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Marimberos sin paga de Estados Unidos

Un grupo de mexicanos se hizo pasar por periodistas de Televisa para viajar por toda Centroamérica.
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Marimberos sin paga  de Estados Unidos

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<br /><p>Eran 18. Se movían en carros que diseñaron a su estilo. Hasta estudios de grabación llevaban dentro de sus vehículos. Lo que nadie sabía, y eso lo descubrieron los nicaragüenses, es que en sus vehículos transportaban casi $10 millones en dinero en efectivo para pagar, en Costa Rica, dos toneladas de cocaína.</p><p> Los hombres –jefeados por una mujer– hicieron, en los falsos vehículos cargados de cámaras de televisión, casi 15 viajes a Costa Rica. Si por la víspera se saca el día, es previsible que los falsos periodistas llevaran unos $150 millones del narcotráfico a Costa Rica.</p><p> La huella de los “periodistas” es delatadora. No paraban en El Salvador (donde también se lava dinero), a pesar de que es fácil meterle al sistema dolarizado todo lo que transportaban. Preferían llevar ese dinero a Costa Rica. Algún imperio del mal sofisticado hay ahí.</p><p> Sé que en una reunión entre banqueros centroamericanos se calculó que en la región se lavan entre $20,000 y $30,000 millones cada año. Esa fortuna es tan inmensa que cualquier voluntad se puede comprar. Vaya a Guatemala: es incontable la gente que tiene dólares debajo del colchón de su cama. Pagar al contado, y en dólares, se ha vuelto un hábito diario en ese país. En el país tenemos “extraños” capitales que nadie puede justificar. No aguantan ni la primera pregunta de rigor. El lavado en Centroamérica y las actividades del crimen organizado son resueltamente un dolor de cabeza para todos. Y nadie podría decirnos que esa guerra contra los narcos, y sus capitales, la estamos ganando. Nada de lo que se construye en las pizarras da resultado.</p><p> El papel de Estados Unidos en el tema del narcotráfico es también débil, bofo, deficitario, criticable. La mayor preocupación de los buenos estadounidenses es que las drogas enfermen a sus hijos. Ellos saben que Centroamérica es el principal corredor para que esa droga envilezca a su gente. Pero quieren un juego de vidas, rencores y peligros en los que ellos pongan poco o nada. Quieren que nuestras policías, nuestra gasolina, nuestros recursos, paren a los narcotraficantes. Y hasta pretenden que si se arma de la San Quintín, si nos atropella la plomomanía que inventó Pablo Escobar, nosotros pongamos los muertos. Y todo eso sin que llegue a Centroamérica una cooperación sustancial. La verdad es que nos han prometido de todo, pero apenas llegan escandalosas migajas. Por eso a mí siempre me gustó la posición de Laura Chinchilla, gobernante costarricense: si quieren que la droga no les llegue, les cobraremos una buena suma de dinero por la cocaína que decomisemos. La posición es justa: los centroamericanos ponemos los muertos y algo más. Lo peor, y más ridículo de todo, es que cuando se arman las balaceras y las calles se tiñen de sangre para que la droga no les llegue a sus hijos, entonces envían alertas rojas a sus embajadas para que los estadounidenses no visiten nuestros país porque somos demasiados violentos. ¡Qué descaro de postura!</p><p>Harto de muchas cosas, Otto Pérez, presidente guatemalteco, dijo: despenalicemos la droga. Que por aquí pase el que quiera con una tonelada de cocaína es problema de los estadounidenses. Que ellos los detengan en sus fronteras y se acabó. Que el problema sea de ellos y no nuestro. Las posiciones de Chinchilla y Pérez las silenciaron los propios estadounidenses. Pero ahora los gobernantes se miraron a la cara en Honduras y reconocieron que el dinero que les ha llegado es del tamaño de las limosnas. Como se dice, nuevamente, se les está llenando la cachimba de tierra. Se sienten engañados, con toda las razones que se puedan acumular. Nos siguen viendo cara de marimberos. A los gobernantes les quedan dos caminos: o una nueva rebeldía ante Estados Unidos o la formulación de un nuevo plan pero con anillos que comprometan su ejecución. De lo contrario, no solo tocaremos la música que quieran y tendremos que pagar nuestros propios sones.</p><p><br /></p><p>

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