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Mi sentimiento de madre me dice que mis hijas viven", los desgarradores relatos que salen en la continuación del juicio El Mozote

La madre y tías de dos niñas declaran ayer sobre la desaparición forzada de las menores durante la masacre de El Mozote.

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Declaración. Las tres testigos rindieron su declaración ante el Juez de Instrucción de San Franciso Gotera, donde se desarrolla el proceso judicial por la masacre de El Mozote

Declaración. Las tres testigos rindieron su declaración ante el Juez de Instrucción de San Franciso Gotera, donde se desarrolla el proceso judicial por la masacre de El Mozote

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"Lo único que quisiera es que me ayudarán a encontrarlas, porque yo creo que ellas siguen vivas", con esa esperanza, se presentó a declarar ayer ante el Juzgado de Instrucción de San Francisco Gotera, en Morazán, Arcadia Ramírez Portillo, de 77 años, quien fue citada como testigo, por la desaparición de sus dos hijas durante el operativo militar que ha sido conocido como la masacre de El Mozote y lugares aledaños.

La madre de las niñas, identificadas como Ana Julia y Carmelina, ambas de apellido Mejía Ramírez, relata que previo a la desaparición de sus hijas el 13 de diciembre de 1981, los soldados también le mataron a nueve familiares, entre ellos a otra hija de nombre Etelbina Ramírez, quien era hermana gemela de Carmelina. Según lo relatado por la anciana, las niñas de 14 y 7 años, fueron trasladadas por un grupo de soldados hasta el centro del municipio de Meanguera. Posteriormente la testigo María Erminia Argueta Quevedo, secundó esa declaración, al asegurar que presenció cuando las menores eran conducidas por unidades militares.

"Mi sentimiento de madre me dice que mis hijas están vivas y creo que ellas piensan en mi, así como lo hago yo", dijo ayer la madre de las desaparecidas, después de rendir su declaración en el juzgado.

Los días del operativo militar y de la desaparición de las niñas, Arcadia no se encontraba en el lugar de la masacre, debido a que se había ido a huir y se refugió en San Francisco Gotera, y solo las visitaba cada ocho días, por temor a represalias de los grupos guerrilleros, pues ella tenía un hijo que estaba de alta en el Destacamento Militar N° 4, de San Francisco Gotera.

La señora Ramírez dice que se enteró de lo sucedido con su familia, hasta el 17 de diciembre, y que fue su hijo militar Avenicio Portillo que le comunicó lo sucedido, quien además le pidió que no regresará al lugar, pero ella decidió volver y comenzó a preguntar por sus hijas y se enteró que no las habían matado, sino que se las habían llevado los soldados.

"Estos casi 39 años ha sido una tortura para toda la familia, principalmente para mi hermana, porque se le muere (asesinado) un hermano, una hija (asesinada) y le desaparecen dos; para ella ha sido mucho más difícil, pero igual para mí. Ha sido una tortura que no se la deseo ni al peor enemigo", expresó Reina Leonila Portillo, tía de las desaparecidas, quien también declaró en el juzgado, y afirmó que ha acompañado a su hermana en la búsqueda de sus hijas.

La tercer testigo que rindió su declaración ayer fue María Erminia Argueta Quevedo, quien es la única de las tres que presenció la desaparición de las menores, y aseguró que después que las niñas fueron sustraídas del cantón Cerro Pando, los soldados las dejaron por un momento en su vivienda, a donde una inquilina quien era madrina de las menores, las bañó y les dio comida, pero posteriormente regresaron los militares y se las llevaron con rumbo desconocido y nunca volvieron a verlas.

Búsqueda. Arcadia Ramírez no pierde la esperanza de encontrar a sus hijas.

Las dos primeras testigos aseguran que en el año 2004 se realizó una exhumación donde residía la familia, en el cantón Cerro Pando, y que en dicho lugar sólo se recuperaron los restos de las nueve personas que fueron asesinadas previo a la desaparición, por lo que las menores continúan como desaparecidas.

El caso de las dos niñas ha sido acumulado al proceso que se sigue en . La investigación ha sido agregada a dicho expediente en razón de que la Fiscalía ha logrado establecer que la desaparición de las menores fue producto de la misma operación militar que cobró la vida de un millar de personas.

"La declaración de las personas ha sido sumamente importante para acreditar en este caso la participación del batallón Atlacatl en la desaparición de las niñas" dijo el fiscal Julio Cesar Larrama , coordinador del grupo para investigación de crímenes de guerra.

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