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¡Libros para todos! Una librera en la vía pública en San Miguel, para quien quiera leer (+FOTOS)

El proyecto del librero público surgió cuando su creadora pensó “¿cómo contribuyo yo, para que San Miguel pueda ir caminando hacia algo mejor?”.

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Irma Yolanda Pérez, una migueleña de 36 años de edad, un día tomó la decisión de crear una librera pública, para que todo aquel que tenga interés en la lectura pueda llenarse de conocimiento, sabiduría y así poder llevar su imaginación a otro nivel.

Ella asegura que se trata de un pequeño sueño que pudo hacer realidad y que beneficia a muchas personas. Su motivación para este proyecto fue, simplemente, promover la lectura; ya que, a su juicio, en San Miguel se lee muy poco.

Su librero público es sencillo con un gran sueño. Es, por ahora, solo cajón de madera, decorado sencillamente con barniz para cuidarlo del polvo y el sol. Al frente se cierra con una pequeña puerta de vidrio, para que todos puedan ver en su interior. El modelo lo tomó de la fotografía de un librero de las calles de Estados Unidos que le envió un amigo.

Quien transite por al costado izquierdo de la entrada principal de la colonia Satélite de Oriente, en San Miguel, se topará con el librero de Irma.  Ella lo donó y, para donarlo hizo antes una campaña de recolección de libros.

El proyecto contó con importante apoyo como el de la Academia Europea, que hizo una importante donación de libros.

“Si no confiamos en las personas de nuestra comunidad, nunca vamos a llegar a construir algo bueno”, explicó Irma, al recordar que algunas personas no estaban de acuerdo que el librero estuviera en la vía pública y le advertían que lo podían robar.

Irma comprende que lastimosamente la lectura es muy costosa; lo expresa con ironía comparando que es más barato ir y tomarse una cerveza con amigos, que comprar un libro e incluso es más fácil tener acceso a sustancias prohibidas.

Le emociona cuando escucha a los jóvenes de los institutos cercanos a la librera pública decir: “Esta obra ya la terminamos de leer, vamos a buscar otra”. La dejan y se llevan la siguiente, asegura. “En lo personal significa mucho para mí”, dijo. 

“Antes sentía temor de que quizá no devolvieran los libros, pero también me decía a mí misma: en todo caso, si se quedan con un libro es algo que a la larga va a generar un cambio de pensamiento en ellos mismo y eso me reconforta”, explicó.

Asegura que su idea ha llamado la atención a otras personas que quieren replicarla, y la han contactado para preguntarle si pueden hacerlo. ¡Claro que si!, responde ella. “Las ideas son para todos y, al final, contribuir en este espacio de aprendizaje”, dijo.

“El que lee vive más vidas, la de uno mismo y la del libro, porque la lectura despierta todos los sentidos; además, generamos más a nuestra comunidad y es como una cadena. Nosotros damos poquito, lo único que debemos hacer es desprendernos de un libro, ya que comúnmente los tenemos pasando años y no se usan. Podemos donarlos a otras personas para que, así como tú, ellos creen historias, llenas de euforia, tardes muy amenas y así estamos colaborando con algo muy bueno”, reflexionó.

 

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