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Media vida de enseñanza musical inspirada por la zarzuela “El cóndor pasa”

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Presentación. Los estudiantes que han aprendido música con el profesor Pedro Renato Hernández Ricán durante una participación en la que demostraron sus conocimientos adquiridos en el uso de instrumentos. La labor del docente es de mucho valor cultural.

Presentación. Los estudiantes que han aprendido música con el profesor Pedro Renato Hernández Ricán durante una participación en la que demostraron sus conocimientos adquiridos en el uso de instrumentos. La labor del docente es de mucho valor cultural.

Media vida de enseñanza musical inspirada por la zarzuela “El cóndor pasa”

Media vida de enseñanza musical inspirada por la zarzuela “El cóndor pasa”

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Pedro Renato Hernández Ricán, de 57 años, es un docente que ha podido combinar sus labores académicas con el amor a la música. Este hombre, que proviene de una familia ahuachapaneca de cuatro hijo, siendo el primogénito, ha enseñado la cultura de la música a sus alumnos por más de 28 años.

El profesor explica que todo comenzó cuando en su niñez escuchó la zarzuela peruana “El cóndor pasa”, y desde entonces inició un romance por la música originaria de Los Andes suramericanos, y que comúnmente es conocida como andina.

Su instrumento musical preferido es la zampoña y la quena. De sus tres hijas, de 26, 24 y 16 años ninguna mostró interés por el arte musical.

Cuenta que luego de obtener su título como docente y tras varios años de no poder conseguir un trabajo, en 1988 llegó al Centro Escolar del Cantón La Esperanza, de Atiquizaya, Ahuachapán.

En esa humilde escuela y con instrumentos artesanales inició su camino en la enseñanza de la música andina. “De algunos troncos de bambú hicimos algunos tambores y luego me llevé un par de guitarras viejitas que yo tenía en la casa y así fue la historia de cómo comencé a enseñar el amor a la música andina”, dijo el profesor, agregando que sus primeros discípulos fueron ocho niños del cuarto grado.

Transcurridos cinco años de trabajo se presentó la oportunidad de viajar junto a sus enseñanzas y música al Centro Escolar Isidro Menéndez, una de las escuelas que lo formó en su infancia.

“Con el grupo de niños tuvimos una presentación musical y ahí estaba presente el entonces director del Centro Escolar Isidro Menéndez, quien me ofreció la oportunidad de trabajar con ellos. Yo me sometí al proceso de selección y la respuesta fue positiva”, comentó el docente.

Desde su llegada en 1993 al Isidro Menéndez ha buscado la manera de que los alumnos sientan el mismo amor que él comparte por el mundo de la música. En los primeros años de su trabajo en este lugar le eran asignados los alumnos de sexto grado. Cada uno de los estudiantes que conocían que “tocarían con el profe Hernández” estaba consciente que además de los estudios sería educado en el arte musical.

“Comencé sacando una guitarra en horas del recreo, muchos de los alumnos se interesaron de manera rápida y se inició el gusto por la música andina. Luego de transcurridas algunas semanas comenzamos a formar el grupo musical, con algunos instrumentos como el tambor, la zampoña, el charango, y un güiro”, recordó el profesor.

Añadió que en los últimos años ha sido el encargado de los niños del segundo grado, pero que de igual manera ellos muestran interés y dedicación por el mundo musical. “Uno puede pensar que por estar más niños no pueden tocar un instrumento, o asimilar un ritmo musical, y es totalmente equivocado; ellos a su edad desarrollan una enorme habilidad y oído musical”, explicó Hernández Ricán.

Son 33 alumnos (16 niños y 17 niñas) los que actualmente conforman el grupo musical que interpreta melodías como “Moliendo café”, “El cóndor pasa”, “La traviesa”, entre otras.

El docente dice que aún conserva viva una ilusión: fundar una academia pública donde los niños y jóvenes puedan desarrollar su gusto por el arte musical, además de la enseñanza de la lengua náhuatl.

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