandilla de ellos, para que ese dinero llegue hacia la pandilla. Los vigilantes no permiten que los negocios sean extorsionados; uno quiere el pisto y el otro no se lo deja quitar. Los pandilleros hoy han querido intimidar a los vigilantes matándolos para que se vayan; pero han agarrado más valor.

Y ustedes, como autoridad, ¿qué papel ocupan?

Antes nos controlaban a la hora que cambiábamos de turno y a la hora que almorzaba el personal; ahora no, hoy no se va nadie hasta que lo llegan a relevar. Al final los sobreesforzados somos nosotros, todo por cuidar que un marero no mate a un vigilante y que un vigilante no mate a un marero.

¿Han conocido de amenazas contra vigilantes?

Ya hemos tenido conocimiento que quieren matar a un vigilante. Yo lo que hago es llegar al lugar y le digo al vigilante que lo quieren matar ‘váyase, nosotros lo podemos cuidar’, pero si nos vamos, ¿qué hace después? Entonces, rapidito se cambia y le ayudamos a sacarlo, pero uno sale del compromiso de avisarle que lo andan buscando para matarlo.

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