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Entrevista | Birgit Gerstenberg, Coordinadora residente de ONU en El Salvador: "Lo más peligroso para un país es el desgaste de sus instituciones"

Birgit Gerstenberg afirma que desde la ONU han visto con preocupación el enfrentamiento entre poderes del Estado. Aunque reconoce que las instituciones siguen funcionando,  aboga por un mayor diálogo.

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Birgit Gerstenberg, Coordinadora residente de ONU en El Salvador

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La Organización de las Naciones Unidas conmemoró el pasado 24 de octubre sus 75 años de existencia, 70 de los cuales ha tenido presencia en El Salvador. La coordinadora residente de la ONU en el país, Birgit Gerstenberg, habló con LA PRENSA GRÁFICA sobre el trabajo que realizan localmente y de cómo la pandemia obligó a hacer ajustes al mismo en función de adaptarse a las necesidades de la emergencia. Gerstenberg habló también sobre el constante conflicto entre los órganos de gobierno y expresó la preocupación del organismo en temas como el respeto a la institucionalidad y la separación de poderes en el país.

¿Qué impacto tuvo la pandemia en el trabajo que hacen en el país?

Tuvimos que cerrar las oficinas, pero eso no ha parado el trabajo. Naciones Unidas, en conjunto con el Equipo Humanitario de País, que también está conformado por cooperación internacional y ONG internacionales, hemos entregado servicios humanitarios en alimentación y paquetes higiénicos por el valor de $11 millones. Por la pandemia hemos desviado 25 % más o menos de nuestro presupuesto a temas relacionados. Es decir, hemos dedicado unos $52 millones que se desviaron de nuestro presupuesto a temas de la pandemia. Hemos logrado $3 millones del Fondo Común de Respuesta a Emergencias (CERF) para trabajar los efectos inmediatos de las tormentas (Amanda y Cristóbal) en la agricultura. En el fondo contra la covid-19 hemos recibido $1 millón para poder reaccionar a las necesidades de la población. Todo esto terminará de implementarse hasta el 31 de diciembre más o menos.

Otro fenómeno que marcó este año fueron las tormentas Amanda y Cristóbal. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) calculaba que unas 336,300 personas padecían inseguridad alimentaria a causa de dichas tormentas. ¿Cómo enfocaron el trabajo en esa área?

A principios del año, antes de la epidemia, hicimos un análisis donde identificábamos en qué lugares y quiénes eran las personas vulnerables en términos de inseguridad alimentaria. Y el PMA trabaja con organizaciones locales y también a través de una especie de tarjetas de débito. Han entregado ese tipo de tarjetas porque con ellas se ha dado a la población la posibilidad de comprar, ir al súper mercado y otras necesidades básicas. Eso se le ha dado a un gran número de personas.

¿Cómo orientarán el trabajo sobre seguridad alimentaria en esta nueva realidad?

El tema es básicamente reconstruir de una manera más sostenible todo el sector de la agricultura y la estructura de la provisión de alimentos para las personas que lo necesitan. Como hay una gran parte de la población que ya antes de la pandemia sufría inseguridad alimentaria, eso hay que reducirlo y hacer accesible los ingredientes necesarios de alimentación a la población. Ese es un trabajo en parte humanitario, en parte de desarrollo. Quisiéramos alejarnos de las partes humanitarias para llegar más al tema de desarrollo. Por eso hemos empezado programas en la agricultura con sectores vulnerables.

Otro tema importante en el país es el de los desplazamientos internos. ¿Cómo ha evolucionado esta problemática con respecto a años anteriores?

El desplazamiento durante la pandemia no terminó. Siguió y ha tenido números importantes porque la inseguridad no dejó de ser una problemática. Quizás no fue tan visible, pero ACNUR (Agencia de la ONU para los refugiados) siguió registrando desplazamientos a causa de la inseguridad, por amenazas, por causas económicas también (...) No tengo ahora las cifras; algunas no las tendremos antes del principio del próximo año para poder ver tendencias. Quizás por la falta de movilidad se podrá haber reducido el problema. Eso no quiere decir que las razones para desplazarse no estén presentes.

¿Qué grado de avance hay en la incorporación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en las políticas públicas del país?

Cuando tuvimos el cambio de gobierno estábamos justo en el medio de un informe voluntario a los órganos de Naciones Unidas sobre ese avance. Era el segundo informe. Ese informe no fue entregado. Y en este momento los planes de gobierno que están elaborándose y aprobándose, que son sobre desarrollo social y desarrollo económico están todos vinculados a los ODS, pero no hay una medición porque a partir del estudio que se inició bajo el gobierno anterior no hubo un estudio comprensivo después. Sin embargo, con el marco de cooperación que estamos preparando con el gobierno para el próximo año vamos a tener una plataforma informativa que se llamará UN Info donde se registrarán los indicadores de avance del país.

Los ODS tendrían que estar implementados en teoría en 2030.

Sí, obviamente a raíz de la pandemia tendremos con seguridad un retraso. Pero eso no quiere decir que los objetivos en sí no serían válidos. Lo que tenemos que mirar es con qué velocidad se pueden cumplir y qué se puede recuperar del tiempo perdido por la pandemia y los retrocesos que estamos notando en la pobreza, en hambre, en salud...

En breve
Birgit Gerstenberg Coordinadora residente de ONU en El Salvador.

Trayectoria:
Ha trabajado durante 25 años en la ONU, en misiones de paz y con ACNUDH, entre otros.

¿Esos retrocesos son a raíz de la pandemia?

Sí, no tienen que ver con políticas. Estamos casi seguros que los retrocesos que vamos a tener serán debido a la pandemia, al cierre de la economía.

En 2019, el presidente Bukele afirmó que el formato de la Asamblea General de la ONU era obsoleto. Este año, dijo que el debate en ese foro se había vuelto todavía más irrelevante. ¿Cómo ha sido la relación con un gobierno que tiene esa visión de la ONU?

Creemos que Naciones Unidas juega un gran papel, quizás no tan visible siempre, en muchas áreas. En todos los temas de paz y seguridad, es importante, es un foro donde se logra mucho detrás de puertas cerradas. No entiendo cómo se puede volver irrelevante la Asamblea General si es la asamblea de los países. Que las acciones no siempre tengan un formato que yo o usted desea, eso sí. Pero vivimos en la mayoría. Es decir, las decisiones de la Asamblea General se toman por todos los estados. Es un órgano que hay que fortalecer, buscar quizás mejores formas, pero se han tomado decisiones muy importantes a través de la Asamblea General, por ejemplo, la primera agenda global sobre desarrollo en concordancia con los 193 estados para mí es una prueba de eficacia.

¿Y cómo ha sido la relación con un gobierno que tiene esa visión de Naciones Unidas?

Muy bien. No ha disminuido la eficacia de trabajar con el gobierno. Nuestro punto de entrada es el Ministerio de Relaciones Exteriores, que realmente atiende cada necesidad de colaboración que tenemos. Y también hemos trabajado de forma excelente con los demás ministerios.

¿Cómo evalúan al gobierno en términos de respeto a la institucionalidad y separación de poderes?

Una pregunta difícil (ríe). Hubo eventos que todos conocemos en que nosotros nos preocupamos. Y eso fue expresado tanto por el Secretario General como por la Alta Comisionada de los Derechos Humanos. Y nuestra esperanza es que esta relación pueda mejorarse porque el país lo necesita. Lo más peligroso que un país puede sufrir es el desgaste de sus instituciones. Esas instituciones deben de poder trabajar de acuerdo con sus mandatos constitucionales. Si hay problemas, pues hay que trabajar transparentemente y en las formas prescritas por la ley. Es peligroso si se minan los fundamentos de la institucionalidad. Hay que hacer un poco de trabajo en eso. Especialmente de conversación, de diálogo que en mi opinión no están precisamente en redes sociales.

Ustedes tienen la esperanza que se dé ese respeto, pero el momento actual ¿cómo lo están viendo?

¿Qué le digo? Sí y no. Hay temas donde ese respeto se pierde y creo que eso no ayuda a nadie. A nosotros nos satisface mucho ver que las instituciones funcionan, pero no podemos negar que ha habido traspiés que no contribuyen a que el país esté mejor, especialmente en esta fase. En la emergencia la fortaleza de las instituciones es más importante que nunca.

El manejo de la pandemia también suscitó muchas críticas en lo concerniente al respeto de los derechos humanos. ¿Qué lectura hacen de ese trabajo?

La pandemia nos ha puesto a prueba sobre cuánto somos capaces de respetar derechos humanos en una circunstancia tan excepcional. Hubo declaraciones de la Alta Comisionada de los Derechos Humanos que llamaban al gobierno a respetar ciertos derechos y especialmente sobre la dureza de las medidas. Creo que hubo un interés especialmente de la canciller de entrar en diálogo con la Alta Comisionada. Incluso el gobierno expresó su interés en tener una oficina del Alto Comisionado acá para el apoyo de la implementación de las recomendaciones de los órganos internacionales. Es decir, sí hay un diálogo sobre derechos humanos y una apertura del gobierno para hablar.

¿Y qué le han expresado ellos?

Comprensión. Esfuerzo para ver los temas. Lo que desearíamos es que el procurador de Derechos Humanos tuviera más poder para hacer recomendaciones que vinculen al gobierno a cumplir. Creemos que el procurador ha hecho un gran trabajo.

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