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"Nunca me imaginé estar poniéndole flores a mi hijo", la desgarradora historia de un salvadoreño que murió intentando cruzar el río Bravo

Durante un mes y medio la familia hizo colectas para recaudar más de $5 mil, para traer el cuerpo al país. 

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Foto: LA PRENSA GRÁFICA/ Juan Carlos Díaz

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"Nunca me imagine estar poniéndole flores a mi hijo", dice una madre, quien sin contener sus lágrimas coloca las mejores rosas de las que ella misma vende en el mercado de Usulután, pero esta vez las pone al pie de un cartel con la fotografía de uno de sus hijos, quien murió en la abrumadora ruta del migrante. 

El pasado 15 de enero, Geronimo Evaristo Beltrán, de 32 años, salió en horas de la madrugada de su lugar de origen en el cantón El Cerrito, de Usulután, su familia que lo despidió ese día, cuentan que llevaba un bolso con un poco de ropa, pero su mente iba llena de metas y objetivos que pretendía cumplir al llegar a Estados Unidos.

Foto: cortesía.

"Él siempre lo que quería era sacar adelante a sus dos hijas, y me dijo que se iba ir porque quería lograr hacer su casa para su familia. La realidad que vivimos en este país, hacen que las personas tomen la decisión de emigrar para tener mejores oportunidades", dice Marcos Anibal Beltrán, padre del migrante fallecido. 

El 31 de enero por motivos de la celebración del cumpleaños de una de las hijas de Geronimo, la familia todavía tuvo comunicación con él, incluso dicen que lo vieron a través de una videollamada y cuentan que se veía muy animado, pues estaba apunto de cruzar el temido río Bravo, que divide a México con los Estados Unidos. 

Posteriormente en la noche de ese día, el joven ya no respondió mensajes ni llamadas, el siguiente día por la mañana sucedió lo mismo, y fue hasta la tarde del 1 de febrero que la compañera de vida de Geronimo, recibió una llamada internacional donde le notificaron que habían encontrado un cuerpo sin vida y cerca de él habían números de teléfonos, direcciones e identificaciones que hacían sospechar que el fallecido era  el joven usuluteco. 

Foto: LA PRENSA GRÁFICA/ Juan Carlos Díaz

Antes de emprender el viaje hacia Norteamérica, Beltrán trabajaba para una tienda al mayoreo en la cabecera departamental, en donde laboró por siete años ganando el salario mínimo, y en vista que no alcanzaba a cubrir todas las necesidades de su familia que la conformaban cuatro miembros, decidió irse de mojado. 

"Él siempre decía: yo trabajo y trabajo y nunca pasó de lo mismo, el sueldo no me alcanza. Él me dijo que al llegar me iba ayudar a salir de las deudas que tenemos y me pedía que no me afligiera que íbamos a salir adelante cuando él llegara, pero lo perdí para siempre", relata Cipriana Antonia de Paz, madre del joven. 

Foto: LA PRENSA GRÁFICA/ Juan Carlos Díaz

Luego de un proceso para la identificación, la familia recibió la confirmación que el cuerpo que había sido encontrado al otro lado del río Bravo era el de Geronimo, y que podían iniciar el proceso de repatriación, el cuál tardó un mes y medio, pues la familia no contaba con los recursos económicos para pagar todos los costos. 

Después de hacer varias colectas durante 45 días y pedir apoyo de diferentes personas, la familia logró repatriar el cuerpo del migrante usuluteco, el cuál fue recibido el sábado por la madrugada en el aeropuerto Oscar Arnulfo Romero, y fue trasladado hasta el cantón El Cerrito, de la ciudad usuluteca, en donde será velado y sus restos serán sepultados mañana, lunes, en el cementerio del municipio. 

Este hombre que tenía sueños para sus dos hijas; una de seis años y la otra de 10, así como para su esposa, ahora ya no lo podrán volver a ver con vida. Sobre el ataúd las niñas han colocado un corazón con un escrito que dice; "te amo mucho papá".

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