Lo más visto

“No pusieron atención en reparar el tejido social”

Enlace copiado
Superviviente.  Gloria Portillo Medrano sostiene un cuadro en el que aparecen fotografías de sus tres hijos asesinados durante la guerra. La septuagenaria reside en el casco urbano de Sesori, el cual fue bastión de los grupos guerrilleros a tal punto de mantener el control del lugar durante cinco años.

Superviviente. Gloria Portillo Medrano sostiene un cuadro en el que aparecen fotografías de sus tres hijos asesinados durante la guerra. La septuagenaria reside en el casco urbano de Sesori, el cual fue bastión de los grupos guerrilleros a tal punto de mantener el control del lugar durante cinco años.

Recuerdos.  El alcalde de Sesori, René Portillo, sostiene fotografías que retratan el conflicto armado, cuando la guerrilla se tomó el pueblo y lo usó como base de operaciones para mantener control territorial.

Recuerdos. El alcalde de Sesori, René Portillo, sostiene fotografías que retratan el conflicto armado, cuando la guerrilla se tomó el pueblo y lo usó como base de operaciones para mantener control territorial.

Simbólico.  En el parque central de Sesori se levantó un busto del capitán general Gerardo Barrios, quien nació en ese municipio migueleño, el cual fue duramente castigado durante la guerra civil.

Simbólico. En el parque central de Sesori se levantó un busto del capitán general Gerardo Barrios, quien nació en ese municipio migueleño, el cual fue duramente castigado durante la guerra civil.

“No pusieron atención en reparar el tejido social”

“No pusieron atención en reparar el tejido social”

Enlace copiado
En el casco urbano de la ciudad de Sesori, en San Miguel, quedan pocos indicios del período de la guerra civil que enlutó al país durante la década de los ochenta y que finalizó, hace 25 años, con la firma de los Acuerdos de Paz.

Según relatos de pobladores de ese municipio, entre el período de 1981 a 1989 se acostumbraron a vivir en un lugar que se mantenía sitiado por grupos de insurgentes y miembros de la fuerzas de seguridad pública, que imponían sus propias reglas sociales, que incluían los toques de queda y la prohibición de realizar actividades tan básicas como velar a los muertos.Y aunque Sesori fue considerado un bastión de los grupos insurgentes, siendo parte de los lugares donde el gobierno de José Napoleón Duarte quiso entablar un diálogo con la guerrilla, actualmente solo se conservan unos cuantos agujeros de bala en las casas que circundan el parque central, así como un par de letras con las iniciales de algunos grupos de la guerrilla que se tomaron el municipio y obligaron a que la comuna funcionara en el exilio durante casi siete años.

Sesori fue escogido por Duarte para acercarse a la guerrilla luego de que en Panamá, en 1985, no se llegó a ningún acuerdo entre la delegación salvadoreña y los combatientes. El presidente dio como plazo hasta el 19 de septiembre de ese año para que el FMLN diera una respuesta para dialogar al siguiente día en Sesori.

“Vengan alzados en armas, aquí estoy en Sesori esperándoles para dialogar, para ponerle fin a la violencia que ustedes generan”, expresó Duarte durante una concentración por la paz.

A pesar de su importancia histórica, tras 25 años de haber cesado la lluvia de balas y proyectiles en una tormenta de muerte y destrucción, solo los pobladores de mayor edad recuerdan que el pueblo tiene un cuarto de siglo de permanecer en un período de relativa paz, que de vez en cuando se ve interrumpida con el accionar de los grupos de pandillas que operan sobre todo en la zona rural. 

“Antes no podíamos andar libremente en el pueblo porque había constantes enfrentamientos que nos obligaban a encerrarnos en las casas hasta que pasaba la lluvia de balas. Ahora hay violencia, pero es diferente”, dice Leonor de Jesús Hernández, de 67 años, quien sufrió en carne propia los embates del conflicto armado.

Ella recuerda que tuvo que salir del pueblo cuando los guerrilleros se tomaron el local donde funcionaba la alcaldía, la comandancia de la extinta Guardia Nacional y el que servía de sede de la Defensa Civil, ya que ella era una de las empleadas de la comuna.

Leonor cuenta que se vio obligada a dejar a dos de sus hijos a cargo de su madre y se tuvo que trasladar hacia la ciudad de San Miguel, donde funcionó la Alcaldía de Sesori en el exilio. Al pueblo regresaba los fines de semana, para lo cual debía caminar hasta tres horas, bajo el riesgo de morir en uno de los tantos fuegos cruzados que ocurrían en el trayecto hacia su casa.

Otra de las personas que aún conservan en la mente imágenes de ese período es Gloria Portillo Medrano, de 78 años, quien perdió a tres de sus hijos a causa de la guerra. “El 1.º de diciembre de 1980 se llevaron a mi hijo César Portillo Mendoza, quien era juez, junto con el alcalde de esa época y los mataron aquí, a la salida del pueblo. En enero de 1981 desaparecieron a mi hijo Carlos Vinicio Portillo Mendoza y lo mataron en la masacre de La Angostura”, recuerda la mujer, mientras los ojos se le humedecen. 

Agrega que el menor de sus hijos, Éver Douglas, tenía 15 años cuando andaba regando semilla y se paró en una mina que estaba en los terrenos afuera de su casa. Murió en el instante.

La septuagenaria conserva un cuadro con las imágenes de sus tres hijos y de su esposo, quien falleció hace 14 años. En su sencilla vivienda de una sola pieza también hay un cancel con las fotos de sus nietos y de los cuatro hijos que tuvieron que emigrar hacia Estados Unidos para evitar que los mataran.

“Al primer hijo lo enterramos el mismo día que lo mataron porque no pudimos velarlo. El otro hijo quedó en un lugar donde no pudimos recuperar sus restos, porque era imposible llegar por el miedo a que nos mataran”, cuenta la mujer, quien apenas pudo sepultar los restos del segundo de sus hijos asesinados luego de un largo proceso que finalizó en 2009, cuando el Gobierno exhumó y entregó las osamentas de las víctimas de la matanza de La Angostura.

Para ella, la violencia social que se vive ahora no se compara con el horror de la guerra, que convirtió a su pueblo natal en una comunidad repleta de mujeres y niños menores de 15 años, ya que los adolescentes tuvieron que emigrar para evitar ser reclutados por miembros del Ejército y de la guerrilla.

En silencio

Aun con toda esta historia, Sesori pasaría el 16 de enero como un día rutinario. El alcalde René Portillo informó que en el casco urbano no habría actos especiales para recordar los 25 años de la firma de los Acuerdos de la Paz. Según el jefe municipal, los únicos que conmemorarían la fecha serían los habitantes del asentamiento La Leonor, del cantón Managuare, donde residen alrededor de 25 familias de excombatientes de la guerrilla.

“Cada 16 de enero se hace un evento en la comunidad La Leonor, que es donde quedó un asentamiento de exguerrilleros. Ahí se hace una tipo feria y para este año tenemos torneos de fútbol, palos encebados, fiesta bailable y por primera vez se hará un convivio con los veteranos de la guerrilla”, dijo.

Portillo considera que aunque las balas ya no llueven, no se logró la consolidación de la paz debido a que los gobiernos y la sociedad salvadoreña se dedicaron a reconstruir la infraestructura, pero no pusieron atención en reparar el tejido social y la parte moral y mental de los pueblos que resultaron dañados. “No se alcanzó una paz verdadera. No la hemos alcanzado porque la sociedad salvadoreña sigue viviendo en zozobra a pesar de los pocos cambios que se han hecho”, aseveró.

También afirmó que la comuna de Sesori se encargará de recopilar historias de los supervivientes del período de la guerra, para legarlas a las nuevas generaciones y que estas no olviden que hubo un período cuando el lugar estuvo rodeado de gente armada.

Tags:

Lee también

Comentarios