“No tenemos dinero para salir huyendo”

Luego del ataque que sufrió por parte de pandilleros, un hombre de Ahuachapán tuvo que separarse de su familia porque no cuentan con recursos para cambiarse de domicilio y dejar atrás una colonia peligrosa.
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Leonardo (nombre cambiado por seguridad) afirma que él es “un milagro caminando” luego que semanas atrás fuera atacado por miembros de grupos terroristas cuyo objetivo era asesinarlo.

Cuenta que la mañana del atentado le pidió a su esposa que comenzara sin su compañía el recorrido desde la vivienda hasta la carretera, que es de aproximadamente un kilómetro, para luego dirigirse hacia su trabajo. “Como que presentí algo, que le dije a ella que agarrara al niño y comenzara a caminar, que yo los alcanzaba al rato”, dice el joven de 23 años.

Una vez su esposa e hijo se habían adelantado Leonardo emprendió la salida. Solamente había caminado unos cuantos metros cuando dos jóvenes, no mayores de edad que él, le salieron al paso. Cada uno portaba un arma blanca.

Semanas antes varios pandilleros que viven en los alrededores de la colonia donde reside, en Ahuachapán, le habían dicho que les iba a hacer “varios favores”. Sin tener la menor sospecha de qué se trataba, Leonardo les dijo que no estaba dispuesto a ayudarles, porque no quería tener problemas con la policía y mucho menos en su lugar trabajo.

“Ese día, cuando los vi con los corvos en las manos, sabía que era porque no me hice del lado de ellos, que fue porque no les hice el favor de ir a recogerles una renta o llevarles droga. Sabía que iban a matarme a pesar que yo no les había hecho nada”, recordó.

Al verse amenazado por los delincuentes que blandían las armas blancas no intentó correr, por temor a que la represalia fuera en contra del resto de su familia, por lo que decidió, sin pensarlo, enfrentarse al filo de los corvos solamente con sus manos.

“Cuando me tiraban los filazos les alcanzaba a meter las manos, en otros la espalda. Fue así que en una de esas logré quitarle el machete a uno y comencé a defenderme”, cuenta Leonardo.

Poco a poco logró desarticular el brutal ataque en su contra y a pesar que muchos de sus vecinos presenciaron la escena nadie trató de impedirlo o ayudarle. Estando muy herido Leonardo logró caminar unos cuantos metros y luego cayó inconsciente, siendo auxiliado hasta entonces por algunos conocidos.

“Cuando desperté estaba en (el local de) FOSALUD y de ahí me mandaron al hospital de Santa Ana, porque las heridas eran profundas. Ahí pasé más de un mes sanándome”, indicó mientras observaba su mano derecha que aún está vendada. Salvó su vida, pero a causa del ataque ha perdido la movilidad en tres dedos.

Leonardo dice que luego de la agresión su esposa e hijo dejaron de vivir en la colonia donde ocurrió el ataque, pero que aún mantienen su objetos personales en dicha vivienda. Sostiene que la falta de dinero no les ha permitido mudarse a otro lugar y comenzar una nueva vida, lejos de las amenazas y el peligro de los miembros de grupos terroristas.

“Vemos en las noticias cómo a otra gente que la amenazan huye, pero nosotros no tenemos dinero para salir huyendo, lo que gano en mi trabajo apenas nos alcanza para ir sobreviviendo”, asegura la víctima mientras baja su mirada.

Las condiciones económicas en su grupo familiar no le permiten disponer de dinero para contratar un vehículo, subir sus pertenencias y alejarse el peligro. Su sueldo de $190 mensuales lo dejan sin mayores alternativas.

Según sus cálculos, trasladarse a otra colonia de Ahuachapán implicaría pagar por el alquiler de vivienda $80 como mínimo; le quedarían $110 para cubrir el pago de agua, energía, comprar alimentos y cancelar créditos por algunos electrodomésticos que ha logrado obtener.

“Vivimos ajustados con el dinero. Mi esposa tiene un presupuesto muy rígido y eso contempla no pagar por el alquiler de una casa. Somos pobres y con nuestros esfuerzos hemos logrado sacar algunas cositas y comprar otras”, detalla el hombre.

La idea de trasladarse para vivir con familiares no la contempla, porque afirma que ellos están en igual situación de pobreza, o en otros casos, peor que la de él.

“No queremos molestar a nuestras familias, en especial yo, porque sabemos que dinero no hay y no podemos poner en aprietos a otra gente, porque quiérase o no siempre le ofrecen una tortilla. Mi esposa ya se mudó con sus papás y nos vemos todos los días. El que más sufre es mi niño, porque de momento no estamos juntos”, explica Leonardo con sentimientos encontrados.

Pero no se da por vencido y sus planes ahora pasan por encontrar un mejor trabajo que le brinde un mejor salario y así poder mudarse con su familia de la colonia que la policía de Ahauchapán tiene perfilada como de alto riesgo por la presencia de miembros de pandillas, lo que le permitiría volver a convivir con su esposa e hijo.

“Sé que debo buscar otro trabajo donde gane un poco más y eso permita que alquilemos una casita para mi familia, pero la situación está cruda”, manifiesta casi desesperanzado.

Ahora Leonardo solamente llega a la vivienda algunos momentos del día, pero vive con el temor de que sus atacantes intenten de nuevo asesinarlo.

“Mientras no tengamos un lugar, la incertidumbre siempre nos acompañará. Que se haga la voluntad de Dios”, dice minutos antes de ingresar a su puesto de trabajo, al cual regresó luego de casi dos meses de inactividad.

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