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Las matemáticas ya no son igual con Hojo

Las estrategias que voluntaria japonesa utiliza en escuela de Perquín han motivado a estudiantes a querer aprender.
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Foto de LA PRENSA/Fátima Membreño El cambio en la actitud  e interés de los alumnos por los números es evidente entre los estudiantes desde sexto a noveno grado.

Foto de LA PRENSA/Fátima Membreño El cambio en la actitud e interés de los alumnos por los números es evidente entre los estudiantes desde sexto a noveno grado.

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Los alumnos de sexto a noveno grado del Centro Escolar Amun Chea saludan en japonés a Marisa Gómez Hojo, una joven de 23 años que tiene seis semanas de estar viviendo entre las montañas y la naturaleza del municipio de Perquín, Morazán. Ella tiene dos nacionalidades, japonesa y mexicana, por lo que no se le dificulta hablar español.

Llegó a El Salvador el 12 de febrero como voluntaria de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA), y ocho días después ya estaba en la escuela Amun Chea, ubicada en el cantón La Tejera, Perquín, para demostrar cómo las matemáticas, que no gustan a muchos, pueden llegar a ser divertidas y fáciles.

  “Les toca trabajar en sus hogares, hacer la comida o cuidar a sus hermanitos, tenemos que conocer qué hacen para entenderlos, apoyarlos y saber cómo tratar”.
Marisa Gómez Hojo,  voluntaria japonesa

A sus 23 años de edad esta voluntaria ha cautivado el corazón de 34 estudiantes y ha motivado a docentes de otras escuelas cercanas. En una clase dinámica la docente extranjera enseña cómo sumar, restar, multiplicar y dividir, inculcando la participación y el respeto. Hace más de un mes para los jóvenes que estudian en el Amun Chea era estresante, aburrido y trataban de poner cualquier pretexto para no recibir clases de Matemática.

“Antes era superaburrido cuando llegaba la hora de recibir la clase de Matemática, ya que no entendíamos nada y cuando nos dejaban tareas no las hacíamos. Hoy es diferente, ella nos ha enseñado que son superfáciles y que son muy divertidas”, se sinceró José Reyes, de séptimo grado.

A los alumnos les gusta la experiencia de tener una instructora de Japón porque “tiene paciencia, es muy inteligente, aplicada, enseña, toma interés en darte la clase; además, se preocupa por saber nuestras condiciones en la casa”, expresó María Díaz, de octavo.

También los padres de familia valoran el trabajo de la voluntaria. Gladis Sorto, madre de un estudiante de noveno grado, afirma que Hojo en varias ocasiones ha llegado a su vivienda para saber qué hace su hijo cuando no está en la escuela.

Según la docente, el objetivo de las visitas es conocer las ocupaciones de los estudiantes y entenderles. “No solo es cargarlos de trabajo, tampoco regañarlos por no hacer la tarea. Acá hay muchos jovencitos que les toca trabajar en sus hogares, hacer la comida o cuidar a sus hermanitos, y como maestra tenemos que conocer qué hacen para entenderlos, apoyarlos y saber cómo se les va a tratar”, explicó.

Para Hojo, enseñar a los niños salvadoreños ha sido un reto, ya que asegura que cuando los conoció les realizó a todos los estudiantes del centro escolar un examen de Matemática, en el cual todos salieron mal. La mayoría de niños contaban los números utilizando los dedos de las manos y no se sabían las tablas de multiplicar, por lo que decidió realizar juegos y extendió las clases hasta cinco horas. “A ellos se les ha dado un libro y eso los motiva mucho, hoy puedo decir que han avanzado bastante”, comentó.

El director del centro escolar, Iván Pereira, considera que tener la ayuda del voluntariado les permite ser una escuela de referencia para los demás centros escolares de la zona, incluso personal de otras escuelas ha llegado para observar la forma en que la extranjera despierta el interés de los alumnos.

Para los educadores, la experiencia de tener la ayuda de la voluntaria japonesa los inspira a tratar de motivar a los alumnos, y asegura que ese tipo de intercambio cultural-académico les permite tener otra expectativa acerca de los métodos de enseñanza.

“Vamos a aplicar las experiencias y estrategias que ella está utilizando. A veces nos desanimamos y ella nos anima a hacer o tratar de imitarla en cuanto a preparar el material didáctico con el cual despierta el interés en los niños”, comentó César Esaú Canizales, docente de educación básica en el Centro Escolar Caserío Llano Grande, en Corinto, Morazán.

34
estudiantes de sexto a noveno grado del Centro Escolar Amun Chea están aprendiendo matemáticas con la voluntaria.

Gómez Hojo estudió Relaciones Internacionales en Japón y actualmente realiza una maestría.

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