Medidas de bioseguridad en el Mercadito de Merliot

“Toma de temperatura, alcohol gel, desinfección de los zapatos, uso obligatorio de la mascarilla, son medidas que contribuyen a que el virus no se propague”, explicó Rebeca Orellana, quien siempre visita el lugar para comprar comida o insumos para cocinar. 

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Medidas de bioseguridad en el Mercadito de Merliot. Foto de LA PRENSA/Carlos Cárdenas

Medidas de bioseguridad en el Mercadito de Merliot. Foto de LA PRENSA/Carlos Cárdenas

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Desde el inicio de la emergencia por la pandemia del covid-19, el Mercadito de Merliot, como muchos otros mercados a nivel nacional, no cerró al cien por ciento sus actividades económicas, por comercializar insumos de primera necesidad. Sin embargo, desde ese momento se implementaron estrictas medidas de bioseguridad, según explicó José Valle, una de las personas encargadas de la seguridad del lugar.  

“Desde que inició la pandemia, nosotros seguimos con las medidas de bioseguridad para el adjudicatario, los empleados y los visitantes que ingresan al mercadito. Hay tres entradas donde se les toma la temperatura, se les proporciona alcohol gel y se sanitiza a las personas para evitar contagios de covid-19", aseguró Valle.  

Medidas de bioseguridad en el Mercadito de Merliot. Foto de LA PRENSA/Carlos Cárdenas

Según los empleados, las instalaciones del mercado se abren desde las 6:15 y salen a las 4:00 pm todos los días, y en todo momento está el personal atento a cumplir la sanitización.  

“Desde que ingresamos al mercado a todos los que laboramos acá nos toman la temperatura, nos regalan alcohol gel y hay una alfombra con lejía para que podamos desinfectar nuestros zapatos y dentro de los puestos del mercado, cada propietario tiene la obligación de que todos los trabajadores de cocina usemos redecilla o gorra, usar mascarilla y al momento de manipular alimentos o limpiar mesas usar guantes” explicó Jenny Marisol Velásquez, quien se dedica a la atención de los clientes en un comedor de mariscos.

Medidas de bioseguridad en el Mercadito de Merliot. Foto de LA PRENSA/Carlos Cárdenas

Por su parte, María Argueta, quien tiene 28 años de dedicarse al comercio en el lugar, solo descansó un mes en el tiempo de cuarentena y asegura que todo este tiempo se han cumplido todos los protocolos.  

“No tenemos el cien por ciento de mesas para atender al público, solo tenemos la mitad para mantener el distanciamiento social y no podemos tener clientes de pie, al inicio servíamos todo en desechables” explicó la mujer de 58 años.

 
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