Más de 200 perritos maltratados o abandonados encontraron su paraíso en Ciudad Arce

Si bien la adopción no es la gran apuesta, ya que el adoptante debe cumplir una importante serie de requisitos, la gran misión de Mi Jardín de Peludos de El Salvador es la de alejar a perros abandonados de una posible muerte o daño, por lo que los llevan a ese lugar para cuidarlos, alimentarlos, amarlos y darles una segunda oportunidad.

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Foto: LPG/ Michael Huezo

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En un lugar de Ciudad Arce existe un santuario para perros abandonados, golpeados, maltratados, enfermos y hasta mutilados, que ahora han encontrado una nueva vida.

Ese es Mi Jardín de Peludos de El Salvador, administrado por Ernesto Chicas, con ayuda de su familia, dos colaboradores y dos voluntarios. Cinco personas parecen mucho personal para cuidar perros, pero no es el caso cuando se trata de cuidar a 224 peludos.

Este "santuario" tienen la particularidad de que los canes pueden andar al aire libre, en un amplio terreno lleno de árboles y arbustos, que además de embellecer el lugar, también da sombra y frescura al terreno, donde también habitan Ernesto y su familia.

Foto: LPG/ Michael Huezo

Por cuestiones de seguridad, y para evitar que personas lleguen sin control a dejar perros adultos, cachorros o recién nacidos, los administradores del lugar no revelan la ubicación a cualquier persona. Quien cruza el portón de acceso a la casa y refugio, debe querer a los animales, los perros en este caso. Además, para llegar al lugar es necesario ser invitado.

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Ernesto y el resto del equipo han dado una segunda oportunidad de vida a estos centenares de perros sin importar las condiciones de salud o enfermedad por la que pasen, ya que algunos de ellos simplemente están viviendo sus últimos días, pero lo hacen en paz, libertad, con alimento y lejos de cualquier maltrato, del cual algunos casi no sobreviven.

Es el caso de "Habano", un perro con su nariz y labio superior mutulados. Las secuelas son de un ataque con machete infligido por su propio exdueño. El hombre tenía una crianza de pollos en su casa y a "Habano" solía mantenerlo amarrado en el patio, apenas alimentado. Cuando tuvo la oportunidad, el perro alcanzó un pollo, y su dueño le dio aquel cruel castigo del que por poco no se salva. No tuvo bastante con haberlo lesionado de gravedad, el hombre también lo echó a la calle medio muerto. Por suerte para "Habano", unas personas que pasaron por el lugar lo vieron y lo reportaron, y fue ahí que Mi Jardín de Peludos de El Salvador entró en acción y lo rescató.

Otro caso es el de "Brandon", un rottweiler que vagaba por las calles en compañía de una persona que recogía botellas para vender. Sin embargo, en algún momento fue abandonado, pero luego rescatado por Javier, uno de los fundadores del albergue. El perro se encontraba desnutrido y lo creían viejo, por su gran tamaño, pero el veterinario les confirmó que tenía apenas dos años de edad.

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Ahora "Brandon" está enfermo, dicen en el refugio. Tiene un tumor en su muslo derecho que le apareció repentinamente. A su cuidador, Miguel, le consuela que al menos "Brandon" ya no anda en la calle, comiendo basura o cualquier cosa para sobrevivir.

También está "Nefacio", quien en el pasado fue bautizado por sus dueños como "Nefasto", por ser travieso y destructor.  Si bien al llegar al albergue "Nefacio"era apartado y tímido, hoy es amigable, se lleva bien con todos los demás perros y le encanta subirse a las carretillas.  No pelea y a veces gusta de estar en partes altas para observar desde ahí a toda la manada.

Foto: LPG/ Michael Huezo

"Nefacio", "Brandon" y "Habano" son sólo tres historias de maltrato animal de las 224 que hay en el albergue. Solo los cachorros nacidos en el lugar carecen de un pasado de calle, sufrimiento y abandono.

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576 libras de comida al día

La jornada de trabajo para cuidar a los 224 ejemplares es larga e intensa. El día arranca muy temprano en la mañana y finaliza a eso de las 10:00 de la noche. Los perros no duermen a la intemperie ni bajo los árboles, sino que tienen una galera donde se resguardan en los días de lluvia, pero en los días de calor se desplazan por todo el terreno para jugar, descansar o hacer siestas.

Foto: LPG/ Michael Huezo

Los perros son alimentados dos veces al día, cuando hay suficiente reserva de alimentos; y una vez al día, cuando hay poco. Para alimentar a los ejemplares, de todos los tamaños y razas, como chihuahua, beagle, pitbull, boxer y muchos criollos, se necesitan cuatro bolsas de 144 libras al día, que se convierten en 120 bolsas al mes. El agua se coloca en grandes depósitos, bajo la sombra de los árboles y de los arbustos, y en ocasiones también reciben una ración de arroz cocinado, pollo o res.

Foto: LPG/ Michael Huezo

Las empresas Diszasa y Textiles Pettenati son amigas del refugio y ayudan a sus administradores con alimentos, pero también hay personas naturales y varios amigos del proyecto que apoyan. "Luego de la pandemia bajó la ayuda, pero siempre se sale adelante. Lo que hacemos es vender quesadillas y macetas con flores", dijo Chicas. También elaboran casitas para perros que se venden desde los 20 hasta los 65 dólares o más. Las casas son personalizadas, colocando el nombre de la mascota y las adornan o pintan según el gusto del cliente.      

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Otra manera de recolectar fondos es a través de "clúster lunch". El próximo se realizará nada menos que el próximo 20 de junio. Por una colaboración de $12, los cooperantes pueden conocer el refugio y disfrutar de un rico almuerzo, explicó.

A pesar de la gran cantidad de caninos, el lugar donde viven se mantiene limpio. Las heces de los animales son eliminadas de forma continua; ellos son bañados y aseados; los que están enfermos son curados, de tal manera que, al acercarse al portón de acceso al lugar, nadie, excepto los que saben, creerán que en su interior hay más de 200 perros.

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Si bien la adopción no es la gran apuesta, la posibilidad está abierta para quienes realmente quieren comprometerse a dar amor y atención a un perrito. Los interesados pueden escribir o llamar al WhatsApp (503) 73961857, o comunicarse por medio medio de las redes sociales.

Sin embargo, ser elegido como "padre o madre" de uno de estos peludos requiere cumplir con una serie de requisitos. "No solo es dar un perro para que se lo lleven y tener menos, se trata de que la persona que lo lleve, lo cuide, lo alimente y le de cariño, todo los necesario para su cuido", explicó Chicas.

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Hasta el momento, luego de varios años funcionando en el lugar, nunca han sido multados ni han tenido problemas con los vecinos, ya que la propiedad está amurallada y es grande. Cuando el proyecto comenzó, en el año 2000, fue en una populosa colonia de Soyapango, pero los vecinos se quejaron, por lo que, con el paso del tiempo, hubo que buscar otro lugar.

De esa forma, el refugio se movió por varios puntos de El Salvador, antes de llegar al sitio donde hoy están.

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Mi Jardín de Peludos de El Salvador tiene tiene su sitio www.mijardindepeludos.com y en Facebook se encuentra como Asociación Mi Jardín de Peludos de El Salvador. También tiene cuentas activas en Twitter e Instagram. Las personas interesadas en ayudar con la alimentación, cuido, medicinas, veterinario, insumos como bolsas para basura, papel periódico, champú y jabón para bañarlos, pueden comunicarse al WhatsApp (503) 73961857, o escribir a las redes para obtener información.

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También hay cuentas abiertas para ayuda a los peludos en el Banco Agrícola y además se puede canalizar por medio de Paypal.  Las personas que quieran entrar al programa de padrinos y madrinas pueden pedir información y aportar $20 dólares al mes. 

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