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Los feligreses de los otros sacerdotes asesinados

Para los fieles, la canonización de Romero es, también, la reivindicación más alta para el resto de sacerdotes asesinados. 

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María Teresa Martínez siente una alegría diferente por la canonización de Romero. Foto de LA PRENSA/Moisés Alvarado.

María Teresa Martínez siente una alegría diferente por la canonización de Romero. Foto de LA PRENSA/Moisés Alvarado.

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El periodo de Óscar Arnulfo Romero como arzobispo de San Salvador coincidió con una etapa en que sacerdotes y personas cercanas a la Iglesia Católica fueron perseguidos por los cuerpos de seguridad del país.


Romero tuvo que enfrentarse al asesinato de más de media docena de sacerdotes, el primero de los cuales fue su amigo, Rutilio Grande.


María Teresa Martínez era una joven feligrés de la parroquia San Sebastián de Ciudad Delgado cuando asesinaron al cura Ernesto Barrera, el 28 de noviembre de 1978. Este año se cumplen cuatro décadas del hecho.

Haga click aquí y mire cómo fue el recorrido hacia catedral en estas fotos.


Para ella, que canonicen a Romero, la reivindicación más alta para este sacerdote, es una revalorización, también, de gente como Ernesto Barrera.


"Aquí todos los años recordamos al padre Ernesto. Era un jovencito de 28 años, pero cumplió valientemente con su misión de ponerse del lado de los pobres", comentó María.


Yoicy Ramírez, de San Antonio Abad, es devota de la figura del padre Octavio Ortiz, asesinado en enero de 1979. Para ella, la canonización de Romero es también la de estos religiosos y cientos de laicos asesinados por odio a la fe.


"Lo vemos como un triunfo de la verdad", dijo. Esta noche, ambas parroquias alistan eventos especiales en honor a sus santos.

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