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Los olvidados en el Rosales

Frecuentemente llegan al hospital politraumatizados, sin identificación, con pérdida de memoria, indigentes o adultos mayores que son abandonados; algunos vuelven a sus lugares de origen, otros, mueren. Este tipo de casos han incrementado este año.
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¿Qué pasa con los pacientes que llegan al Hospital Rosales sin identificación alguna (producto de violencia social), sin familiares que respondan por ellos o que les abandonan; aquellos que padecen una enfermedad crónica y por tener una edad avanzada –adultos mayores– viven solos o su familia no les apoya, indigentes o dejados a la voluntad de Dios?

Ellos son los pacientes olvidados del Rosales, esas personas que por uno u otro motivo llegan al centro asistencial para ser tratados de emergencia debido a la violencia social que vive El Salvador, a la violencia intrafamiliar que está impregnada en algunos de sus parientes, así como también por enfermedades crónicas que padecen y que lastimosamente son tachados como una carga para las familias y la misma sociedad.

De ellos precisamente se encarga la Unidad de Trabajo Social del Hospital Rosales, que se preocupa por darle seguimiento a estas personas desde que llegan hasta que salen del hospital en su casa, hogar de ancianos o amigos que les brindan un espacio en sus casas y, en otros casos, hasta que algunos mueren sin que nadie responda por ellos.

Mantenerlos en el hospital cuando no tienen donde ir es una labor social pero igual un costo.

La doctora María Carmen Marín, encargada de Trabajo Social, reveló a LA PRENSA GRÁFICA: “Cuando el paciente ha estado abandonado y al fin localizamos familia, hay que hacer labor de concientización de la familia de qué está pasando ahí; a veces, hemos encontrado casos intrafamiliares bastante serios... hay pacientes que han demandado a la familia por la falta de atención. Los pacientes con enfermedades crónicas vuelven a venir”.

En los primeros cinco meses de este año, los casos incrementaron respecto a la misma fecha en 2015, incluyendo el alza en caso de mujeres.

Según la jefa de la Unidad de Epidemiología, doctora Mercedes Menjívar, del 1.º de enero al 31 de mayo de 2015 se registraron nueve pacientes vivos (todos hombres); mientras que en las mismas fechas este año hubo 21 (14 hombres y siete mujeres) de quienes 12 tienen edades entre los 41 y 80 años. Es decir, el incremento en esta clasificación de casos fue del 143 %.

En el diagnóstico de las personas en esos estados que sobreviven, ha acudido al centro asistencial por traumas y enfermedades crónicas, accidentes cerebrovasculares (ACV), insuficiencia renal, hipocalemia con úlceras, fracturas.

En el caso de las personas fallecidas en los primeros cinco meses de 2015, hubo siete (seis hombres y una mujer); mientras que este año Epidemiología reportó 18 personas: 12 hombres y seis mujeres, que refleja un incremento de 139 % respecto a los fallecidos del año pasado.

“Es alarmante, es un factor de la misma violencia en la que vivimos, es un indicador. Influye la violencia: ocho casos de los fallecidos fueron por traumas; y de ahí, el resto son pacientes con enfermedades crónicas que al parecer viven solos y vienen a consultar solitos, nadie se da cuenta por qué vía vienen”, dijo Menjívar, haciendo una pausa en el análisis de la información brindada.

Según datos de costos del hospital, de 2012, un paciente ingresado en estancia normal ronda los $50, mientras que un día en la unidad de cuidados intensivos (uci) cuesta $900. Pero ello dependerá del diagnóstico, ya a veces hay pacientes con traumas, que llegan por accidentes (heridos por arma de fuego o arma blanca); muchos llegan inconscientes, pasan directo a sala.

De los fallecidos este año, el 33 % ha sido enterrado por el Hospital Rosales; el 22 %, por el Instituto de Medicina Legal (IML); y el 44 % de ellos ha sido retirado por familiares.

La jefa de Estadísticas y Documentos Médicos, Íngrid Renderos, explicó que si una persona no identificada fallece en el hospital, se esperan 72 horas para ser retirado por familiares o conocidos, tiempo en el que también le piden apoyo a Relaciones Públicas para dar a conocer el caso a través de los medios de comunicación por medio de servicios sociales.

“A veces envía telefonogramas (si no tienen algún número telefónico y solo una dirección), pero en algunas ocasiones si son de algún pueblo, cantón o zonas conflictivas no llegan”, explicó Renderos.

Cuando no llega nadie a reclamarlos, son retirados por el IML y los tienen en su morgue durante un promedio ocho días más: los que son por muerte natural, o son indigentes, no se los lleva el IML y la mayoría de veces son sepultados los viernes en una fosa común que ha brindado la Alcaldía de San Salvador en el cementerio La Bermeja.

Adultos

Buena parte de las personas que llegan a ser olvidadas por sus familiares, o no tienen de quién depender, son adultos.

De las personas que fallecieron el año pasado, según Epidemiología, de 41 a 80 años fueron tres; sin embargo, en los primeros cinco meses de este año los casos incrementaron considerablemente: 10 y uno mayor a los 81 años.

En el caso de las personas que sobrevivieron el año pasado se reportaron seis de 41 a 80 años y uno mayor a los 81 años; pero del 1.º de enero al 31 de mayo de este año, el Rosales ha contabilizado 12 casos de 41 a 80 años y uno arriba de los 81 años.

En Consulta Externa se encuentran diversas situaciones, entre las que destaca el abandono al cual son sometidos los adultos mayores. Hay casos de pacientes que tienen familia, pero solo los llegan a dejar al centro asistencial para que pasen consulta y no los llegan a recoger: ellos tienen que pedir apoyo para poder irse o les dan transporte; otros reconocen que viven mejor en el hospital –sobre todo en tiempo de afectaciones climáticas– porque tienen techo y comida.

“Hay violencia oculta que existe hacia los adultos, psicológica... No darle su manutención, no estar pendiente de ellos, no llevarlos a sus consultas”, reitera la doctora Menjívar.

La Ley de Atención Integral para la Persona Adulta Mayor, en su artículo 1, reza: “La presente ley tiene por objeto garantizar y asegurar una atención integral para la protección de las personas adultas mayores y contribuir al fortalecimiento e integración de la familia”.

Entre los derechos fundamentales de las personas adultas mayores se encuentran el no ser discriminados en razón a su edad, sexo o cualquier otra condición; recibir alimentación, transporte y tener vivienda adecuada; vivir al lado de su familia, con dignidad, en un ambiente que satisfaga plenamente sus diversas necesidades y les proporcione tranquilidad; recibir protección contra abuso o malos tratos de cualquier índole; asistencia especializada de cualquier tipo para su bienestar y asistencia jurídica gratuita para la defensa de sus derechos; recibir asistencia médica, geriátrica y gerontológica, en forma oportuna y eficaz; recibir buen trato, consideración y tolerancia por parte de la familia, la sociedad y el Estado.

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