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Los pupitres vacíos de Perulapán

Fernando* besa la frente de su hijo en la entrada del Complejo Escolar Francisco Menéndez de San Pedro Perulapán.
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Detenidos.  Siete pandilleros fueron detenidos por amenazar a estudiantes en Perulapán, pero solo fueron acusados de tenencia de armas y agrupaciones ilícitas.

Detenidos. Siete pandilleros fueron detenidos por amenazar a estudiantes en Perulapán, pero solo fueron acusados de tenencia de armas y agrupaciones ilícitas.

Violencia.  San Pedro Perulapán ha sido considerado uno de los municipios más violentos del país por la cantidad de homicidios.

Violencia. San Pedro Perulapán ha sido considerado uno de los municipios más violentos del país por la cantidad de homicidios.

Deserción.  Al menos 200 estudiantes dejaron de estudiar este año en el cantón El Espino de San Pedro Perulapán, por amenazas.

Deserción. Al menos 200 estudiantes dejaron de estudiar este año en el cantón El Espino de San Pedro Perulapán, por amenazas.

Los pupitres vacíos de Perulapán

Los pupitres vacíos de Perulapán

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Es jueves 26 de mayo. Es la 1 de la tarde. Como todos los días, Fernando lo aconseja: le dice que se cuide, que no se meta en problemas con nadie, especialmente con los niños más grandes. Su insistencia, que aburre al niño, es porque 200 estudiantes desertaron de la escuela este año por amenazas de pandilleros.

El niño de 12 años asiente con la cabeza y le dice: “Sí, papá, ya sé eso de cuidarme”. El timbre interrumpe y el niño se despide mientras Fernando lo sigue con la mirada hasta que se pierde entre los demás estudiantes que corren hacia sus salones de clases. Esos salones con varios pupitres vacíos, los niños que ahora no van a clases por temor a las amenazas de las pandillas.—Todos los días vengo a dejar y a traer a mi hijo, quiero cuidarlo. No soportaría que algo le pase por culpa de los pandilleros –susurra Fernando, mientras mira en todas las direcciones con paranoia. —¿A su hijo lo han amenazado alguna vez?

—No, ni Dios quiera. Por favor, hable más suave, es mejor que nadie escuche lo que estamos hablando.

—¿Conoce algún estudiante de esta escuela que haya sido amenazado por pandilleros?

—No, tampoco. Es que, mire, aquí ya se han dado casos y no quiero que eso mismo le pase a mi hijo.

Fernando sigue hablando, a decir verdad, susurrando, porque no quiere rebelarse en contra del mensaje “Ver, oír y callar” que una de las pandillas del cantón El Espino escribió en las paredes. Así, en voz baja, explica que el caso del estudiante David Orellana es uno de los que más conmocionó al cantón y al municipio en general. También el asesinato del estudiante de bachillerato José Mendoza es otro de los casos que los padres de familia tienen en mente.

El elemento común en los homicidios de estos dos estudiantes, de otros centros escolares de la zona y de municipios vecinos, es que todo comenzó con amenazas a muerte por parte de los pandilleros que exigieron a los estudiantes no regresar a clases, así como le sucedió en marzo de este año a estudiantes del Complejo Francisco Menéndez. El argumento de las pandillas para asesinar a David y a José, según explicó la Policía Nacional Civil (PNC) en su momento, fue que vivían en caseríos donde operan pandillas rivales a las que tienen presencia en los lugares donde están ubicadas las escuelas.

David tenía 11 años y estaba matriculado en el quinto grado del Centro Escolar Felipe Soto, en San Pedro Perulapán, aunque vivía en Santa Cruz Michapa. Una tarde de julio de 2014, al salir de clases, fue raptado por pandilleros que lo llevaron al río del Arenal, donde lo torturaron hasta asesinarlo. Solo porque, según la Policía, vivía en territorio de la pandilla rival. José Mendoza tenía 19 años, en octubre de 2015, cuando pandilleros lo asesinaron mientras regresaba de realizar la Prueba de Aprendizaje y Aptitudes para Egresados de Educación Media (PAES). El homicidio fue cometido en el cantón San Francisco Arriba, por la misma razón por la que asesinaron a David.

Fernando, después de hacer memoria acerca de estos dos casos, abre la puerta del complejo educativo y entra para indicar dónde está la subdirectora, para que ella explique cómo sigue la situación en la escuela después del éxodo de estudiantes.

“Sí, es cierto que tuvimos ese incidente y que se fueron aproximadamente 200 estudiantes”, confirma la subdirectora.

La encargada de la institución hace una aclaración: “Es que no fueron amenazados. Se expandió el rumor entre los padres de familia que pandilleros amenazaron a los estudiantes y por eso se los llevaron de la escuela”.

—¿Cuántos estudiantes fueron matriculados este año y cuántos se fueron en marzo?

—Comenzamos con una matrícula de 600 estudiantes, después se fueron 200, pero poco a poco están regresando. Se fueron realmente por un rumor, nada más. Y ahí están algunos pupitres sin estudiantes en cada salón.

—¿Hubo algo de cierto?

—Quizá sí.

Según un oficial de la Policía de la delegación de Cuscatlán, sí hubo una amenaza en contra de dos estudiantes que viven en una zona contraria a la del complejo educativo. Esa amenaza fue contada a los compañeros de clases. Los compañeros se lo contaron a sus padres y los padres, a otros padres... Hasta que 200 estudiantes dejaron de asistir.

Tras la deserción de estos 200 estudiantes, que se suman a los 15,511 alumnos de todo el país que abandonaron sus estudios en 2015 por situaciones similares, según el Ministerio de Educación, la PNC emprendió la búsqueda de los pandilleros que amenazaron a los dos estudiantes del complejo.

En esa búsqueda identificaron a William Alexánder Juárez Quevedo, de 18 años, como el cabecilla de una pandilla que ordenó a otros pandilleros que llegaran al callejón que lleva a la escuela para amenazar a dos estudiantes por tener sospechas de que colaboraban con la pandilla rival. Los encargados de hacer efectivas las amenazas fueron Alexánder Barrera González, de 20 años, y Moisés Aragón Chávez, de 26, junto a otro menor de edad.

Juárez, el supuesto cabecilla, falleció en el cantón El Espino tras un supuesto enfrentamiento entre policías y pandilleros en los primeros días de abril pasado. Luego, el 23 de abril, la Policía aseguró a los medios de comunicación que detuvo a los otros tres que amenazaron directamente a los estudiantes. Según la PNC, fueron detenidos durante un operativo especial del plan Escuela Segura.

La oficina fiscal de Cuscatlán, por su parte, acusó formalmente a los dos adultos por los delitos de amenazas y uso y tenencia ilegal de armas de fuego. Pero tres días después el Juzgado de Paz de San Pedro Perulapán dijo que los imputados podían continuar el proceso judicial en su fase de instrucción bajo libertad condicional.

El fiscal del caso explicó que el juzgado basó su resolución en que para la audiencia inicial todavía no había suficientes pruebas para mantener en prisión preventiva a los imputados. Además, ni siquiera el fiscal tenía certeza de que Barrera y Aragón realmente fueran los que habían amenazado a los estudiantes. De hecho, en el expediente del caso consta que sí fueron acusados del delito de amenazas, pero no en contra de los estudiantes, sino en contra de los policías que los detuvieron durante un patrullaje rutinario.

De acuerdo con el expediente, los pandilleros vieron que una patrulla se acercaba y comenzaron a correr mientras los policías los perseguían. En esa persecución los pandilleros supuestamente gritaron: “Los tenemos controlados, perros (...), sabemos quiénes son y dónde viven”. Esa es la razón por la que fueron acusados de amenazas.

El oficial de la Policía, por su parte, acepta que en este momento no hay nadie acusado de las amenazas en contra de los estudiantes. Pero que además de los tres capturados y acusados de amenazas en contra de policías hay otros cuatro detenidos más, que por ahora han sido acusados de agrupaciones ilícitas, pero que en la fase de instrucción también serán acusados de amenazas en contra de los estudiantes de algunos de los 21 centros escolares de San Pedro Perulapán.

En este municipio, considerado uno de los más violentos del país por las pandillas y por familiares que se matan entre sí por herencias, no solo hay pupitres vacíos, también hay escritorios de maestros vacíos por la misma razón: amenazas de pandillas.

La subdirectora del Complejo Educativo Francisco Menéndez dice que en su centro de estudios no hay escritorios vacíos, pero que sabe de otras escuelas del municipio en donde sí. Como en la escuela del cantón Tecoluco Abajo, donde un maestro llamó la atención a una estudiante de tercer ciclo para que no anduviera de novia con un pandillero. Ese pandillero se presentó al día siguiente en la escuela y amenazó al maestro.

La situación de inseguridad en ese municipio, además, obligó en 2013 y 2014 a que las clases terminaran más temprano, sobre todo en el turno de la tarde que terminaba a las 3:30, para que los maestros y estudiantes retornaran a sus casas bajo la luz del día evitando la oscuridad.

“Ahora todo está cambiando, estamos trabajando duro en el plan Escuela Segura en San Pedro Perulapán, tenemos algunos agentes destacados de manera permanente en las escuelas del municipio para garantizar la seguridad”, dijo el oficial de la Policía.

Según Fernando, la subdirectora del Complejo Educativo Francisco Menéndez y otros padres de familia, es cierto que después de la deserción hay dos agentes de la Policía en la escuela todos los días. LA PRENSA GRÁFICA también lo comprobó en su visita al complejo. Estos agentes no solo permanecen en el interior y exterior de la escuela, sino que también interactúan con los estudiantes.

“Sí, que ellos (los agentes) estén aquí lo hace sentir más seguro a uno con sus hijos”, afirma Fernando.

—¿Pero aun así prefiere venir personalmente por su hijo?

“Es que nadie va a poder cuidar mejor a mi hijo que su propio padre”, dice Fernando y se despide para ir a cultivar maíz. Regresará a la hora de salida para escoltar a su hijo de vuelta a casa.

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