“Lo dijo una mujer de ciencia”

La doctora que tomó el caso de Kathy Castro tenía dos estampas en su consultorio: una de Jesús de la Misericordia y otra de Óscar Romero, el beato salvadoreño. El día que conocieron a esta profesional de la medicina, la familia de Kathy apenas digería uno de los anuncios más amargos: cáncer.
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El 12 de diciembre, las pruebas médicas mostraron que un quiste en el cuerpo de Kathy era grande y tenía todas las características de un tumor maligno. Debido al tamaño del quiste, la operación era urgente. Fue así que la remitieron a una oncóloga, es decir, a una doctora especializada en este tipo de padecimiento.Fue en el consultorio de la oncóloga que vieron las dos estampitas. El panorama era de mucho riesgo para la joven madre, con hijos de dos y seis años.

“No los quiero ver llorando. Los quiero ver orando”, les advirtió la doctora oncóloga.

Desde el momento que recibieron los exámenes de sangre, la pareja no dejó de orar. Fueron a La Divina Providencia y también hicieron un peregrinaje de cuatro horas en la basílica de la Virgen de Guadalupe.

“El domingo 13 nos vinimos temprano para la cripta con mis hijos. De rodillas, los cuatro le pedimos a Monseñor Romero que intercediera por mi salud. También lo escribimos en el libro”, comentó Kathy.

La operación quedó programada para el 15 de diciembre a las 3 de la tarde, Durante la intervención, la oncóloga logró extraer el quiste y revisó que no hubiera crecido hacia otros órganos.

Cuando terminó la intervención quirúrgica, la doctora se dirigió a los esposos: todo había salido bien. De hecho, al extraerlo se dieron cuenta que el quiste era más bien un tumor benigno, o no invasivo. “Primer milagro. Bendito sea Dios”, expresó Kathy con alegría.

Después de la operación vinieron más pruebas de laboratorio y, en efecto, era un tumor benigno lo que esa oncóloga extrajo. Esa segunda prueba dio resultados por completo diferentes a los del 12 de diciembre, que revelaban un cáncer. “Nos dijo que diéramos gracias, porque es un milagro... Lo dijo una doctora, una mujer de ciencia. Que ella lo diga es porque realmente es un milagro de Dios con la intercesión de Monseñor Romero”, subrayó Kathy. Con su familia decidieron reunir toda la documentación para enviarla al Arzobispado de San Salvador, donde hay una oficina dedicada al proceso de canonización del beato Romero.

El caso de Kathy está entre los tres que mandó la Iglesia católica salvadoreña hasta El Vaticano, en noviembre de 2015, para dar fuerza al proceso de la canonización del beato Romero. Canonización es confirmar y hacer pública la santidad de una persona. En el Vaticano está la oficina principal de trabajo del papa Francisco y todo su equipo.

Según José Luis Escobar, arzobispo de San Salvador, el proceso es lento. “El Vaticano no actúa bajo presión, ni deprisa. Tenemos que ser muy pacientes”, dijo Escobar.

Los tres casos que han llegado desde El Salvador pasarán por análisis técnicos, científicos y también a la luz de la fe (teológicos). Si se comprueba uno de ellos como milagro, el beato Romero está en la recta final para ser declarado santo. Escobar pidió a la población más oraciones por el proceso y agregó que si alguien quiere constatar un milagro de Óscar Romero, puede ir al arzobispado para recibir orientación.


Esperanza.  Kathy y su esposo quieren dar testimonio de su caso.

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