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Madres en la espera de un hijo sano

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En los pasillos del Hospital Bloom estaba Alba Ramírez esperando buenas noticias de su hija, quien se encontraba en el quirófano. Ya era mediodía y Kenia, de 11 años, había entrado a una cirugía de corazón abierto a las 8 de la mañana.

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“No ha salido el doctor, pero cuando lo vea le voy a preguntar (sobre Kenia)”, explicó Alba. Su intriga era la razón por la que no se había sentado en toda la mañana. Desde que nació Kenia, fue diagnosticada con atresia tricúspide. Según los especialistas de Heart Care, la menor tenía la válvula derecha del corazón casi cerrada, anomalía que a su madre le habían explicado hace 11 años. “Tenía obstruida una vena que va del corazón al pulmón. Eso es lo que la ponía moradita”.Cuando cumplió los siete meses de haber nacido, a la menor se le realizó la primera cirugía, conocida por los doctores como Glenn. Implica la redirección de la sangre pobre en oxígeno proveniente de la parte superior del cuerpo hacia los pulmones y reducir el riesgo de muerte. Sin embargo, esa operación no fue suficiente para que Kenia viviera una vida normal.

En esta ocasión, se le practicó la última cirugía, llamada Fontan, de redirección de una arteria con sangre proveniente de la parte inferior de su cuerpo hacia los pulmones. Alrededor de la 1 de la tarde, el doctor salió para informar que Kenia estaba bien. En el pasillo también estaba Blanca Guerra esperando la hora de visita para ver a José, su hijo de siete años. Él fue intervenido el lunes. Su caso es similar al de Kenia, ya que ambos tenían cerradas válvulas del corazón, con la diferencia de que José tenía también un pequeño hoyo en el corazón.

Esta fue su segunda vez en el quirófano. Donde le hicieron ambos procedimientos, de abrir una válvula y sellar el agujero de su corazón para remediar su condición.

Hace tres años le hicieron un cateterismo, pero no lograron abrir la parte sellada en su órgano. Por ello, seguía con los síntomas. “Al llorar se me ponía morado y las manitas heladas”, relató Blanca.

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Según Blanca, ha sido una bendición para su hijo que los hayan escogido para realizar la cirugía, y agregó que estaba agradecida con Sana Mi Corazón, Heart Care y el Bloom. “Para mí, todo ha sido bueno. Hasta la atención que ellos nos han dado. Nos dieron comida, refrigerio. Han estado pendientes”.

La coordinadora de Heart Care, Betsy Tirados, dijo que “estos son los niños azules cuando comen, se quedan dormidos, se cansan y sudan mucho de noche”.

Y agrega: “Su corazón sufre porque trabaja demasiado. No ganan peso, no pueden jugar porque se cansan”. Alba confirmó todos estos síntomas también.

Kenia y José provenían del interior del país para ser parte de los 12 niños que se fueron operados en la jornada de cirugías de corazón abierto que organiza Sana Mi Corazón con el apoyo de Heart Care y el Hospital Bloom.

Por ahora, las madres esperan la recuperación de sus hijos para regresar a sus hogares.
 

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