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La sotana de monseñor Rosa Chávez ya está lista

Fue elaborada en una de las principales sastrerías del Vaticano. Hoy será entregada de manera confidencial para que la use en el consistorio.
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Raniero Mancinelli mueve una mano disimuladamente para juntar los trajes que momentos antes estaban separados. Son rojos y negros, todos tienen pegado un papel en la bolsa. En el cuarto de estos dice Rosa, él hunde el papel en el bolsillo pero ya es tarde. En el recorrido por la sastrería, una de las más importantes de Roma en la fabricación de indumentaria religiosa, se puede confirmar que las sotanas que usará monseñor Gregorio Rosa Chávez para ser ordenado cardenal ya están listas.

—Son los trajes de los cardenales. —Pero no los puedes ver.

Esa respuesta es la que lo lleva a simular que los ordena, no pretende esconder nada, pero guarda la discreción que le exige el ritual, sabe que se pudo ver el nombre que momentos antes acaba de esconder y más que ponerse a la defensiva resulta un tipo simpático. Pelo cano, sonriente, de estatura media y con unos anteojos que obviamente le exigen ver cada sutura de los trajes, dice que tiene aprecio por El Salvador.

Mancinelli tampoco se percató de que minutos antes y justo después de ingresar a la tienda, sobre la vitrina está colocada una birreta y que es justo la que el papa Francisco impondrá al obispo auxiliar de San Salvador el miércoles en el consistorio donde lo nombrará cardenal. En una bolsa se puede leer “Sua EM. Mons. Gregorio Rosa”, ya tiene el título de eminencia, el trato que se le da a los cardenales.

Una señora elegante, alta, delgada y sonriente toma la birreta la coloca sobre la bolsa y tapa el nombre de monseñor, tras notar la toma de fotografías. Ella no disimula, va directo al hecho, se va de largo y dice “no” y no vuelve a aparecer por la tienda.

—Sí son los trajes de los cardenales, de algunos. El rojo y el negro.

Mancinelli explica que el rojo está diseñado para las ocasiones especiales y el negro, con botones rojos, cuando deben salir de la iglesia. El rojo es para defender al papa y la fe cristiana aun a costa de la vida, agrega.

En la tienda hay telas de diferentes tipos y colores, pero toda, en su gran mayoría, está destinada para confeccionar trajes de sacerdotes o vestimentas para eventos religiosos.

El historial de la tienda es ya bastante antiguo, el italiano asegura que fue creada antes del Concilio Vaticano II, en 1959, hace 58 años, y ha confeccionado trajes de diferentes papas, cardenales y obispos, luce entre sus fotos una reciente con el papa Francisco, pero no se atreve a confirmar si fue él quien fabricó su sotana. “He hecho de muchos pero no de todos”, asegura.

Sí se alegra, asegura, de que monseñor Rosa Chávez se haya dirigido a su sastrería para tener su sotana. Dice tener una gran simpatía por el obispo auxiliar, a quien asegura conocer pues ya antes había llegado a tallar su traje y señala el grupo de sotanas que está colgado en ganchos de un tubo metálico.

La simpatía por los salvadoreños se origina desde antes de los ochenta, cuando el beato Óscar Romero viajó por última vez al Vaticano, en mayo de 1979, en una visita a Juan Pablo II. “Él vino acá, estuvo aquí, compró algo para llevar a El Salvador. Incluso hay un libro que así lo dice”, y busca en un estante para confirmarlo.

Es un libro de Leonardo Boff, un exsacerdote brasileño teórico de la teología de la liberación, busca entre sus páginas y efectivamente está su nombre, el de Romero y la tienda. “Fue antes de...” y hace una señal con su dedo índice y pulgar.

La conversación por la vestimenta de los nuevos cardenales regresa cuando revisa algunos detalles de las mangas. No quiere dar muchas explicaciones, pero asegura que deberán ser entregadas hoy a los cardenales, todo de una forma confidencial. Tampoco explica si se los tallarán por última vez en la tienda o ya cuando sean enviados al Vaticano.

Su trabajo está terminado, asegura. Le llevó por lo menos siete semanas el confeccionarlo.

—¿Y el costo?

—Depende de la talla, pero no es mucho, no tanto, muy baratos.
 

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