La ternura de mamá Menche

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Mamá Menche  acomoda los juguetes en el albergue de la fundación. Pronto volverán a estar desordenados.

Mamá Menche acomoda los juguetes en el albergue de la fundación. Pronto volverán a estar desordenados.

La ternura de mamá Menche

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Mercedes Membreño, de 73 años, dedica todo su tiempo a cuidar y mimar a los 400 niños en tratamiento activo de cáncer en el albergue María Escalón de Núñez, de la Fundación Ayúdame a Vivir. Mamá Menche, como los niños la llaman, ha sido una de las responsables de brindar alegrías y

atenciones a los pequeños desde 1995, año en que se inauguró, para colaborar con los padres mientras sus hijos están en tratamiento contra el cáncer.Cada año, el centro médico Ayúdame a Vivir realiza 20,000 quimioterapias. “Yo he tenido a mi cuidado a muchos niños de todas las edades. He tenido de tres meses y jóvenes de 16 años. Todos vienen a quedarse aquí durante sus tratamientos y pasan conmigo mucho tiempo. Yo los trato como mis hijos, trato de animarlos, de darles las mejores atenciones posibles para que ganen esta batalla tan difícil contra el cáncer”, dice Membreño.

Con más de dos décadas de trabajo en la fundación, Membreño afirma sentirse satisfecha con su labor y asegura hacer lo imposible por darles lo mejor a los niños. De acuerdo con Mercedes, cada día llega un promedio de ocho pequeños, con sus padres, a quedarse en las instalaciones donde son debidamente atendidos y medicados.

Según autoridades de la fundación, los niños que son atendidos por “niña Merceditas” provienen de muchos lugares del país, pero también de Guatemala, Belice, Nicaragua y otros países vecinos. El 95 % de los pacientes es referido del Hospital Benjamín Bloom. Con cada uno de ellos, mamá Menche crea un vínculo afectivo que le permite ser parte de sus historias y ocupar un lugar importante en sus corazones.

Membreño, originaria del cantón El Rosario de Armenia, Sonsonate, es la encargada de bañar, vestir, alimentar, medicar y jugar con los niños cuando ellos están en la fundación. “Debo vigilarlos cuando juegan, bañarlos con delicadeza, medicarlos a una hora establecida y si sufren algún ataque, debo remitirlos al hospital inmediatamente”, afirma.

Mamá Menche, la sexta de 14 hermanos, asegura haber experimentado todo tipo de sentimientos con los pacientes. “Hay muchas historias que contar, historias con niños diferentes, historias de alegría y también de tristeza, historias que me parten el alma y otras que me llenan”, dice mientras recuerda con mucho amor a una niña que falleció hace tres años: Tatiana, que estuvo a su cuidado desde los seis meses de nacida y que, prácticamente, se crio en el albergue.

“Tatiana era una niña hermosa. Ella me ayudaba en todo; me avisaba cuando pasaba el camión de la basura, hacíamos todo juntas. Su papá venía a visitarla cada ocho días desde Santa Rosa de Lima porque no tenía dinero para venir todos los días. Era primorosa. Pero a los seis años y medio nos dejó”, manifiesta con pesar.

Sin embargo, no todo es tristeza pues, según Membreño, cada año la visitan de 50 a 75 sobrevivientes que lograron sanarse por completo. Dice que algunos de ellos ya tienen hijos, otros son profesionales de éxito y cada vez que los mira su corazón se llena de satisfacción.

“Hay pacientes que vienen a ver cómo estoy, ya todos grandes. Me traen cartas en las que me agradecen todo lo que yo hice por ellos y me siguen llamando mamá Menche”, comenta Membreño. En la actualidad, el nivel de sobrevivencia de los niños con cáncer es de 70 %; es decir, de cada 10 niños, se salvan siete.

Mamá Menche afirma tener un hijo de 48 años, que siempre ha apoyado y admirado su labor de amor. “Mi hijo nunca sintió celos por lo que yo hacía y sigo haciendo con los niños. Jamás me reclamó nada. Al contrario, a él le gustaba que yo ayudara a otros niños”, dice.

Menche, la mamá de todos los niños del albergue, asegura que no quiere dejar de cuidarlos nunca. “Yo de aquí no me voy hasta que los señores del albergue me digan que me vaya”, concluye.

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