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Los fabricantes de tejas de Chapeltique

Desde hace 44 años, Jesús Natividad Cruz aprendió el oficio y gracias a él ha subsistido y mantenido a su familia.
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Producción.  Los trabajadores realizan extenuantes jornadas diarias para cumplir con los pedidos de tejas de sus clientes.

Producción. Los trabajadores realizan extenuantes jornadas diarias para cumplir con los pedidos de tejas de sus clientes.

Jornada.  La jornada laboral de los tejeros inicia de madrugada para aprovechar el día y que las tejas se sequen con el sol de la tarde y el vapor del suelo. El trabajo es totalmente físico y se hace artesanalmente.

Jornada. La jornada laboral de los tejeros inicia de madrugada para aprovechar el día y que las tejas se sequen con el sol de la tarde y el vapor del suelo. El trabajo es totalmente físico y se hace artesanalmente.

Los fabricantes de tejas de Chapeltique

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Don Jesús Natividad Cruz se despierta todos días a las 2 de la madrugada juntos a sus hijos para comenzar su jornada laboral. Son una familia que se dedica a la elaboración de tejas en el cantón Hualama del municipio de Chapeltique, en San Miguel. Para comenzar su faena se quita las yinas y prepara la tierra -como si de jugar con lodo se tratara- la cual se convertirá en la mezcla para hacer las útiles y tradicionales tejas. No es un trabajo fácil.

Don Jesús aplica el dicho de “a quien madruga Dios le ayuda” para que al atardecer las tejas ya estén secándose por el sol y el vapor del suelo; es por eso que mientras muchos aún duermen, ellos trabajan a pesar del frío y la oscuridad de la madrugada.

Don Natividad afirma que aprendió este oficio a los ocho años de edad, a través de su hermano mayor, y que desde entonces ha ejercido este trabajo que le ha servido para cubrir las necesidades de su familia. “Nosotros aquí normalmente nos echamos dos quintales de maíz a la espalda”, narra.

Con 52 años, Natividad explica que no continuó sus estudios porque era un niño con un alto temperamento que se peleaba con sus compañeros. “Yo le dije a mi hermano que no me gustaba ir a la escuela, que yo había escuchado que quien no trabaja, no come, por eso mejor comencé a trabajar como aprendiz”, recuerda entre risas.

“Yo no sé leer ni escribir. Mis hijos fueron a la escuela pero tampoco aprendieron, entonces les dije que mejor todos íbamos a trabajar en esto”, recuerda, y así comenzó su propia tejera.

Durante muchos años trabajó como mozo en tejeras de otras personas, pero al notar que las ganancias de sus patrones eran considerables, decidió iniciar su propio negocio. “Hermano Juan, yo ya no voy a seguir con usted, ya mucho le he dado el lomo, mi pago démelo en tierra para hacer mi propia tejera”, asegura que le dijo a su entonces patrón, quien accedió a su solicitud. Don Natividad considera que laborar en equipo es la clave para salir a tiempo con los encargos de los clientes.

Explica que para hacer las tejas se necesita de un batidor, quien se encarga de batir el lodo; un cortador, que pone la mezcla en el molde; un tendedor que lleva la teja al suelo para que se seque y del patiero. Sus hijos forman parte del equipo. “Estamos agradecidos con papá porque nos enseñó este oficio, gracias a esto sobrevivimos. En estos lugares no hay muchas opciones para trabajar”, dice Jesús Alfredo, su hijo mayor.

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  • Tejeros
  • ChapeltiqueSanMiguel

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