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La torta loca: el desafío para estómagos con mucha hambre

Desde hace 21 años este negocio familiar ofrece tortas de hasta 2 libras de peso y 30 centímetros de diámetro que la hacen únicas en la Ciudad Morena.

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La Prensa Gráfica/Miguel Marroquín.

La torta loca es una delicia y un desafío para los estómagos hambrientos. Con más de 2 libras de peso y 30 centímetros de diámetro este negocio familiar nació en enero del 2000 en el barrio Nuevo de Santa Ana.

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“La torta loca fue la primera que creamos, luego vinieron la manoseada y la bayunca que fueron las que abrieron el camino para el negocio”, comenta Ivón de Flores propietaria del negocio La Antorcha que ofrece estos singulares platillos.

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La mujer de 68 años de edad recuerda que fue a raíz de la enfermedad de su esposo que se las ingenio para abrir un negocio propio.

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“Comenzamos vendiendo panes con gallina pero un día alguien me dijo que le hiciera un pan loco que llevará de todo y así se lo prepare. A la semana esa misma persona volvió a pedir otro igual y a los días siguientes se comenzó a hacer la bulla que los panes eran ricos por lo que decidimos dar el salto de panes a tortas y así nació la torta loca”, dice De Flores.

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Menciona que los ingredientes de la torta loca son lechuga, pepino, tomate, curtido, escabeche, carne molida, carne de pollo, salsa de tomate y mayonesa. “La torta loca es una de las preferidas de nuestros clientes”, asegura.

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Explica que la fama de su cocina ha llegado a otros departamentos del país y ha tenido la oportunidad de conocer a chef de categoría internacional. “Un 80% de nuestros clientes son de otros departamentos, pero especialmente de San Salvador que cuando vienen a realizar alguna diligencia o van de regreso pasan pidiendo sus tortas para llevar”.

“Hace años tuve la oportunidad de conocer al chef mexicano Aquiles (Chávez) en un evento que se organizó en nuestro país. La idea inicial era hacerle llegar una torta para que la degustara pero al final decidió que quería conocer quién las hacía y así como se dio esa oportunidad fue un momento muy bonito y especial”, recuerda con mucha alegría la cocinera.

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Explica que entre los comensales más hambrientos que han visitado el local han sobresalido dos personas. Carlos Edgardo Alvarado que se comió más de tres tortas en el 2011, y que ostenta el récord de comelón de este platillo en el negocio, y Edwin Enrique Catota que en el 2006 logró comerse una torta en tan solo 3 minutos.

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Explica que las mujeres no se amedrentan frente al reto de las famosas tortas santanecas. “Hubo una jovencita de 16 años que vino al local y se comió dos tortas como si nada y las acompañó con una gaseosa de dieta. Las mujeres también son buenas para el diente”, dice entre risas la mujer.

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Doña Ivón cuenta que en la cocina la creatividad no tiene límites por lo que en algún momento llegaron a ofrecer 18 diferentes tipos de tortas, incluso algunas con un peso de más de 2 libras.

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Sin embargo, este ícono de la Ciudad Morena también fue duramente golpeado por la pandemia. Doña Ivón dice que a las pocas horas que fuera anunciado el primer caso de covid -19, en marzo del año pasado, decidieron cerrar las puertas del negocio, debido a que ella y su hijo Rodrigo de 39 años de edad son pacientes con enfermedades crónicas.

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“Sobrevivimos por fe y por la gracia de la gente que venía y nos traían ayudas y eso lo llevamos en el corazón”, dice doña Ivón. Añade que luego de varios meses, volvieron a abrir el local pero con muchas limitaciones.

 “Teníamos tres empleadas y con todo el dolor de nuestro corazón tuvimos que despedir a dos de ellas, las variedades de tortas se redujeron a sólo seis y solamente permitimos el ingreso de 10 personas al local y cerramos a las 7 de la noche”, dice.

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Sin embargo, Doña Ivón asegura que se sienten contentos de lo que han logrado en estos 21 años de ofrecer este tipo de alimentos y afirman que continuarán adelante a pesar de las adversidades. “Uno de los grandes sueños de mi esposo era que el negocio fuera de renombre, que fuera algo turístico de la ciudad. Que cuando dijeran Santa Ana dijeran "el lugar donde venden la torta loca". ¡Claro que vamos a seguir adelante con nuestro negocio que nos ha costado muchos sacrificios y que ya es una tradición en Santa Ana!”, exclamó doña Ivón.

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