Organizaciones celebran un año de beatificación de Romero

Hace 36 años, el beato Romero murió asesinado a mitad de una misa. Las comunidades eclesiales y otros grupos se reunieron a reforzar el mensaje que dirigió.
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Unión.  Las comunidades y otras organizaciones abogaron por una sociedad más unida.

Unión. Las comunidades y otras organizaciones abogaron por una sociedad más unida.

Celebración.  Las comunidades eclesiales y otras congregaciones participaron ayer en una misa de aniversario por el beato Óscar Romero.

Celebración. Las comunidades eclesiales y otras congregaciones participaron ayer en una misa de aniversario por el beato Óscar Romero.

Organizaciones celebran un año de beatificación de Romero

Organizaciones celebran un año de beatificación de Romero

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Las comunidades eclesiales de base y diversas congregaciones religiosas celebraron ayer el martirio y beatificación de Óscar Arnulfo Romero Galdámez con una misa y una larga marcha.

“Las palabras de Monseñor Romero trascienden el tiempo y las fronteras”, dijo ayer Rogelio Ponselee, sacerdote que ejerce en el municipio de Perquín, Morazán. Ponselee fue el encargado de dirigir la homilía en la misa que celebraron ayer, a las 7 de la mañana, en La Divina Providencia. Este fue el lugar donde Romero fue asesinado hace 36 años.

Ponselee, que nació en Bélgica, también comentó que “la principal preocupación de Monseñor Romero eran los pobres, por encima de todo”.

Después de la misa, cientos de fieles caminaron desde La Divina Providencia hasta El Salvador del Mundo. En esa primera estación, la Coordinadora Ecuménica de la Iglesia de los Pobres de El Salvador (CIEPES) pidió a los dirigentes religiosos que se acercaran más a la población vulnerable. En la estación del parque Cuscatlán, los fieles recordaron el asesinato de los sacerdotes jesuitas y dos de sus colaboradoras de la UCA en 1989. Desde ahí marcharon hacia Catedral, donde un grupo más reducido pudo ingresar hasta la cripta de Monseñor Romero e hizo un llamado a profundizar la unión social.

Hablan de los milagros

Delia Martínez esperaba su primer hijo cuando quedó en medio de una balacera, en una zona residencial cerca de la Universidad Nacional. Corría 1980. No pudo esconderse a tiempo y recibió dos disparos en el vientre; dos balas que entraron y salieron. La joven madre temió lo peor. “En ese momento le pedí a Monseñor Romero que salvara a mi bebé. Le pedí también a Jesús, a la Virgen, pero no dejé de pedirle nunca a Monseñor”, comentó.

En el Hospital Rosales, el médico que la atendió le sugirió comprar un billete de lotería cuando saliera. ¿Por qué? Porque el bebé estaba intacto. Las balas que atravesaron el cuerpo de Delia no tocaron a la criatura. “Tengo cinco cicatrices por esas balas, pero a ella no le pasó nada”, insistió Delia. Para ella, este episodio fue un milagro del beato salvadoreño.

Hay otros casos. Noemí Contreras no encontraba cómo curar a su hija de un grave problema gastrointestinal que sufría desde bebé. La niña pasaba una semana en el Hospital Benjamín Bloom, una semana en casa y siempre con un peso abajo de su edad.

Los alumnos de Noemí –ella es maestra en un instituto– le regalaron una imagen de Monseñor Romero para colocarla en la oficina, pero por una serie de casualidades terminó en su casa. Luego de que instaló el cuadro, a los pocos días su hija comenzó a superar la dolencia que tenía de nacimiento. “No hubo explicación para el cambio, si hasta medicamento permanente le habían dejado. Pero en la familia todos sabemos que fue el beato Romero”, comentó la maestra.

Desde entonces, Noemí se dedica a orientar y atender a los peregrinos que llegan a visitar los restos del beato en la Catedral Metropolitana y asiste a todas las conmemoraciones relacionadas.

Hace unos años, a Noemí le detectaron el inicio de un cáncer en el cuello de la matriz. Ella fue a la cripta y le dijo: “Monseñor, si me enfermo, ya no podré atender a sus peregrinos. Ayúdeme para que yo los ayude a ellos”, afirmó la maestra del instituto.

Días después de que elevó esa oración, Noemí afirma que no le detectaron más cáncer. Pasó por tres exámenes, pero el cáncer había desaparecido. Ella sigue en la Catedral, con la misión que ella asumió. Incluso, fue ella quien consiguió las camisas para los miembros de la banda británica Iron Maiden, que visitaron el país a inicios de este mes.

Ambas acompañaron la marcha, por lo menos, hasta el parque Cuscatlán (la segunda estación). Hasta el momento no han tomado la decisión de llevar sus casos, más las pruebas, hasta el Vaticano, para analizar si son milagros.

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