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Michelle, la gran pequeña guerrera sobreviviente de cáncer

La menor ha concluido con éxito el tratamiento contra la leucemia, dando una gran lección por su ejemplo de lucha por la vida.

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Foto: Juan Carlos Barahona

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A sus cuatro años y ocho meses de edad, la pequeña Magaly Michelle López Castro no alcanza a dimensionar qué significa el cáncer o leucemia, enfermedad con la que ha luchado desde hace 10 meses, cuando fue diagnosticada, y de la cual ha salido victoriosa.

Tampoco dimensiona la magnitud de la lucha que a su corta edad le ha tocado vivir junto a su familia y, mucho menos, la gran lección de vida que ha dado, sin quererlo, convirtiéndose en ejemplo de lucha por la vida.

Sus enormes y expresivos ojos cafés y sonrisa permanente la han acompañado en esta lucha, que inició a principios de año, que la llevó a permanecer ingresada por largos periodos de tiempo en el hospital de Niños Benjamín Bloom. E tratamiento de quimioterapia le arrebató su cabello, pero no pudo apagar sus ojos ni su sonrisa.

Inquieta y bailarina juega en su casa del barrio Santa Cruz de Santa Ana con sus muñecas y peluches, mientras su madre, Maritza Magaly Castro, relata los duros momentos que le ha tocado vivir desde que comenzó a notar los síntomas que llevaron a tomar los exámenes pertinentes a la menor y recibir la noticia del diagnóstico positivo de leucemia.

“Primero enfrentarnos al diagnóstico, enfrentarnos al paradigma que uno lo asocia (el cáncer) con la muerte, el antecedente en la familia, que ya hay varios que han muerto por eso, uno solo piensa en el desenlace, pero cuando el doctor me dio a mí la noticia, lo tomé con fe, que la niña iba a salir adelante, yo no lo creía, asimilarlo es bien difícil”, dice.

La noticia cayó como balde de agua fría para toda la familia de la pequeña Michelle, pero permitió unirse en oración para pedir por la sanación de la niña que, sin estar consciente a lo que se enfrentaba, inició su tratamiento médico. Su madre asegura que lo afrontó con valentía y con el entusiasmo y la hiperactividad que la caracteriza.

“Cuando yo hablé con el doctor, él me dio el 30 por ciento de vida. Hace seis meses, como familia, nos unimos en oración; tenemos mucha fe en Dios y lo dejamos todo en sus manos. Es el primer paso que dimos como familia, unirnos todos en una cadena de oración y hasta los amigos”, agrega.

La madre recuerda que el inicio del tratamiento fue traumático para Michelle, ya que los constantes pinchones para sacarle sangre y los estudios que le practicaban en el hospital, llevaron a la niña a tenerle pavor al personal médico. Sin embargo, con el tiempo lo superó hasta el punto de volverse amiga de los médicos, enfermeras y del resto de pacientes que, como ella, permanecían ingresados.

“Los primeros días fueron horribles, traumáticos para ella, dejó de comer, eran gritos cada vez que se acercaban a ella; pero siempre la actitud de ella ha sido bien positiva, ella tiene una gran fe, siempre ha sido alegre. Ella no entiende la magnitud de la enfermedad, de la gravedad, ella siempre me decía que oráramos y que papá Chus (Jesús) estaba con ella, siempre fue bien positiva”, relata Castro.

“En comparación de otros niños, ella siempre estaba activa y eso le destacaban los médicos ahí en el Bloom, que era una niña increíble, la hiperactividad de ella, el entusiasmo, el carisma siempre ella sobresalía. Ella se dio a conocer así, una gran confianza, eso influyó en el tratamiento”, consideró su madre.

Ahora, 10 meses después de aquella mala noticia y de haber pasado por largos ingresos en el hospital y riesgo de muerte, las ocurrencias de Michelle han regresado a su casa en Santa Ana, donde recibe atenciones y cuidos especiales para evitar una recaída.

“Ya ingresos largos se acabaron, puede recaer, por algún tipo de infección o fiebre, pero ya ingresos largos ya no, automáticamente significa que ha vencido el cáncer, es una gran alegría y satisfacción, que todo el esfuerzo que hicimos valió la pena. La vemos que está alegre, el vacío que había en la casa ya se llenó”, dice la madre, haciendo esfuerzos por no romper en llanto.

En su pequeña mente, Michelle tiene claro que no quiere regresar al hospital Bloom para estar ingresada nuevamente, pero sí para visitar a sus amiguitos que todavía luchan contra el cáncer y llevarles juguetes y regalos.

“Ya no voy a tener ingresos y todo el tiempo voy a estar en mi casa con mi mamá y con mi papá y toda mi familia. Allá tenía muchos amigos, yo quiero ir a visitarlos y jugar con ellos, los quiero ir a abrazar, quiero llevarles juguetes míos”, dice con una voz entusiasmada la pequeña sobreviviente del cáncer.

Magaly Michelle ahora juega en su casa, donde corre por la sala y el patio; donde juega con sus muñecas y donde espera que el cáncer sea solo un mal recuerdo que quedó en el pasado, una mala experiencia que la convirtió en una pequeña gran guerrera que ahora puede decirse sobreviviente de cáncer.

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  • Benjamín Bloom
  • Sobreviviente de cáncer
  • cáncer
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