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PNC autoriza monopolio en suministro de comida y ropa en bartolinas

Familiares de detenidos deben cancelar comida, vestimenta y artículos de limpieza a un solo negocio frente a las bartolinas de la Naval. Bartolinero dice que la medida es para garantizar el control y mantener un protocolo de seguridad.

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Pago adelantado.  Los familiares de los reos de las bartolinas ubicadas en el antiguo cine Tropicana, en San Salvador, llegan a pagar por anticipado la comida de sus parientes al único negocio autorizado. No todos cubren los tres tiempos.

Pago adelantado. Los familiares de los reos de las bartolinas ubicadas en el antiguo cine Tropicana, en San Salvador, llegan a pagar por anticipado la comida de sus parientes al único negocio autorizado. No todos cubren los tres tiempos.

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La comida, ropa y artículos de limpieza de los detenidos en las bartolinas de la Policía Nacional Civil (PNC), conocidas como El Penalito, ubicadas en la calle Concepción de San Salvador a pocos metros de la Fuerza Naval, deben ser compradas exclusivamente en un negocio que tiene su base de operaciones frente a la sede policial. Se trata de un pequeño local de 4 por 4 metros aproximadamente, donde Sonia (nombre cambiado) toma nota de los pedidos en una computadora portátil. El tiempo de comida cuesta $2 y el paquete de ropa y limpieza completo, $12: calzoneta, camiseta, "boxer", yinas, pasta de dientes, cepillo, jabón líquido, champú, jabón para lavar ropa y papel higiénico. Hay, también, un paquete solo de limpieza personal que tiene un valor de $5.

Además, venden toallas sanitarias a $2.50 y un tubo pequeño de crema para hongos a $1.25.

—¿Cuál dice que es el nombre del detenido?–, le pregunta a un hombre un agente policial que este miércoles tiene el encargo de informar a los parientes que se acumulan frente a un agujero cuadrado, donde solo se alcanza a ver el rostro del policía.

Tras verificar que la persona se encuentra recluida en una de las 15 celdas acomodadas en este viejo edificio, donde una vez funcionó el cine Tropicana, el agente le señala al hombre el local de enfrente, donde debe pagar por la comida y la ropa.

El que pregunta es Juan. Su hija fue detenida el día anterior acusada de colaborar con pandilleros del Barrio 18 para lavar dinero producto de la extorsión. Cruza la calle y se une a otras 20 personas que hacen fila para comprar la comida y el paquete de ropa y limpieza.

Paga por seis tiempos de comida para su hija y el paquete completo: $24 en total. Juan dice que ha viajado desde la zona rural del departamento de La Paz y que volverá dentro de dos días, el viernes que vuelva a solicitar permiso en la empresa donde trabaja como obrero, para tener noticias de su hija y volver a pagar más tiempos de comida para ella.

Dos días después hay menos parientes preguntando en el agujero cuadrado y comprando comida y ropa. Un sargento de la PNC, que ha pedido autorización a sus superiores para hablar sobre el proceso de entrega de alimentos a los reos, dice bajo anonimato que decidieron autorizar a una "única encargada" para que venda los alimentos, porque se trata de mantener "el control y un protocolo de seguridad". La autorización a ella, agrega, "se la ha dado la jefatura".

"Acá tenemos un poco más de 400 detenidos, ¿se imagina una fila de parientes que vengan a entregar almuerzo?", justifica el agente. "La idea de un solo comedor la planearon los jefes para evitar que se acumulen las personas en este lugar", remata.

Sonia, la propietaria del negocio, explica que hace un par de años administraba un comedor en la sede policial ubicada en la colonia Monserrat, parte de la delegación centro de San Salvador; pero por problemas de salud de uno de sus familiares tuvo que abandonar ese negocio.

Confirma que lleva tres meses operando entregando la comida para los detenidos en El Penalito. Dice que la PNC la buscó para que fuera ella la que se encargara de suministrar los alimentos porque antes habían tres comedores que lo hacían; pero "la gente mucho se quejó del servicio".

"Desde entonces me autorizaron como proveedora de la comida y los paquetes de limpieza; pero nosotros también cumplimos con las restricciones normativas que nos impone la Policía", señala mientras muestra una lista de detenidos a los que les debe suministrar el almuerzo dentro de una hora.

En promedio, Sonia explica que entrega entre 200 y 300 platos de comida en cada tiempo en El Penalito. La cantidad varía por una razón: los familiares no compran la comida para todos los tiempos, algunos solo pagan dos tiempos.

Sonia, quien se niega a revelar el nombre de su empresa, asegura que trabaja con las formalidades de ley porque "pagamos IVA y todos los impuestos".

"Nosotros nos esmeramos por darle una comida sana y balanceada", dice. Presume de contar con equipo muy parecido, aunque en menor escala, al que tiene la empresa que suministra los alimentos en los centros penitenciarios.

El reparto

Mientras ella habla, un vehículo sedán de placas particulares se estaciona en la acera de El Penalito. Se bajan tres hombres y dos de ellos se visten con ropas similares a las que usan los chef. El otro solo se cuelga una gabacha y un gorro. Abren el baúl y aparecen dos hoyas tapadas herméticamente y una nevera. Acomodan todo en una carreta que uno de los jóvenes ha retirado del local. Entran a la sede policial y adentro reparten la comida en recipientes desechables que otra mujer del establecimiento ha rotulado antes con el nombre de cada recluso.

Esa falta de verificación es la que incomoda a Luisa, quien ha llegado al Penalito para comprar seis tiempos de comida, dos para cada día, para su compañero de vida. Se queja de lo "injusto" de no tener opciones para comprar el alimento porque "sale más caro". Cuando su pareja estuvo detenido en las bartolinas de la colonia Zacamil, en Mejicanos, dice que ella le podía dar la comida que quisiera, con la única condición de que la revisaban los policías.

Ahora, con este sistema, agrega que solo paga y no sabe si de verdad le entregan la comida a su pariente, porque no hay forma de comunicarse con él. No hay visitas, ni los abogados pueden visitarlo para preguntarle. Sonia, aunque es relativo, asegura que ella entrega todo tal como se lo cancelan; pero reconoce que adentro de cada celda puede haber casos en los que algunos de los detenidos se queden con el plato de otros reclusos.

El Penalito fue creado en 2016 por la PNC para concentrar todas las detenciones que ocurren en el Área Metropolitana de San Salvador, y aunque el sargento reconoce que hay sobrepoblación en algunas celdas, asegura: "Todavía nos caben algunos cuantos más".

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