Miles celebran el centenario del beato Romero en Ciudad Barrios

Tras una maratónica caminata desde Chapeltique a Ciudad Barrios, miles de peregrinos estuvieron presentes este domingo en la conmemoración del beato, cuya misa terminó pasadas las 6 de la tarde.
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Miles de personas, provenientes de todas partes del país, peregrinaron hasta Ciudad Barrios, en San Miguel, para participar en la misa de celebración del centenario del beato Óscar Romero, quien, según anunció el cardenal Gregorio Rosa Chávez, podría ser beatificado el próximo año.

Fue una jornada larga y de mucho esfuerzo. Comenzó a las 8 de la mañana con el inicio de la caminata hasta el municipio natal de Romero desde Chapeltique. Era una calle empinada y llena de curvas por donde los feligreses parecían, a ratos, una muchedumbre henchida de cantos, o una cadena de murmullos cuando era el momento de las oraciones.

El esfuerzo no estuvo exento de problemas. En algunos de los tramos, por los altoparlantes se anunciaba que el agua se había terminado. Muchos optaron por acercar sus botellas a los manantiales naturales en la orilla del camino. Hubo desmayos, personas en riesgo de una deshidratación, una joven golpeada tras caer de un automóvil en movimiento... La Cruz Roja de Ciudad Barrios contabilizó más de una treintena de emergencias atendidas en los tres puestos que se ubicaron en el municipio. En ningún caso fue necesario acudir al hospital.

El cardenal Gregorio Rosa Chávez fue el único miembro de la alta jerarquía de la Iglesia que se dejó ver caminando en medio de la gente. Lo hizo de manera estoica, echando mano de su bastón. La caminata duró unas cinco horas de Chapeltique a Ciudad Barrios, pero el sacerdote, y miles de personas nunca dejaron de caminar. “Es lo menos que puedo hacer por alguien tan grande al que, además, tuve de conocer y saber que me tenía muy alta estima. Este esfuerzo no es nada comparado con su martirio”, dijo el cardenal.

La llegada al municipio natal de Romero tampoco fue un alivio para los trabajos de los fieles. Un poco después de las 2 de la tarde, que en el papel era la hora para que comenzara la misa principal, se desató la primera de tres tormentas que hicieron pensar a los fieles que las actividades se cancelarían.

El escenario preparado para la ocasión sirvió de resguardo para decenas que no estaban preparadas para la lluvia. Sin embargo, su poca resistencia al peso hizo que los organizadores abrieran las puertas de la catedral de Ciudad Barrios, ubicada justo atrás, para que decenas pudieran entrar.

El mal tiempo no amainó sino hasta pasadas las 3:30 de la tarde. En tiempo récord, los lugareños lograron reacondicionar el escenario para la celebración de la eucaristía, con una escultura de Romero como la figura preeminente.

Los organizadores comenzaron a anunciar que muy pronto se realizaría la misa, por lo que los encargados de darle su voz a la lectura debían acercarse a la tarima. A un lado del escenario, varias personas estaban expectantes a la calle de arriba, pues se esperaba que desde allí llegara la procesión. Uno era Roberto Iraheta, quien había estado en toda la caminata, desde San Salvador. Venía de Juayúa. Para él era especialmente significativo, pues, dice, conoció al sacerdote en persona, cuando era el consejero espiritual de la institución educativa a la que asistía.

Para él, que ningún representante del gobierno central haya llegado para las celebraciones representó una buena noticia, pues era símbolo de que su figura comenzaba a “limpiarse de aquellas cosas que le han generado anticuerpos” en algunos sectores conservadores de la sociedad.

“Romero no era de un partido. La forma en que se le ha utilizado, imagino yo, él nunca se lo hubiera esperado. A mí me da vergüenza cuando su foto está a la par del Che Guevara o de Schafik Hándal, pues él no tiene nada que ver con ellos”, comenta.

La misa comenzó apenas pasadas las 4 de la tarde. El encargado de oficiarla fue el cardenal Ricardo Ezzati, el enviado especial del papa Francisco para celebrar el natalicio de Romero. El sacerdote se mostró sorprendido por la decisión de los feligreses, que no amainaron la marcha en ningún momento, a pesar de la tormenta y lo duro del terreno. La misa finalizó después de las 6 de la tarde.
 

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