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Día de los Difuntos | Las víctimas de la pandemia que nunca olvidaremos

Este Día de los Muertos publicamos este memorial de hombres y mujeres que perdieron la vida este año, a raíz de la pandemia, entregándose a su profesión desde la primera línea de batalla. 

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Día de los Difuntos | Las víctimas de la pandemia que nunca olvidaremos

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Este 2 de noviembre, Día de los Difuntos, cobra una especial relevancia en medio de la pandemia, que durante ocho meses ha desolado cientos de hogares en los que alguien ha fallecido a causa del covid-19. 

Este es un sentido homenaje a algunas de las tantas víctimas de la pandemia, quienes ofrendaron su vida honrando un compromiso desde su profesión, desde la primera línea de batalla. Son miembros del personal de salud, pero también hijos e hijas, padres y madres, esposas, tíos, hermanos, amigos que permanecerán en los recuerdos y corazones de sus seres amados.  

Un médico con una gran vocación

“Él siempre fue un gran ser humano. Amaba  a su profesión y a sus pacientes”.
Flor Álvarez, Paciente

El doctor Miguel Ángel Quinteros Chilín, de 52 años,  siempre será  recordado como un excelente médico entre la comunidad santaneca, principalmente por quienes fueron sus pacientes o lo conocieron de cerca. 
Tenía su consultorio privado en las proximidades del hospital nacional San Juan de Dios, de la ciudad de Santa Ana. Las personas a las que atendió afirman que era  un profesional de la medicina que siempre les brindó una mano amiga no solo para sus males físicos, sino también como amigo.

Su familia recordó que Chilín comenzó a ejercer la medicina días después de que se graduara de una universidad privada de la ciudad de Santa Ana, hace más de 27 años. 

“Él siempre fue un gran ser humano, como muy pocos doctores que aman su profesión al igual que a sus pacientes” comentó Flor Álvarez, una de sus pacientes.  Su deceso fue muy comentado a través de redes sociales, donde amigos y conocidos expresaron su pesar por la partida anticipada del galeno.

Ana María Chilín de Hernández, tía del médico, lo recuerda como una persona a la que le gustaba investigar, dedicada a su profesión y a su familia. “A él siempre lo veíamos estudiando a pesar que ya era un profesional, le gustaba actualizarse, le gustaba atender a sus pacientes de la mejor manera, darles atención y escucharlos y sobre todo buscar las mejores alternativas para sus dolencias”, recordó Chilín de Hernández. 

Afirmó que el médico  nunca quiso trabajar en los hospitales públicos del país porque consideraba que a los pacientes  no se les ofrece el trato adecuado. “Prefirió no trabajar en el Seguro Social o en algún  hospital nacional porque decía que algunos doctores solo llegan a sacar a los pacientes, que no los escuchaban, que  no les daban un buen trato y les recetaban sin conocimiento de la causa verdadera de los males”, manifestó la familiar. 

A pesar de la pandemia, el doctor Chilín nunca dejó de atender a sus pacientes y se contagió de covid-19.  Falleció en julio pasado en la sala de máxima emergencia del hospital San Juan de Dios de Santa Ana, esperando recibir tratamiento contra el  virus. 

Le sobreviven su esposa y su hija de nueve años.

Una enfermera muy querida por toda la gente

 “Ella no  tenía horarios, siempre que alguien la necesitaba acudía sin dudarlo.”
Gabriel Ramos, viudo

María Teresa Padilla  de Ramos  fue una reconocida enfermera del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) de San Miguel, que perdió la vida a causa del COVID-19, el pasado 29 de agosto luego de permanecer ingresada alrededor de dos semanas en ese mismo centro médico.

Entre lágrimas, su esposo Gabriel Ramos narró el recuerdo que le quedó de su amada esposa, con quien compartió 31 años de matrimonio y de quien asegura era una persona entregada a su trabajo, el cual realizaba con gran amor y vocación.

“Ella no tenía horarios, siempre que alguien la necesitaba acudía”,  manifestó Ramos  quien comentó que su esposa era muy entregada a Dios y siempre oraba por sus pacientes.

Afirmó que María Teresa era el pilar de su vida  desde que se conocieron, debido a la personalidad que ella tenía.   “Yo estaba completo a su lado”, manifestó Ramos.  

Unas semanas antes que su esposa falleciera le invadió una preocupación  debido al incremento de  casos de la enfermedad.  Expresó que a pesar de los cuidados que la enfermera tenía, su hijo mayor, ella  y él fueron  diagnosticados con el virus, pero en  el caso de ellos, el virus no los atacó con tanta gravedad, contrario a  lo que pasó con su esposa, quien fue ingresada en el ISSS. 

“Ella desde el 14 de agosto se despidió de nosotros, quedó ingresada y ya no la volvimos a ver con vida”, comentó  Ramos. 

Su hija, Gabriela Ramos, expresó que madre siempre fue una mujer muy querida en cada lugar que ella visitaba, que incluso le decía  que no se fuera a poner celosa si algún día escuchaba que le decían “mamá”, pues gracias al cariño que la enfermera se había ganado,  conocidos y pacientes  la llamaban de tal modo.

Durante la pandemia, Gabriela vio a su madre llorar muchas noches en un sofá de su casa, pues muchos de sus compañeros de trabajo estaban  muriendo. “Yo siempre le pedía a Dios para que a mi mamá no le diera esa enfermedad, pero al final Dios decidió y se la llevó”, comentó.

Mientras que su hijo Carlos aseguró recordar a su madre como una mujer de carácter fuerte pero a la vez dulce,  que siempre estuvo con ellos a pesar del apostolado hospitalario.

Hombre al servicio de Dios y la iglesia

“Fue un hombre con muchos privilegios, le gustaba levantar iglesias.”
Rosa Maribel de Quijano, viuda

Israel de Jesús Quijano Moz consagró 32 años al servicio del ministerio de Dios. Fue pastor, evangelista, misionero y miembro del Cuerpo Ejecutivo de la Misión Siervo de Dios de la iglesia Príncipe de Paz, donde  desempeñó el cargo de tercer vocal administrativo, asesor de misiones de la zona de Ahuachapán y de la zona costera.

El pastor falleció el 8 de agosto por covid-19 en el hospital El Salvador, en San Salvador,  dejando un gran vacío entre la comunidad de la iglesia que dirigía. 

Su familia compartió que Quijano comenzó a servir a Dios desde la edad de 15 años. De sus 32 años como pastor, 14 los dedicó a servir en la iglesia y a su comunidad de la ciudad de Apaneca, donde era muy apreciado por su trabajo pastoral.
“Fue un hombre con muchos privilegios, le gustaba levantar iglesias, comenzar de cero, a él le gustaban las misiones”,  recordó su esposa Rosa Maribel Mazariego de Quijano, con quien estuvo casado durante  29 años, y procreó a tres hijos.
Al pastor también le sobreviven tres nietos, todos dedicados al servicio de Dios en la misma iglesia.  

“Mi papá seguía los pasos de Jesús y siempre decía que un misionero come lo que sea y duerme donde sea, no andaba buscando lujos ni comodidades, era muy dadivoso, ayudaba al prójimo y no le decía a nadie lo que hacía. En  él aplicaba el dicho que dice que lo que hace tu mano izquierda, que no lo sepa la derecha. En la pandemia salía a orar por bastante gente enferma, muchos de ellos de covid-19”, expresó su hija Paola Quijano.
 El padre del pastor  murió un mes antes, también por covid-19.

“Con lágrimas en los ojos, a familia, iglesia local, pastores y amigos que tuvimos el placer de conocerle no nos queda más que aprender de  las enseñanzas de la palabra con las cuales nos instruyó y le decimos no adiós, sino un hasta pronto”, expresó el congregante Jeison Balmore Siciliano Escobar.

“Siempre lo vi como un maestro lleno de autoridad del Espíritu Santo y gran ejemplo magisterial. No dudo que ha recibido su galardón de parte de nuestro Señor Jesús” expresó por su parte  Adonay Guzmán, otro miembro de la iglesia.

El agrónomo que ayudó a su Zacate

Jaime Pacheco Hernández era un exitoso agrónomo de  47 años; falleció a causa  del COVID-19, en julio pasado.  Su familia es muy conocida en la ciudad de Zacatecoluca, así como lo era él por su destacada labor en el sector agrícola del país. 

Durante muchos años  impartió consultorías a productores en el  Centro de Tecnología Agropecuaria y Forestal (CENTA). Jaime recibió muchos reconocimientos a lo largo de su vida, y sus compañeros lo recuerdan como un profesional  “arrecho”.

“El sector agrícola y los viroleños extrañamos  esa vocación que Jaime tenía hacia los productores. Ayudaba a sacar buenas cosechas con nuevas tecnologías”, expresó un colega del agrónomo.  

Pacheco, que hablaba tres idiomas y era un trabajador de largo aliento,   estuvo casado durante 22 años con Rosa Elvira Gálvez de Pacheco; sus cuatro hijos eran su orgullo.

Una vida dedicada a la medicina

Como una persona humilde y proactiva  recuerdan familiares, colegas y pacientes  a la doctora Zonia Estey Membreño, quien falleció el pasado 30 de agosto a causa de la covid-19. profesional con una trayectoria de 40 años, Zonia era muy reconocida en el departamento de Morazán, especialmente en el municipio de San Francisco Gotera, adonde trabajó gran parte de su vida.

La doctora Membreño era especialista en ginecología y obstetricia. Llegó como estudiante en 1979 al Hospital Nacional Dr. Héctor Antonio Hernández Flores, de Gotera, adonde trabajó hasta el  año  de su deceso.

“Ella siempre decía que había que tratar a las personas con simpatía y calidez sin importar si no tenían para pagar”, manifestó Carlos Monjaras, su sobrino. Agregó que a pesar de la pandemia,  nunca dejó de trabajar. “Ella siempre decía, un médico no es médico si se esconde de su deber”, compartió.

Farmacéutica y madre de familia

La empleada del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) de Sonsonate, Ana Margarita Martínez de Rodríguez, murió el 22 de julio a consecuencia del COVID-19. 

Su hijo mayor Jonathan Rodríguez, de 26 años, la recuerda como la madre amorosa que les inculcó valores a él y a su hermano.  

Margarita trabajó durante  20 años en el área de farmacia del ISSS. Era muy reconocida por su buen trato a los pacientes. 
Martínez padecía de diabetes, hipertensión y era asmática. Su familia cree que posiblemente se contagió del virus en su trabajo. Comenzó a tener problemas de tos seca y fiebre desde el 10 de julio, pero a partir del  21 de julio se complicó más de salud y tuvo que ser ingresada de emergencia al ISSS por  problemas respiratorios.  

Su muerte fue muy lamentada por sus compañeros de trabajo, quienes la despidieron  recordando su espíritu de servicio.

Comerciante y un altruista solidario

 Pío Asunción Vásquez Vásquez, de 56 años, residente en el caserío El Calvario, del cantón San Antonio, en  El Carmen, Cuscatlán, fue la primera persona que falleció de covid-19 en este departamento. Murió el 30 de abril.
Vásquez era un  reconocido comerciante de verduras del cantón. 

“Mi papá era alguien muy conocido y querido en el cantón, ya que cuando él podía siempre ayudaba a la gente”, manifestó una de sus hijas.

Los vecinos y autoridades de la alcaldía de El Carmen también recordaron a  Vásquez como alguien muy participativo, altruista y un fiel  católico. Afirmaron que siempre estaba contento y que contagiaba con su alegría. 

“Siempre buscaba el bien común para los habitantes del cantón. Era una persona muy querida en la comunidad,  bueno creo que en todo el municipio él era bien conocido”,  relato un habitante del cantón San Antonio.

Empresario y hombre de familia

“Marlon era de esas personas carismáticas, un buen hijo, un buen esposo, un padre amoroso y un vecino muy respetuoso.” Así recuerdan los vecinos de la residencial Cristóbal Colón a Marlon González, un santaneco de 35 años, que murió en julio a causa de COVID-19. 

Marlon era propietario de una farmacia, la cual logró abrir con mucho esfuerzo. 

Su hermano, Rudy González, compartió que por algunos años Marlon fue estudiante de Ciencias Jurídicas en una universidad privada de Santa Ana, sin embargo decidió apoyar a sus padres con la venta de medicamentos hasta que llegó a cumplir con uno de sus objetivos, que fue tener su propia farmacia. 

“Marlon siempre fue un muchacho humilde, sencillo, de buen corazón,  y le gustaba ayudar al prójimo. Él veía la necesidad de la gente y cuando no podía pagar por las medicinas, él les ayudaba. Era un buen ciudadano”,  lo homenajeó su hermano.

Médico con un gran corazón

“Le decíamos que ya no fuera a trabajar al hospital por su edad, pero nunca quiso dejar de ir, y decía que este era el último año que lo hacía y después se dedicaría solo a su clínica”, cuenta la familia del doctor José Aristides Ramos Vega. El médico internista falleció el 26 de junio pasado en el Hospital Nacional Francisco Menéndez, de Ahuachapán, en donde trabajó hasta que se enfermó de COVID-19. También atendía su clínica privada en Ahuachapán.

Ana Mirna Monroy, supervisora de enfermería del hospital, afirmó que cuando recibieron la noticia del deceso del médico, todo el  personal se puso muy triste. “Solo Dios podía fortalecernos y consolarnos”, comentó. 

Expresó que el doctor Ramos fue un ejemplo de humildad, carisma, trato cálido y humano hacia los pacientes. “Era muy respetuoso con sus pacientes, siempre tenía una respuesta, una solución al problema de cada uno, nunca se lucró de la gente.” 

Excelente empleado y deportista

El viroleño José Daniel Ramírez López falleció a los 64 años a causa de COVID-19. Era tipógrafo de profesión, pero nunca ejerció  ya que desde muy joven comenzó a trabajar en un banco de la ciudad de Zacatecoluca hasta el día de su jubilación.

Era muy conocido en la ciudad por su trabajo en la institución bancaria y por su  participación en los populosos torneos de papi fútbol de la localidad. 

Según comentan sus familiares, Daniel estudió contaduría y luego administración de empresas en el Instituto Tecnológico de Zacatecoluca, lo que valió para ocupar diferentes puestos en el banco donde laboró.

Sus compañeros del papi fútbol lo recuerdan como un gran amigo, entregado al deporte y a su familia. 

Le sobreviven  su esposa Blanca Estela Flores, con quien  estuvo  casado durante 39 años, sus dos hijos y una nieta. 

Apreciada catedrática y filántropa

Ana Marta Concepción Moreno de Araujo, de 56 años, era una destacada ciudadana de Cojutepeque. Desde  marzo de 2016 hasta su deceso, en julio pasado, se desempeñó como rectora y docente de la Universidad Andrés Bello  de San Salvador. 

Sus hijos, René y Ana Araujo, afirman  que la lic. Cony, como era conocida, siempre se caracterizó  por su vocación de enseñar y  servir a los demás, anteponiendo muchas veces los problemas de los otros ante los suyos.

Los hermanos Araujo aseguran que, si bien su mamá era originaria de San Salvador, el corazón lo tenía entregado completamente al municipio de Cojutepeque, donde apoyaba la  guardería “Santa Teresita”, que se  dedica al cuido de niños de madres solteras, en su mayoría dedicadas al cormercio informal. 

“Es un legado grande el que mi mamá nos deja. Fue una mujer bien entregada al servicio de los demás”, manifestaron sus hijos. 

Amable y querida enfermera

La muerte de la enfermera Sandra Beatriz Ascencio Zarco, de 35 años, dejó un vacío entre su familia, los grupos de la iglesia católica a la que asistía y entre el personal  del hospital Jorge Mazzini Villacorta, de Sonsonate. 
La profesional de la salud murió el 7 de julio del 2020 por  COVID-19. 

Las personas que la conocieron y que compartieron con ella  la describen  como una profesional  muy carismática y servicial con todos los pacientes.

La enfermera formaba parte de la pastoral familiar de la iglesia San Juan Bautista de Nahuizalco.  También era parte del grupo de Encuentros Conyugales.  

El día que murió, sus compañeros del hospital Mazzini le hicieron una valla cuando el carro fúnebre pasó por la entrada norte del centro médico, en su ruta hacia el  cementerio de Nahuizalco, donde fue sepultada. A la enfermera le sobreviven su esposo y dos hijos. 

Destacado y recordado pediatra

El doctor Gerardo Rafael Huezo Sosa, de 50 años,  fue un destacado pediatra viroleño a quien  la pandemia del COVID-19 le arrebató la vida el pasado 14 de agosto. 

El médico era muy apreciado en  Zacatecoluca, La Paz, donde atendió en su clínica pediátrica  a muchas generaciones de viroleños que hoy lo recuerdan con especial afecto.  “Era un excelente profesional, muy destacado en el ámbito de la pediatría. Su deceso fue muy lamentado por quienes lo conocimos”, expresó uno de sus  pacientes.

Por su capacidad y dedicación se desempeñó como jefe de  pediatría del hospital nacional  Saldaña y también trabajaba en el Hospital Nacional de Zacamil, en San Salvador. Laboró en el Seguro Social de Santa Tecla, y era catedrático de la Universidad Alberto Masferrer. Hasta antes de  su deceso atendió su  clínica en los Planes de Renderos. Le sobreviven su madre,  su esposa y tres hijos.

Siempre dispuesto a ayudar

José Osmin Álvarez dejó un gran legado en el departamento de La Unión. Su  profesión era técnico dental, misma que ejerció por 40 años. Fue un profesional altruista y lleno de gran amor hacia sus semejantes. Falleció el pasado 4 de agosto a causa del COVID-19 

A lo largo de su vida estuvo inmerso en diferentes proyectos que contribuyeron a mejorar la vida de la comunidad. Fue miembro de asociaciones comunales, de Encuentros Conyugales, del Club de Leones, y fungió como concejal de La Unión del 2003 al 2006.

Su esposa Nidia Cruz  relata que don Osmín era una persona bastante activa. Afirma  que  había dejado su profesión a un lado y se había dedicado a atender un emprendimiento que iniciaron juntos, un restaurante llamado La Posada de Osmín.
Durante la pandemia, don Osmín cocinaba entre 300 y 600 platos para repartir entre personas de escasos recursos. 

Apasionado de los vehículos

Óscar Humberto Quintanilla Turcios, de 65 años, originario de Santa María, Usulután,  fue un hombre muy conocido en dicha localidad por ser emprendedor, buen ciudadano y participar en exhibiciones de vehículos.

Desde hace 22 años, junto a su hijo, abrió un taller de enderezado y pintura de vehículos que luego fue siendo complementado con otros servicios como lavado de carros,  polarizados y venta de accesorios. “Íbamos hasta Guatemala y Honduras y gran parte del país en las exhibiciones, siempre apoyándome”, expresó Juan Carlos Quintanilla. 

Don Óscar acostumbraba a sentarse todas las tardes afuera de su vivienda,  ubicada en la 1º avenida sur de la ciudad de Santa María, desde donde saludaba a sus conocidos con su peculiar gesto de levantar la mano extendida.  Se enfermó la tercera semana de julio, y tras permanecer ingresado en distintos centros hospitalarios, falleció el 3 de agosto. 

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