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“Lo más importante es aferrarse a la vida”

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Marcela de Corado,  35 años

Todo empezó hace ocho años. Un matrimonio joven y el anhelo de cumplir  sueños era el matiz que se reflejaba en la vida de Marcela Mejía de Corado. “Tenía cuatro años de casada y estaba preparándome para realizar una maestría en la UCA”, comentó. Marcela, de 35 años, es licenciada en Comunicaciones y actualmente tiene 11 años de matrimonio.  “Cuando fui aceptada en la maestría, decidí realizarme algunos chequeos, pues ya me había encontrado una pelotita”, narraba mientras una mística sonrisa llena de melancolía se dibujaba en su rostro, que aún permanece joven e intacto.
 “Recuerdo que me hicieron una ultrasonografía de seno y ahí sugirieron realizar una biopsia”, cuenta. Su médico de cabecera le explicó que la biopsia sería como una pequeña cirugía ambulatoria y que al cabo de 15 días se conocerían los resultados. “Mientras me hacía la biopsia, el médico me mostró un poco de lo extraído. Él solo me dijo: ‘Al parecer, todo está sano, pero hay que esperar el resultado’”. La espera no fue larga, al poco tiempo la joven conoció que en su pecho derecho estaba localizado el cáncer.
 “Mi esposo y yo estábamos juntos en ese momento y no lo podíamos creer. En octubre de 2007 murió una prima hermana de él, de quien éramos muy cercanos, a causa de cáncer de colon, y en febrero de 2008 me dieron la noticia a mí”.
Marcela contempla la historia como si hubiese sido ayer, los recuerdos y los detalles están intactos. Esa mañana solo pensó en cómo decírselo a sus padres. “Llamamos a nuestros mejores amigos y hablamos de cómo decirlo. Mi esposo y mi amiga estaban desmoronados. Fueron demasiados sentimientos ese día”, dice.
El cáncer de mama en mujeres más jóvenes tiende a ser más agresivo y más difícil de tratar. “En el momento que te diagnostican cáncer, a uno no le dicen qué tan avanzado está. Solo dicen cáncer y muchos piensan en muerte. Sin embargo, mis padres tuvieron una reacción muy ecuánime y tranquila. Una reacción de apoyo”, comentó Marcela.
Con un aliento de esperanza, De Corado contó cómo en una oportunidad una persona dentro del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) le comentó a su padre sobre un oncólogo muy reconocido: el doctor Sergio Osegueda. Él les dio una cita en su casa. “Nunca se me va a olvidar que cuando íbamos entrando a su casa, estaba una imagen de la Virgen de Guadalupe. En ese momento supe que estaba en el lugar correcto”, dijo.
El cáncer de Marcela resultó ser de carácter hormonal y los especialistas optaron por quitar la glándula mamaria por completo. “En ese momento uno quiere deshacerse del cáncer y yo le decía al doctor ‘quítemelo, haga lo que tenga que hacer’. Además, realizaron la reconstrucción de la mama.  Sin embargo, estaba por iniciar otra etapa: la quimioterapia. Empecé a perder el cabello, la piel es diferente y uno tiende a subir un poco de peso”, menciona.
Marcela no contuvo el llanto y expresó con conmoción la importancia del apoyo de su esposo. “El hecho de que él haya estado conmigo en momentos tan difíciles, cuando uno se siente menos, y tener esa protección no tiene comparación”, comentó mientras su voz, algo rota, intentaba calmarse. Marcela de Corado venció al cáncer hace ocho años. En la actualidad asiste a sus controles cada seis meses.

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