Los partidos ya no hacen política”

Gutiérrez comparte su lectura de la actualidad política salvadoreña, de los partidos políticos y de los personajes mesiánicos surgidos del desencanto.
Enlace copiado
Los partidos ya no hacen política”

Los partidos ya no hacen política”

Los partidos ya no hacen política”

Los partidos ya no hacen política”

Enlace copiado
En la segunda parte de la entrevista con el analista Dagoberto Gutiérrez, abordamos el ejercicio de la política como mercantilismo de parte de los partidos, la lucha de poderes y el surgimiento repentino de figuras que, ante la decepción generalizada por los políticos, aprovechan para venderse como la solución a todo.

¿Cómo afecta la polarización de los partidos políticos actuales?

Cuando uno habla de los partidos políticos, está hablando del aspecto menos político de la política. Es más político el dirigente de una comunidad que lucha por que se resuelva el problema del agua que un diputado. Ahora, ¿lo que se da entre los partidos políticos es polarización? No, hombre. ¿Lo que ocurre en la Asamblea Legislativa expresa la polaridad de la sociedad? No, hombre. Todos son actores de un mismo drama y son socios. La polarización se da en la relación entre el que lo tiene todo y el que no tiene nada, entre el que tiene trabajo y no tiene trabajo. Allí está la polarización: entre la riqueza y la pobreza. ¿Dónde está la sabiduría de los gobernantes y de las sociedades de los grandes países? En que reducen esa polarización.

¿Qué lectura tiene de la gobernanza del FMLN y de la oposición que es ARENA hoy en día?

Todos los partidos políticos tienen cuentas pendientes y todos están en un mal momento, debido a que todos abandonaron la experiencia de hacer política. De allí entraron en crisis, y la crisis de los partidos políticos refleja la crisis del Estado. En el caso del FMLN, primero se acabó la guerra y luego se acabó el FMLN. Como fruto de las negociaciones con la oligarquía, se acordó que la insurgencia se hiciera cargo del Gobierno, mientras la oligarquía se iba a encargar del Estado. Para que se hicieran dueños del Gobierno, se les hizo un partido político para que participaran en elecciones. Es este partido FMLN, de derechas, pero que dentro del régimen ha tenido que jugar a la izquierda, claro, la izquierda de la derecha. Mientras que la derecha siempre ha sido la derecha de la derecha. Ahora, el partido FMLN atraviesa una crisis extensa e intensa, porque ha desaparecido la cabeza política y es un equipo de clientes políticos con cargos en el Estado sin abnegación, sin pasión. En cuanto a ARENA, la derecha, necesita hoy que las fuerzas renovadoras tengan presencia vigorosa en sus filas y en su pensamiento. A ARENA se le vincula casi inmediatamente a los sectores más retrógrados y oligárquicos de este país, aun cuando nació vinculado a los sectores medios. Hoy ARENA requiere de renovarse y de eso depende su futuro papel político. Si es capaz de renovarse, podrá soñar y de repente pensar en la conducción del país.

¿Cómo puede hablarse de renovación cuando las juventudes partidarias son adoctrinadas con el mismo discurso de hace 30 años?

El tema no tiene que ver con generaciones. Se trata de un conflicto entre una burguesía y una oligarquía.

¿Qué piensa de estas nuevas figuras políticas como productos publicitarios, aferrados a un marketing, idolatrados inclusive?

Te diré que yo no entiendo mucho eso de marketing político. Entiendo que en algún momento la política se convierte en una mercancía y los llamados políticos en mercaderes. Pero la política jamás será una mercancía. La política es como el aire que respiramos. Es el fundamento de la naturaleza humana. Cada vez que un ser humano lucha por mejorar su vida, hace política. Lo que sucede es que aparecen nuevos representantes de las mismas clases, que tienen dominio del mercado y tienen condiciones para llegar y comunicarse con la gente. Ese es el tema. Entonces, en un país como el mío, donde la gente no tiene nada y se enfrenta a los que lo tienen todo, la gente se puede equivocar fácilmente y por eso es que aparecen esos personajes, que son convertidos de la noche a la mañana en los que tienen las soluciones de todo y en la esperanza de la gente. La gente descubrirá, más temprano que tarde, que la esperanza debe estar en la misma gente, en su fuerza, en su poder, que las soluciones a sus problemas vienen de abajo y no de arriba, que el cielo no está en las nubes, sino que está aquí mismo entre nosotros, que no hay mesianismos, que un líder es el que expresa la psicología de una parte de la sociedad, que es aquel que se gana la confianza de la gente y la representa y ejerce el poder que la gente le da, sabiendo que ese poder no le pertenece, sino a la gente. Es lo que en rigor se llama delegado, que es el que ejerce un poder ajeno.

¿Tenemos delegados en este momento?

No. La Constitución dice que los funcionarios son delegados del pueblo y que no tienen más atribuciones que las que expresamente les da la ley. Los funcionarios son delegados cuando ejercen un poder ajeno y son funcionarios obedeciendo y no mandando. Es que el sentido de un funcionario es obedecer y administrar el poder de la gente. Ojo, porque en esto reside el fenómeno de la corrupción. Hay corrupción cuando opera el fenómeno que se llama: fetichismo del poder. El fetichismo del poder ocurre cuando el poder deja de ser instrumento y se convierte en un fin en sí mismo, y el funcionario ejerce el poder ajeno como propio y lo pone a su servicio, lo usufructúa, le saca ganancia, se enriquece a costa de ese poder. Esa es la corrupción.

¿Y qué pasa con funcionarios que se sienten con el poder suficiente de ir a gritarle a una autoridad como la Fiscalía General de la República?

Eso es parte del fetichismo del poder. El poder como fetiche, el poder como una propiedad, que se puede disfrutar y se puede instrumentalizar discrecionalmente por el funcionario. Eso es lo que ocurre en este país todos los días. En algunos casos es estallante y restallante. Todo eso ha de ponerse en su sitio, pero para eso se requiere que se recupere al Estado y que se termine la fiesta del mercado persa en que se ha convertido este país.

¿Qué especie de magia habrá en los cargos de elección popular que cuando se compara al candidato que fue con el funcionario que es, no hay correspondencia?

Ocurre que una candidatura es una construcción ideológica. Todo candidato es bueno, honrado, inteligente, trabajador, amante de los niños. La candidatura es una coraza ideológica que sirve para ocultar a una persona. Ahora, quien se compromete con la gente es el candidato, la máscara. Pero quien ejerce el cargo al ganar la elección ya no es el candidato, es la persona, y la persona no se comprometió con la gente, sino su máscara. Por eso cuando la gente vota, siempre vota a ciegas. Así son los alcaldes, los diputados... A quien la gente vio en la plaza no fue a la persona, fue al candidato.

Lee también

Comentarios

Newsletter