Los salvadoreños en el exterior y el país que viene

El relato de cada salvadoreño, dentro o fuera de nuestras fronteras, es indivisible del transitar de nuestro país por la historia. Somos seres conectados a través de enlaces invisibles e inseparables.
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No tenemos recursos naturales como el petróleo, ni grandes tierras para promover el crecimiento extensivo, pero sí tenemos gente inteligente, laboriosa y propositiva que con los conocimientos necesarios se convertirá en un factor clave para el crecimiento intensivo, ese que posibilita la construcción de tecnologías y que multiplica exponencialmente las oportunidades de una nación.

Allí es donde cobra relevancia la posición que ostentan los salvadoreños en el exterior. No son, y nunca debieron ser considerados máquinas de hacer dinero. Nuestros sherpas son hombres y mujeres que animados por las pocas oportunidades y acompañados de la valentía toman el camino hacia otras tierras en búsqueda de un futuro diferente. Noble es su memoria porque no se olvidan de la patria que los vio nacer.

En los ochenta y noventa esa migración se produjo por el intoxicante clima de guerra que dominó el paisaje. Posteriormente han sido fenómenos sociales como la falta de trabajo y la inseguridad los que han propiciado que nuestros salvadoreños migren. A la suma de todo, se trata de generaciones que han abandonado esta patria, o más bien esta patria ha desprotegido a sus hijos.

En la distancia aman su patria, la ven como promesa, como su raíz y como el árbol de la vida. Son padres, hijos y nietos que en muchos casos el español es su segunda o tercera lengua. Esa extensión del mapa genealógico no hace desaparecer su vinculación emocional y cultural con la tierra que vio nacer a sus abuelos. Se consideran salvadoreños sin distinciones, sin prejuicios. Los jóvenes en el exterior son una generación de talentosos conectados en la vanguardia, son parte elemental de la cuarta revolución industrial. Constituyen talento e inventiva probada en cada transformación. Agentes con ilimitadas oportunidades para ser sujetos transformadores.

Las dinámicas propias de la migración establecen los parámetros sociales y culturales de las comunidades de migrantes. Poder insertarse en la economía formal no es menos fácil que los nacionales de aquellos países, incluso el grado de dificultad es mayor. No obstante, las características de los salvadoreños están presentes, dondequiera que se llegue somos valorados por nuestro trabajo, por la carismática disposición y por el positivismo nato.

Trabajar duro significa lo mismo en nuestro territorio geográfico que en cualquier país del mundo. Se necesita esfuerzo y mucha dedicación para salir adelante. Pero son el tipo de oportunidades, la fortaleza del tejido social y la posibilidad de un sistema de bienestar las que determinan la calidad de la retribución por el trabajo y por supuesto la calidad de vida.

Nuestra fuga de cerebros y de corazones empieza a doler. No se tiene certeza de cuántos son los que quieren volver, y quizás no es esa la pregunta. A lo mejor la respuesta que necesitamos se relaciona con un cuestionamiento valiente: ¿Cómo unificamos en la distancia?

Los salvadoreños en el exterior deben convertirse en sujetos activos y motores clave para El Salvador. Los jóvenes pueden ser los abanderados en esta tarea. Deben poner a disposición su capacidad transformadora, su emoción y su fuerza renovada; deben ser, sin vacilaciones, catalizadores del desarrollo. Hay que transformar la historia, posibilitando el relato nuevo para esta patria nuestra.

Tags:

  • el pais que viene
  • educacion
  • juventud

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