Las mujeres que cultivan lombrices para combatir hambre y sequía

Una comunidad en la zona rural de Ahuachapán ha desarrollado estrategias para poder arrancarle alimento y agua a una tierra que cada vez más se pone árida e inestable. Se trata de un grupo de mujeres que reivindica a su manera el Día de la Tierra.
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<strong>Lombriabono</strong>. Cajones fabricados de madera son llenados con estiércol de vaca para generar el cultivo de lombrices. Las heces de esos animales son utilizadas como abono orgánico con excelentes resultados en hortalizas y frutales.

Lombriabono. Cajones fabricados de madera son llenados con estiércol de vaca para generar el cultivo de lombrices. Las heces de esos animales son utilizadas como abono orgánico con excelentes resultados en hortalizas y frutales.

<strong>Alternativa</strong>.  Los conejos también son vistos como una forma de impulsar nuevas estrategias de seguridad alimentaria en las zonas rurales golpeadas por el hambre.

Alternativa.  Los conejos también son vistos como una forma de impulsar nuevas estrategias de seguridad alimentaria en las zonas rurales golpeadas por el hambre.

<strong>Artesanal</strong>. La pobreza de la zona no impide el desarrollo de la estrategia de los estanques.

Artesanal. La pobreza de la zona no impide el desarrollo de la estrategia de los estanques.

<strong>Por veredas</strong>. Muchas de las casas de la comunidad La Labor, en Ahuachapán, están ubicadas en zonas de difícil acceso. Mujeres organizadas rompen esa barrera.

Por veredas. Muchas de las casas de la comunidad La Labor, en Ahuachapán, están ubicadas en zonas de difícil acceso. Mujeres organizadas rompen esa barrera.

<strong>Aves</strong>. El corral sigue vigente en comunidades rurales para asegurar carne y huevos.

Aves. El corral sigue vigente en comunidades rurales para asegurar carne y huevos.

<strong>Acuicultura</strong>. La crianza de tilapias sirve a las familias como soporte para mitigar el alimento y salir de a poco de la inseguridad alimentaria.

Acuicultura. La crianza de tilapias sirve a las familias como soporte para mitigar el alimento y salir de a poco de la inseguridad alimentaria.

Las mujeres que cultivan lombrices para combatir hambre  y sequía

Las mujeres que cultivan lombrices para combatir hambre y sequía

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Alma hunde las manos en un cajón de madera lleno de estiércol de vaca hasta sacar del fondo un puñado de lombrices rojizas, casi color vino. Son tantas y de diferentes tamaños que se le escapan entre los dedos. Una señal de que el cultivo de lombrices, una de las apuestas que una veintena de mujeres de la comunidad La Labor –Ahuachapán– ha emprendido para luchar contra el hambre y la sequía, va por buen camino.

Es casi mediodía de este tercer lunes caluroso de abril y Carmen, la ingeniera agrónoma que promueve el cultivo de lombrices en La Labor, le da el visto bueno a Alma. Dice que ya hay suficientes animales como para trasladar unos cuantos a nuevos recipientes en las casas de las otras mujeres. Alma tiene tres cajones cargados con lombrices en el patio de su vivienda, cada uno está montado sobre cuatro piezas de cuartón que les sirven de patas para separarlos aproximadamente un metro del piso de tierra.

Carmen, quien visita la comunidad como parte de la cooperación del Instituto de Investigación, Capacitación y Desarrollo de la Mujer (IMU) y de la organización Oxfam El Salvador, también remueve el estiércol hasta que extrae del fondo una composición desmenuzable, granulosa, ligera e inodora de color café oscuro. La mujer, de piel blanca y boca chiquita, enumera con una voz pausada y quedita los beneficios del fertilizante natural que ahora ya restriega con los dedos. “Son heces de lombrices, es lombriabono”, remata al final con una leve sonrisa que se percibe solo por un pequeño gesto.

Este mediodía, otras cuatro mujeres han visto cómo Alma y Carmen hunden las manos en el estiércol de vaca para exponer a las lombrices. La agrónoma dice que a finales del año cada una de ellas debe tener en sus casas un cultivo similar.

La Labor es una comunidad enclavada entre los llanos que forman los cantones La Montañita, Chipilapa, Santa Rita, Anonal, El Tortuguero, y otros. Asentamientos rurales de Ahuachapán que en total albergan a unas 1,200 familias, quienes resultaron fuertemente golpeadas en 2012 por la tormenta tropical 12-E.

Más temprano, Rosa Lilian, quien hace de síndica en la comunidad, recuerda que esa copiosa tormenta de octubre de 2012, que descargó en pocas horas lo que cae en tres meses en una época lluviosa normal, les afectó la vida para la siempre: generó inundaciones en fincas de café y caída del grano.

“Todo el café se cayó al suelo, el grano quedó quemado por la cantidad de lluvia. No pudimos cortar ni pepenarlo”, dice mientras se lleva a la boca unos frijoles molidos que acaba de recoger de un plato celeste con una tortilla.

La mujer, de 39 años, cuenta que la comunidad donde vive desde que nació se sumió en una pobreza por esa tormenta, pues la mayoría de personas trabajaba en la corta de café. Rosa Lilian señala que antes de ese año les pagaban unos $100 cada 14 días por lo que lograban cortar del grano. Una bonanza que no volverá, según la mujer que ahora tiene dos hijos (una de 19 años y otro de 17).

A la tormenta se sumó otra desgracia: las plantas de café que sobrevivieron a la lluvia fueron afectadas por la roya, un hongo que se ensanchó con el 70 % del parque cafetalero del país, según estimaciones de la Fundación Salvadoreña para Investigaciones del Café (PROCAFÉ) que hizo públicas en septiembre de 2012.

La entidad dijo que los efectos serían más sentidos a partir de la cosecha 2013/2014.

Las mujeres de La Labor pueden dar certeza de que esa estimación se cumplió. Dicen que si la 12-E las puso en condición vulnerable, la roya terminó por enterrar sus esperanzas de regresar a cortar café en las fincas y asegurar la subsistencia de ellas y sus familias. Ya tienen tres años de no obtener ingresos por la corta.

Los problemas, sin embargo, no terminaron con la roya. La mayoría de las viviendas de La Labor cuentan con una pequeña porción de tierra donde habitualmente siembran maíz, maicillo y frijol para autoconsumo; pero la sequía de los últimos años, que se agudizó en 2014, afectó los sembradíos y puso a la mayoría de las 1,200 familias en una condición de grave riesgo alimentario. Rosa Lilian dice que lograron salir a duras penas de esa situación por los 362 paquetes de subsistencia que les brindaron el Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (CONASAN) y el Programa Mundial de Alimentos.

Estas dos organizaciones divulgaron los resultados de una reciente encuesta donde estimaron que hay 17,086 hogares productores (85,430 personas) en una situación de inseguridad alimentaria moderada o severa. Además, otros 18,873 hogares se consideran vulnerables en riesgo de caer en inseguridad alimentaria, lo que representa a unas 35 mil familias. En total, un aproximado de 103,600 familias productoras de granos básicos reportaron pérdidas en su producción por la reciente sequía.

La perspectiva climática para este año no es alentadora. Expertos centroamericanos del clima prevén una sequía moderada en esta época lluviosa, una escasez de lluvia que impactaría aún más.

Ese panorama lo saben muy bien Rosa Lilian, Alma, Cristina y el resto de mujeres que este mediodía, a dos días de que se conmemore el Día de la Tierra (22 de abril), recorren sus terrenos para asegurarse que las estrategias que han utilizado hasta hoy para subsistir a las tragedias sirvan para más adelante.

Junto a la par de los cajones llenos de lombrices, Alma ha fabricado un corral donde alberga gallinas y pollos. Suman unas 56 aves en total. Dice que inició desde hace un año cuando el IMU le entregó 10 polluelos y una porción de concentrado. “Ahora puedo asegurar carne y huevos para los míos”, señala.

A pocos metros de donde cacarean las gallinas, hay un estanque con alevines y tilapias. Todo en su propia casa.

Alma no es la única, Sonia, otra de las mujeres rurales organizadas de esta comunidad, también cuenta con su propio estanque donde un grupo de tilapias aún desnutridas se arremolinan a una tortilla que cuelga de un alambre.

Aves y peces son dos de las apuestas que la veintena de mujeres tiene en sus hogares. Hay también otras más atrevidas que cuentan con conejos y árboles frutales; pero la apuesta principal para los próximos meses pasará por el cultivo de lombrices, según les advierte Carmen.

La agrónoma enumera las tres ventajas de las lombrices: las heces son abono que hará mejores hortalizas, sirven de dieta para los pollos y mejoran los huevos, los orines mejoran el follaje de todo tipo de cultivo.

Cristina se emociona tanto que eleva la plática a otro nivel. “Hay países que las lavan bien y preparan tortas con las lombrices, aunque nuestra cultura sea más de arroz y frijoles”, señala.

Esa última frase reconforta a las mujeres de La Labor, que por ahora dejan ver en sus rostros que están más por usarlas como generadoras de abono.

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