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“Nos vamos a levantar, solo queremos ayuda”

La cancha de fútbol del cantón Piedra Blanca, en Chirilagua, San Miguel, sirvió de albergue improvisado para 350 familias de esta comunidad que perdieron sus viviendas a raíz del enjambre sísmico que ha afectado a los municipios de Chirilagua, en San Miguel, e Intipucá y El Carmen, en La Unión.
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El fenómeno inició el sábado por la noche y hasta ayer continuaba sacudiendo la tierra a razón de un sismo cada 13 horas. Y aunque la mayoría de movimientos no han sido perceptibles para la población, al menos 80 de ellos han alcanzado magnitudes suficientes para hacer temblar la tierra y crispar los nervios de los habitantes.Ante la incertidumbre de no saber cuándo terminará de temblar, pasaron la noche a la intemperie, tuvieron que pernoctar en las hamacas que llevaron desde sus hogares. Otros durmieron en el suelo, sobre plásticos, cartones o sábanas que colocaron sobre una cancha de fútbol, pues no había colchonetas, tiendas de campañas ni frazadas para cobijarse; ninguna institución les llevó nada.

“A Dios gracias no llovió, si no, nos hubiéramos mojado todos. Lo que más nos preocupan son los niños, que aquí hay bastantes”, dice Zoila del Carmen Martínez, de 56 años, mientras prepara alimentos para los 16 miembros de su familia que se mudaron al albergue improvisado, luego de que los sismos les dañaron seriamente sus viviendas.

En el lugar fueron montados hasta ayer varios canopis, que supuestamente servirían para que las familias durmieran bajo el cobijo de un techo plástico, ya que la época lluviosa está en puerta y siempre existe el riesgo de que surja un chubasco inesperado. Sin embargo, la mayoría de gente prefirió juntarse con otras familias, para montar pequeños campamentos en torno a una fogata, que les sirvió para procurarse calor y espantar los zancudos que abundan en el lugar.

“Al menos el alimento no ha faltado. De la alcaldía nos trajeron arroz, frijoles, aceite y maíz, café y azúcar”, cuenta Martha de Orellana, una líder que asumió la tarea de preparar los alimentos, junto a otras mujeres.

A media mañana, el albergue fue visitado por el vicepresidente Óscar Ortiz y la ministra de Medio Ambiente, Lina Pohl, quienes verificaron los daños y dieron un pequeño discurso sobre la situación del enjambre sísmico y el apoyo que se le dará a las personas damnificadas. La visita de los funcionarios pasó casi desapercibida, pues casi al mismo tiempo llegó una brigada médica que comenzó a dar consultas a buena parte de las mujeres, niños y ancianos del lugar.

Ortiz prometió que recibirán tiendas de campaña, colchonetas, frazadas y suministro de agua potable. Pohl, en cambio, trató de explicar las causas de tanto movimiento telúrico y les dijo que el enjambre continuará por tiempo indefinido.

“Esto es una serie de sismos en corto lapso de tiempo y que pueden incluso alcanzar los 1,000 sismos, ahorita llevamos casi 500 sismos, pero podemos llegar a más. Acá los enjambres sísmicos tienen la historia de ser muy largos en el tiempo, durar hasta casi un mes”, indicó, no sin antes recomendar que lo mejor es acatar las recomendaciones de las autoridades de Protección Civil y dejar sus casas por el riesgo de derrumbes de estructuras ya dañadas.

Muchas personas prefirieron permanecer en los patios de sus casas, junto a las viviendas derruidas. Según ellas, “para cuidar las pocas pertenencias y los animalitos” que les quedaron.

“Lo que queremos es que nos traigan láminas para levantar de nuevo nuestras casas. Acá a todos se nos dañaron las viviendas y no sabemos cómo vamos a hacer para vivir, ya que pronto vienen las lluvias”, manifiesta Sandra Elizabeth Cárcamo Alvarado, una residente del caserío Puerto Viejo que se gana la vida lavado ajeno.

La mujer de 35 años perdió la vivienda de adobe y techo de lámina, que con mucho esfuerzo construyó, junto a su hermana y a un sobrino que vive con ellas. Cuenta que no han querido mudarse, a ninguno de los albergues de la zona, porque tienen miedo de perder la ropa que lograron rescatar de entre los escombros, al igual que las gallinas y el cerdo que constituyen todo su patrimonio familiar.

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