PNC: visitas a cárcel generan inseguridad en Chalatenango

La presencia de cientos de familiares que llegan de diferentes puntos del país ha provocado, según la PNC, un aumento significativo del tráfico de droga en la ciudad.
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Dos mujeres colocan en el piso de la entrada principal de un cibercafé, cerrado desde las 6 de la tarde, una sábana y una colchoneta de dos centímetros de grosor. Ese trozo de cemento servirá como dormitorio para seis mujeres y un niño, quienes esperan ingresar al centro penal de Chalatenango. A ellas se suman otras mujeres más.

Por la mañana, la masiva asistencia de visita al penal se junta con cientos de alumnos que también ingresan al Centro Escolar Metropolitano, que se encuentra en la calle principal hacia La Sierpe, única entrada y salida hacia el casco urbano del municipio y que se ubica contiguo al penal.

Las presencia de día y noche de los familiares de los pandilleros presos ha generado un clima de inseguridad en los habitantes de los alrededores del centro penal, según la versión de la Policía Nacional Civil (PNC) del lugar. “Con la transición del centro penal, la zona ha ido incrementando la presencia de algunos pandilleros y pandilleras que se han establecido en los alrededores de la colonia La Sierpe”, explicó Francisco Parada Batres, jefe de la delegación policial de Chalatenango.

De acuerdo con la policía, los locales que alquilan los familiares de los reclusos sirven para preparar los objetos ilícitos que introducirán al penal. “Por ello, realizamos durante el año pasado tres operativos”, detalló Batres.

El tráfico de droga, según la policía, también ha absorbido a los estudiantes del centro educativo. Aunque en los registros escolares no detallan actividades ilícitas, los estudiantes afirman que existe un grupo de jóvenes, que estudian en el turno vespertino, que son los encargados de vender y distribuir la droga en el centro escolar. “A mí ya me han ofrecido varias veces”, detalló un estudiante, que por seguridad no quiso ser identificado.

Prevención

La línea blanca que une las dos canchas de fútbol del Complejo Deportivo La Sierpe también es el límite territorial de las instalaciones del centro penal. El acceso restringido en la zona, los frecuentes registros a los visitantes (del municipio y fuera de él) y la inseguridad que exponen las visitas de los internos, han sido un inconveniente para los programas de prevención de la violencia que impulsa la municipalidad en el sector.

Pese a que el código municipal exige programas de prevención, como talleres vocacionales y grupos deportivos, estos están fracasando en esa comunidad, según declaró el alcalde, Rigoberto Mejía. “Las mujeres que asisten al centro de formación son registradas cada vez que entran y salen del lugar. Se robaron todo el alambre de cobre de las líneas telefónicas, no hay internet. Eso nos ha dificultado, a tal grado que vamos a cerrar el centro de formación”, explicó Mejía, quien detalló que en un período de seis años se habían graduado 1,300 mujeres.

Frente a la entrada principal del penal se encuentran las viviendas de la colonia San Francisco. Los habitantes del lugar también han tomado medidas alternativas para evitar exponerse a ser víctimas de hechos delictivos. “Para salir de la colonia nos vamos a dar la vuelta a modo de no pasar por el penal porque siempre nos registran y eso es tedioso y así nos evitamos que nos asalten o algo así”, detalló una vecina, quien indicó que a su percepción, en los últimos años han aumentado los robos en las viviendas.

La misma inseguridad que expresan los habitantes de La Sierpe, que han solicitado a las instituciones locales evitar la aglomeración de pandilleras en el sector, también la comparten las mujeres que duermen en las calles.

Las más seguras, según explican, son las que alquilan hamacas y colchonetas en una galera, en la que tres de sus paredes son sustituidas por alambre. Las mujeres temen además, que pandilleros contrarios puedan llegar al lugar y asesinarlas.

El teléfono suena. Es jueves a las 9:30 de la noche. Algunas mujeres están dormidas, otras se disponen a dormir. Ninguna presta atención a la llamada. Quien la recibe confirma la presencia de periodistas en la zona: “Son de LA PRENSA GRÁFICA”. “Sí, están tomando fotos y preguntándoles a ellas”, respondía.

Por el tono de voz de quien recibió la llamada y la insistencia en dejar claro que no ponía en peligro a las mujeres que llegan a la visita, de martes a domingo al centro penitenciario de Chalatenango, parecía que la llamada provenía del interior del centro penal, ubicado en el barrio La Sierpe. Al finalizar confirma: “Son los del penal”.

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