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Los Salamanca, la familia que mantiene la tradición de cohetes de vara en Chilanga, Morazán

Durante más de 75 años, la familia Pérez Salamanca ha mantenido en su legado la fabricación de fuegos artificiales como cohetes de vara, morteros y toros fuegos, conocidos como los principales anfitriones en las fiestas salvadoreñas.

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Los fuegos o luces artificiales se han vuelto una tradición en El Salvador, con sus colores reflejados en el cielo, un fuerte ruido que destella el festejo y la alegría en la población.

Por generaciones, las fiestas se han hecho acompañar por esto que se considera un arte. Son múltiples las variaciones, juegos y técnicas con que cuenta el artesano pirotécnico, aunque son pocos los que se dedican a esto por el peligro que la pólvora representa.

En el municipio de Chilanga, ubicado en la zona norte de Morazán, se mantiene la fabricación de estos fuegos artificiales. La familia Pérez Salamanca tiene aproximadamente 75 años de elaborar este  producto y su taller en el barrio el Calvario se destaca como uno de los que tiene más años de experiencia en el departamento.

El “cohete de vara” es de fabricación artesanal. Está hecho a base de pólvora apelmazada, vara de castilla y mezcal humedecido con brea; no obstante, el producto ha variado un poco. Se trabajaba con caña brava, pero ahora se cambió por el tubo PVC, con lo cual el gasto de fabricación se redujo.

Para la preparación de la pirotecnia se trabaja con clorato de potasio, salitre, aluminio negro, carbón, azufre y carbonato de estroncio con el cual se obtiene el color verde;  comalaca, clorato de potasio para el color rojo, aluminio volador, clorato y comalaca para el color blanco.

Para preparar un cohete de vara primero se corta el tubo, el cual tiene una longitud original de 6 metros de largo. Con este se obtienen diez docenas de carrizo. Para el petardo se utiliza un sellador con cemento blanco de estuco, que sirve para cubrir un lado del caño o bambú. Luego, se hace un agujero, se coloca la pólvora y se le pega fuerte con una almágana (un pesado martillo de hierro).

Además, se pone a secar durante un período de dos a cuatro días y después de que está totalmente seco se prosigue a colocar la mecha para encender el cohete. Esta va forrada de papel de harina y se procura que el cohete no se encienda completo al instante.

Antes, para la elaboración de los morteros antes se utilizaba mezcal; ahora se usa cartón y lleva más pólvora, pero el precio siempre es el mismo. El procedimiento consiste en hacer un cuadro de pólvora, donde se coloca un “bichuelo” que transmite el fuego de afuera hacia adentro y se envuelve con cartoncillo el entorno hasta llegar al nivel del tubo. Luego se coloca papel de pan o harina. La mecha se elabora de cáñamo, se pone a secar y se corta a la medida.

El torito o toro fuego se elabora de madera y de cartón.  A los lados lleva colocadas con hilo  las luces y cohetes.

Por generaciones, la familia Salamanca ha mantenido el ferviente trabajo de elaborar paso a paso este producto. El primer cohetero fue el señor José Eduviges Salamanca, quien era conocido por los habitantes por “chepe”. Él tenía ubicado su taller en la entrada del municipio en un paso conocido como Araute.

Después que falleció, su hijo Ciro Pérez Salamanca continuó con el trabajo al cual le dedicó buena parte de su vida. Por su edad, Ciro ya se retiró de esta labor y es su hijo Neftalí Pérez Vásquez quien mantiene viva la tradición de su abuelo y de su padre.

Neftalí tiene 49 años de edad y desde joven se empezó a desempeñar en este trabajo junto a su papá. A las 5:00 de la mañana se despertaba para poder hilar lo cohetes y colocar el mezcal.

 “Desde pequeño he aprendido todo el proceso, desde que comienza hasta que se termina y es algo que se trabaja con mucha precaución”, mencionó Neftalí, quien tuvo que llevar sus estudios en conjunto con el trabajo en el taller.

“Me encanta hacer este trabajo, desde pequeño lo practico y deseo que continúe en mi familia, que mis hijos y sus hijos sigan manteniendo este patrimonio familiar”, comentó. Agregó que “aquí no hay lugar de equivocarse y si sucede es solo una vez” refiriéndose al riesgo de la manipulación de los materiales.

Chilanga, era un municipio de coheteros, pues anteriormente había seis talleres en diferentes partes de la zona; sin embargo, con el tiempo fueron desapareciendo y quedó solamente el taller de pirotecnia Salamanca.

Actualmente abastecen a 20 alcaldías en los departamentos de Morazán, San Miguel y La Unión.

Aseguran que la demanda ha bajado por los nuevos productos de pólvora china, que han llevado al mercado productos diferentes. Por esto, se sigue trabajando para mejorar el producto local, para poder ofrecer variedad, expresó Neftalí.

En la cohetería Salamanca se elaboran cohetes de vara, morteros, cohetes de dos bombas, cohetes de luz, torito de fuego y bombas de dos pulgadas y media. Anteriormente se elaboraban otras variedades como juego de caña, cordeles, platillos voladores y el castillo, aunque este último casi no es buscado por su alto precio, que ronda los $1,000.

El cohete de vara y el de dos bombas tienen un precio de $1 dólar cada uno; el toro fuego vale de $100 a $120 dólares y tiene una duración de 15 a 20 minutos. La docena de morteros cuestan $20 y la del cohete de luz $20.

Todo el año se mantienen vendibles, aunque hay temporadas como de septiembre a enero que se vende un poco más” dijo Neftalí.

El proceso y la manera de hacerlo se han ido quedando dentro de la familia dueña de la única cohetería en el municipio. Además, la cohetería Salamanca apoya los eventos culturales que se hacen en el municipio, a través de demostraciones, exposiciones y la venta del material.

Tags:

  • Cohetería

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