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Leonista de corazón que descubrió el “verdadero servicio humanitario”

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Humanitario. Con toda seguridad, Sánchez señala que en su vida podría arrepentirse de muchas cosas, pero nunca de haber ingresado al Club de Leones. Actualmente es el vicegobernador de la Asociación Salvadoreña de Clubes de Leones.

Humanitario. Con toda seguridad, Sánchez señala que en su vida podría arrepentirse de muchas cosas, pero nunca de haber ingresado al Club de Leones. Actualmente es el vicegobernador de la Asociación Salvadoreña de Clubes de Leones.

Leonista de corazón que descubrió el “verdadero servicio humanitario”

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Demar Sánchez es un santaneco, de profesión abogado y notario, que desde hace 16 años se involucró, por invitación de otro colega abogado, en el Club de Leones Santa Ana, donde ha pasado por varios cargos hasta convertirse en el primer vicegobernador de la Asociación Salvadoreña de Clubes de Leones, a un paso de ser el gobernador nacional de la institución.

Desde su paso por el movimiento scout, la espina del servicio comunitario quedó en su persona, la cual despertó y se fortaleció cuando ingresó al club. “Tengo 16 años de pertenecer al Club de Leones Santa Ana Decano, donde inició mi carrera como león, donde se despertó en mí el compromiso por servir a las comunidades santanecas. Me gustó tanto el movimiento que me quedé”, cuenta.

Señala que una de las cosas que más le gustó al ingresar al club fue precisamente el servicio comunitario que se puede brindar a través de la asociación, con la cual se puede ayudar a las personas más necesitadas.

“Se puede convertir en una forma de vida; lo que más te mueve, lo que más te llama, es el acercamiento con las personas. Descubrí en mi primer año de leonismo el verdadero servicio comunitario”, afirma.

Una de sus primeras actividades como miembro del club fue una mega jornada de salud visual, realizada en la Segunda Brigada de Infantería de Santa Ana, que benefició a unas 6,000 personas.

Sánchez asegura que no hay mejor satisfacción que observar los rostros de ancianos y niños que luego de recibir unos lentes o tratamiento visual ya pueden ver mejor, asegurando que es la mejor remuneración del trabajo voluntario que se hace como leonista.

“Ver a esas personas, llevarlas a hacerse el examen, encaminarlas, acompañarlas y después tener el placer de colocarles los lentes, verles la sonrisa cuando te dicen ‘ya puedo ver bien’, te marca increíblemente”, sostiene el voluntario.

Lógicamente, dice, no todo ha sido color de rosa durante su caminar dentro del club, donde también ha tenido malos momentos y ha tenido que conllevar el trabajo voluntario que requiere su cargo con otras actividades de su vida personal y laboral.

“Ser león no es para cualquiera, cuesta mucho comprometerte de verdad con ello, si bien es cierto es un voluntariado, pero quedarte y ser un verdadero león es una absorción de tiempo. Inviertes tu tiempo, tus capacidades, se sacrifican a veces muchas cosas, llevar tu trabajo, tus cosas familiares, el cúmulo de problemas que como seres humanos tenemos y todavía tener tiempo y disposición; y sobre todo la buena voluntad de llegar contento para ir a servir, es bastante difícil”, explica el santaneco.

Sin embargo, aclara que todas esas vicisitudes que ha vivido en el club se olvidan rápidamente con cada sonrisa, con cada agradecimiento de las personas que son beneficiadas con las obras que realizan.

“Vale la pena todo, el esfuerzo, el trabajo, las decepciones, el cansancio, las críticas; es gratificante llevarle un plato de comida, un par de zapatos o un juguete a un niño cuya vida es desesperanza, y de repente les llevas una tarde en la que ellos se divierten y son unos verdaderos niños y se les olvida el mundo al que ellos pertenecen. Esa sola sonrisa, con solo eso, hace que todo valga la pena, es lindísimo”, indicó.

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  • Santaneco de bien
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