“Me siento contenta de ayudar a las personas, pese a que soy mayor”

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Samaritana con adultos mayores. Después de su experiencia como docente, Irma Jacinta Hernández se dedicó a asistir a quienes requieren de víveres, ropa, utensilios, incluso servicios elementales como luz eléctrica. Pronto buscará ayuda en Estados Unidos.

Samaritana con adultos mayores. Después de su experiencia como docente, Irma Jacinta Hernández se dedicó a asistir a quienes requieren de víveres, ropa, utensilios, incluso servicios elementales como luz eléctrica. Pronto buscará ayuda en Estados Unidos.

“Me siento contenta de ayudar a las personas, pese a que soy mayor”

“Me siento contenta de ayudar a las personas, pese a que soy mayor”

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Irma Jacinta Hernández tiene 70 años de edad, es maestra jubilada y miembro del Círculo Literario de San Vicente, pero su fuerte es la poesía, la cual disfruta principalmente cuando sus versos tienen que ver con realidades muy propias de los vicentinos.

Según compartió, por 30 años fue profesora de reos en el centro penitenciario de San Vicente, un trabajo que no fue fácil, pero que le enseñó que la profesión por la que optó contribuiría con la construcción de una mejor sociedad, lo cual espera haber logrado al atender a dicho sector de población.

Hace algunos años Irma Jacinta se jubiló, pero su compromiso social con el prójimo la ha llevado a ayudar a personas que necesitan, principalmente a adultos mayores, ancianos que viven en el abandono y en condiciones precarias.

“Yo me siento contenta de ayudar a las personas, pese a que ya soy una mujer mayor. El espíritu no lo pierdo, siempre digo que tengo un asilo, solo que con atención a ancianos en distintos lugares, porque llego hasta sus casas; en el cantón San Diego, la colonia Agua Caliente, acá en la ciudad (de San Vicente), ellos necesitan que alguien les tienda la mano”, dijo la profesora altruista.

Hernández explicó que los beneficiados reciben ropa, utensilios básicos, a veces víveres, y a otros incluso les ha mejorado las condiciones en las que viven, instalándoles energía eléctrica en sus humildes casas, además de la realización de la celebración del Día de la Madre y el de la tercera edad; esto en coordinación con otras amigas que se unen para apoyar.

“Yo comencé de cero. He vivido pruebas que gracias a Dios superé, por eso comparto parte de las bendiciones que Dios me da. Comencé vendiendo botellitas de vidrio frente a una farmacia y ahora tengo un pequeño negocio al que me dedico; y siempre estoy atenta a ayudar a quien lo necesita”, expresó.

Irma es madre soltera de tres hijos. Su esposo se fue a Estados Unidos cuando eran pequeños y la abandonó a su suerte, pero con esfuerzos y trabajo como profesora logró que una jovencita y dos varones se graduaran de carreras universitarias.

Para Petrona Mirtala Arévalo, quien es beneficiada con el apoyo que brinda doña Irma, recibir la ayuda, que no tiene ni de sus familiares, es motivo de felicidad.

“Yo le agradezco mucho a ella, porque yo no tengo apoyo, ni de familia; mis hijos me abandonaron. Mire, ya pasó el Día de la Madre y nadie me ha venido a felicitar. Pero ella y la niña Lucy (otra altruista) siempre me ayudan. Dios y María Santísima me las ha bajado del cielo”, dijo emocionada.

La profesora altruista manifestó que en los próximos días viajará a Estados Unidos a visitar a su hija y buscará apoyo con otros vicentinos radicados en ese país, para conseguir refuerzo y llevar atención a más personas que lo solicitan.

La maestra jubilada y escritora de poemas como “Los juguetes de mi vida”, basado en la historia de un joven vicentino adinerado que lo perdió todo, hizo un llamado a que la solidaridad se ponga de manifiesto, esencialmente con sectores vulnerables como la tercera edad y la niñez.

“Es importante que más personas nos unamos a ayudar al prójimo. La sociedad carece de valores, muchos de estos se han perdido, pero podemos dar desde lo poco o mucho que tengamos y no dudo que las bendiciones son retribuidas, como me sucede a mí”, externó Hernández.

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