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Macario e Isabel, la pareja que dio el “sí, acepto” luego de 65 años de amor

Él tiene 95 años de edad y ella, 86. Hace más de medio siglo que son pareja, pero decidieron consagrar su amor en matrimonio días atrás, para poder “entregar buenas cuentas a Dios”. 
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Foto de Alex Almendarez

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“No dejar de vernos como aquellos cipotes enamorados que éramos cuando nos conocimos. Nuestro lema siempre fue: todo pasará, menos nuestro amor”. 

Isabel de Ortez y Macario Ortez son pareja desde hace 65 años. El amor es el protagonista de esta historia, en la que no han faltado una infinidad de situaciones duras, pero también han sobrado esfuerzo, dedicación, amor incondicional y, sobre todo, paciencia. Durante ese trayecto, esta pareja tuvo ocho hijos, veinte nietos y ocho bisnietos.

Él ahora tiene 95 años de edad; ella 86, y recientemente decidieron consagrar su amor en matrimonio ante Dios. 

“Vivo enamorada de mi esposo. Yo, a sus 95 años, lo sigo viendo guapo”, dice Isabel, quien llegó a su boda vestida perfecto blanco, diadema, velo y sujetando un ramo lirios blancos.

Isabel, maestra de vocación y originaria de El Divisadero, Morazán, tiene claros los recuerdos del día en que conoció a su ahora esposo. “Recuerdo que nos conocimos en La Unión por mi hermana. Yo andaba de visita y ella necesitaba que le arreglaran unas máquinas de coser y llegó él arreglarlas, porque  antes era técnico en calderas y electricista. Desde que lo vi nos gustamos. Entonces Macario le dijo a mi hermana que era serio el desperfecto (de las máquinas de coser) para llegar todos los días y hablar conmigo, pero las maquinas solo necesitaban limpieza”, dijo entre risas.

Macario  estaba elegante en su matrimonio, ataviado en un clásico traje negro, y acompañado por uno de sus hijos, que le ayuda a movilizarse cuando a él se le dificulta. 

Nacido en el municipio de Sociedad, también de Morazán, Macario es un hombre de carácter fuerte y de pocas palabras, pero de corazón noble y sencillo. Sigue dedicado a su hogar, pese a su edad, y a que a veces debe apoyarse para desplazarse en una silla de ruedas.

En la década de los 80, Ortez fue un militar destacado, cuando en El Salvador se libraba la guerra civil.  Él sabía que su obligación era velar por su nación.

Elena, una de sus hijas, dice que su papá les inculcó desde la infancia el respeto, la verdad y la transparencia como valores de vida. Así lo sigue haciendo ahora, no solo con sus propios hijos, sino con sus nietos y bisnietos.

A pesar del tiempo que llevan de convivencia y de la solidez de la pareja, ambos sentían que aún les falta algo por hacer juntos y era decir, oficialmente, “sí acepto” ante un altar de una iglesia católica.

Finalmente, la boda se realizó en la iglesia de la colonia Quezada en San Miguel. Aunque son originarios de Morazán, actualmente viven en la colonia Guadalupe, del cantón El Sitio, de la Perla de Oriente.

“Recibir el Cuerpo de Cristo y sentir que tenemos la bendición de nuestro padre. Ambos sufríamos porque, para perseverar, debemos tener el sacramento del matrimonio y perdimos muchas oportunidades dentro de nuestra iglesia por no tener el sacramento”, explicó la feliz novia.

En la fe católica, el sacramento del matrimonio es requisito para todos aquellos que deseen recibir el Cuerpo de Cristo. La pareja deseaba poder vivir juntos ese ritual sagrado de la tradición católica.
Elena, su hija, manifestó sentirse muy orgullosa y feliz por sus padres por lograr su sueño de casarse y comulgar en matrimonio.

 “Ahora, ante nuestro padre, somos uno solo y sabemos que tenemos su bendición. Ahora estamos felices y muy agradecidos porque entregaremos buenas cuentas a nuestro Dios”, dijo Macario Ortez.

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