La tragedia del parque Bolívar

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Hoy hace seis años que el alma nacional salvadoreña se conmovió en lo más íntimo de sus sentimientos.

Un horroroso drama se desarrolló en pleno corazón de la urbe capitalina. Un gran patriota, un esclarecido hijo de esta Cuscatlán heroica, que lleva sobre sus hombros el delicado cargo de jefe de la nación, caía herido de muerte.Un velo de tristeza cubrió la República, desde aquella hora nefanda en que mano alevosa, levantose armada para descargar el cortante filo de su arma sobre aquel que tranquilo, después de las arduas faenas cotidianas, tomaba descanso en su paseo favorito del parque Bolívar. Densas y negras nubes se arremolinaron en el hasta entonces esplendoroso cielo de la patria. La sangre del mártir, cuyas gotas, pendientes del emeraldino follaje donde cayera como roble majestuoso, semejaban rubíes engarzados en opulenta corona. El doctor Manuel Enrique Araujo caía herido de muerte. En el lecho del dolor, solícitamente le rodearon el intenso amor de su esposa idolatrada, el cariño inextinguible de su hija adorada y el culto que los buenos salvadoreños profesaban a aquel modelo de civismo, que caía sacrificado en aras de la patria. La sangre del doctor Araujo fecundó la simiente que su mano regara en el campo ubérrimo de la nación, en donde han germinado las siemprevivas del recuerdo y los laureles de la gloria. Seis años hace de la triste tragedia del parque Bolívar. Seis años que el recuerdo de la fatídica noche está como el primer día en que un nuevo solo alumbrara aquel lugar donde se cometiera la víspera el injustificable crimen.

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