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"Nos amenazan con trasladarnos a un albergue con peores condiciones"

Cuatro albergados, que cumplen aislamiento en un hotel capitalino, describen el maltrato que han recibido en 20 días de encierro, tiempo en el que no les han dejado ver ni un rayo de luz solar.

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Humedad. La ropa la deben lavar en el baño y tender en el interior del cuarto. Las autoridades no les permiten abrir las ventanas.

Humedad. La ropa la deben lavar en el baño y tender en el interior del cuarto. Las autoridades no les permiten abrir las ventanas.

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Veinte días sin poder tomar el sol, cuartos con nula ventilación, desatención a peticiones de medicamentos, falta de pruebas de la covid-19 y amenazas con traslado a un "albergue insalubre" si muestran alguna disconformidad. Así resumen las irregularidades cuatro de los albergados que guardan cuarentena institucional en el Apart Novo Hotel como parte de la estrategia del Gobierno para contener la propagación de la pandemia en El Salvador.

Uno de ellos es Javier(nombre cambiado como los otros usados en este texto), quien llegó al albergue el 18 de marzo pasado. Lo hizo tras ingresar a El Salvador proveniente de Honduras por la frontera El Amatillo (en el departamento de La Unión). Eran las 11 de la mañana cuando fue entrevistado por Migración. Lo primero que le preguntaron, según recuerda, fue su historial clínico. Les contó que sufre de depresión mayor, vértigo, disquinesias (movimientos involutarios de los músculos) y bajo nivel de azúcar en la sangre; por lo que debe tomar medicamentos de forma continua.

Diecisiete horas después, fue trasladado al Apart Novo Hotel, ubicado en la colonia Escalón de San Salvador, donde le dijeron que permanecería aislado durante 30 días, según la orden Ejecutiva, avalada por la Asamblea Legislativa, para evitar que pudiera propagar el nuevo virus, en caso de estar contagiado. Eran la 4 de la madrugada del 19 de marzo pasado.

Javier dice que ya instalados en el albergue les prohibieron salir de los cuartos, e incluso que abrieran las ventanas: "Eso es algo que va contra lo que recomiendan los medicos especialistas".

Javier solicitó al médico encargado del albergue que les permitiera "unos 15 minutos de sol al día". La petición fue denegada.

Por lo que Javier, al igual que los otros 78 albergados en este centro de contención, sin recibir la luz solar.

Una habitación más allá, permanece Manuel. Él cuenta que también llegó al albergue el 9 de marzo pasado. Desde entonces, confirma que no ha recibido un rayo de luz solar y tampoco tiene la autorización para abrir las ventanas.

"Desde el primer día se nos ha estado repitiendo que nos pueden trasladar a otros albergues donde las condiciones son peores, así que uno siente temor de hacer cualquier petición al personal de Salud", le contó Manuel a LA PRENS GRÁFICA por medio de un correo electrónico.

Los albergados explican que lavan la ropa en lavamanos del baño y la tienden en las habitaciones.

Además de esas irregularidades, los albergados también se quejan de que no les han realizado la prueba de la covid-19, pues consideran que ya pasó suficiente tiempo para poder regresar a sus hogares.

David, otro de los que guardan cuarentena en ese hotel, cuenta que el personal encargado les trata con discriminación; pues les tocan la puerta y deben esperar unos minutos antes de abrir. Afuera han colocado sillas metálicas donde les dejan la comida. "Estamos siendo tratados como los peores delincuentes o leprosos", remata.

Muchas veces, de acuerdo con Javier, la comida permanece junto a la bolsa donde les han dicho que saquen los desechos.

Durante un tiempo, los administradores del albergue le delegaron la entrega del alimento a Dagoberto, otro albergado que dice haber aceptado la tarea por ser "algo humanitario"; pero le dio temor de contagiarse debido al contacto con sus vecinos.

Javier dice que un día vio cuando le dejó la comida. Se sorprendió de que fuera un compañero y que además estaba descalzo.

Dagoberto señala que desde hace tres días ya no tiene que realizar esa tarea debido a las protestas "de otro señor aquí en el albergue". Reconoce que eso le alegra "por mi salud y también hace que el encierro sea ahora más difícil de llevar; pero entiendo que el señor que se quejó no lo hizo por perjudicarme, ya que incluso me obsequió unas sandalias para que yo no siguiera recorriendo descalzo por las instalaciones del hotel".

Agrega que andaba descalzo "porque cuando entré al país solo tenía un par de zapatos, que por el uso ya estaban desgastados. Aquí se me terminaron de arruinar".

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