Pagar la extorsión del bus a un niño

El balazo casi le destroza la rodilla. El proyectil le impactó justo arriba de la articulación. A Sergio le dispararon desde las gradas delanteras del bus que conducía, cuando circulaba por las calles internas de Apopa. Los atacantes le aclararon que no querían matarlo, solo dejar una evidencia de que la amenaza iba en serio: que iban a matar a motoristas y cobradores si los empresarios no pagaban la extorsión.
Enlace copiado
Pagar la extorsión del bus a un niño

Pagar la extorsión del bus a un niño

Pagar la extorsión del bus a un niño

Pagar la extorsión del bus a un niño

Enlace copiado
Esa tarde de julio de 2016, Sergio vio a dos jóvenes, un adulto y un menor de edad, cruzar la calle frente al bus que conducía y abordarlo cuando disminuyó la marcha para pasar sobre un túmulo. Uno de los dos, el adulto que cargaba un arma en la mano izquierda, se dirigió al motorista y le puso la boquilla de la pistola en la cabeza. Le exigió que le entregara “el encargo” que la pandilla le había hecho a la ruta.

Sergio, según recuerda ahora, siguió conduciendo despacio y le dijo que no tenía nada, que no sabía de qué le hablaba.

El pistolero retrocedió, agarró la caja de madera donde el conductor guardaba el dinero del viaje que regresaba de hacer y se la llevó. El otro, el menor de edad, esperaba en las gradas. Sacó otra pistola y le disparó una sola vez. La bala impactó en la pierna derecha, la que Sergio utiliza para acelerar y frenar este viejo bus que resuena a latas viejas en cada cambio de velocidad.

Sergio dice que supo, una semana antes de sufrir aquel ataque, sobre una amenaza de muerte que pandilleros habían hecho a uno de sus compañeros. Ocurrió cuando circulaba en el centro de San Salvador. La anécdota de esa nueva amenaza se conoció así entre los empleados de la ruta: dos hombres abordaron una unidad y le enviaron un mensaje a los empresarios con el conductor donde decía que debían entregar $45 cada semana, en concepto de “renta”, para que la ruta pueda trabajar sin problemas, caso contrario empezarían a matar a los empleados y a quemar las unidades.

La advertencia, según recuerda Sergio, estaba escrita en una vieja página de cuaderno con una caligrafía peleada con las reglas de ortografía. Del caso no se supo nada durante una semana, hasta que ocurrió el ataque contra Sergio. 

El conductor dice que decidió no denunciar, porque se enteró, mientras era auxiliado en el Centro de Atención de Emergencias de la Cruz Roja Salvadoreña de Apopa, que los empresarios habían acordado pagar la extorsión.

Desde entonces, según Sergio, la ruta para la que trabaja debe pagar $45 cada semana a esa estructura de pandilleros. Son $180 al mes; pero en diciembre pasado la exigencia fue por el doble, “por aquello del aguinaldo”, dice el motorista con un tono de impotencia. Al sumar ese pago duplicado por la época navideña, la ruta entrega a ese grupo de pandilleros un aproximado de $23,640 al año en concepto de extorsión.

Pero no es el único pago que los transportistas de esa ruta hacen a las pandillas. Sergio dice que hay otros dos grupos que también piden dinero a la misma flota. Se trata de estructuras rivales que operan en distintas zonas del recorrido que realiza la ruta entre Apopa, al norte de San Salvador y el Centro Histórico capitalino. Sin embargo, el motorista dice que no puede hablar de esas cantidades de dinero, solo sabe que se trata de una cifra “mucho mayor” de la que los empresarios pactaron con quienes le dispararon.

Sergio es un cincuentón alto, delgado y con ojos saltados que no logra mantener quietos nunca. Cada vez que habla lo hace con un bailoteo de ojos que lo hacen parecer nervioso. Es padre de tres hijos,  y su único oficio en la vida es ser motorista del transporte colectivo. Cuenta que ha trabajado en nueve rutas de transporte, todas del Área Metropolitana de San Salvador (AMSS), en un lapso de 30 años, tiempo en que se la ha pasado “jalando gente de arriba para abajo”.

Sergio es, según las cifras del Viceministerio de Transporte (VMT), uno de los que conduce los 6,817 autobuses y 3,453 microbuses de transporte colectivo que hay en el país. De ese total, según las estimaciones de las autoridades, 4,193 unidades que se movilizan en 610 kilómetros cuadrados que componen el AMSS.

La empresa de transporte FECOATRANS, una de las más organizadas de la zona metropolitana, estima que cada una de esas unidades paga $3 en concepto de “renta” a distintas pandillas afincadas en el país. Si se toma como cierto ese dato, a falta de cifras oficiales, se puede inferir que cada día, las pandillas recogen unos $30,000 producto de extorsionar al sector transporte.

Es marzo y martes. Este día Sergio debe entregar parte de los $45 de extorsión que cancelan a la estructura de pandilleros que lo lesionó de bala. Los empresarios decidieron encargar el pago a tres motoristas de su confianza, por lo que dividen el dinero en “paquetes” de $15. Se trata solo de un pequeño rollo envuelto en papel de empaque. Está en la parte de la caja de madera recolectora de dinero destinada para las monedas más grandes. Son, dice, tres billetes de $5 que están envueltos con un pedazo de papel que cortó de una bolsa  donde le sirvieron las dos pupusas del desayuno.

 “Creo que está algo lleno de grasa”, comenta mientras hace alto en un semáforo que da ingreso a la capital. El rollo está sujeto con una banda de hule, también de color café.
Sergio conduce el bus hacia el centro de San Salvador. Ha recorrido por la Troncal del Norte y se dispone a cruzar la alameda Juan Pablo II. Afuera, en la acera, poca gente camina este mediodía por esta parte de San Salvador, quizás sea por un calor intenso que hay en el ambiente. Adentro, el bus traslada a cinco pasajeros: tres hombres y dos mujeres. Después de girar y volver la marcha con sentido norte, Sergio disminuye la velocidad hasta detenerse a un costado del capitalino parque Centenario.

Ahí, un muchacho flaco, de unos 12 años, vestido con un pantalón deportivo recortado hasta las rodillas y una camiseta que una vez fue blanca, aborda el bus y extiende la mano a Sergio para que le entregue el “rollito”. Lo toma, baja y luego se pierde entre los arbustos del parque. Todo eso en unos tres minutos, como máximo. Sergio dice que no siempre es él quien recibe la extorsión; pero hay algo en lo que sí hay coincidencia: “siempre son niños”.
Cuatro cuadras más al poniente de este parque, que es utilizado para comercializar productos de segunda mano durante los fines de semana y para ubicar puestos de pólvora en la época navideña, Gerardo hace una pausa para subir pasajeros. Él es otro conductor del transporte colectivo del AMSS. Conduce uno de esos microbuses que se conocen popularmente como coaster.

Gerardo dice que la ruta para la que trabaja, de la cual pide no dar muchos detalles, tiene dos formas de entregar la extorsión a las pandillas. No conoce cuánto pagan los empresarios; pero además de ese monto, él también debe cancelar $2 diarios a un “grupo de muchachos” que permanece en la zona donde la ruta tiene la meta en el centro capitalino. Se trata de un dinero que sale de su salario. Es un trato directo que tiene con esos jóvenes, que él asegura son pandilleros de la Mara Salvatrucha (MS-13), para poder trabajar sin ningún problema.
Gerardo explica que no hay un orden establecido para entregar ese dinero, puede ser a cualquier hora del día; pero en la mayoría de veces son menores de edad los que lo abordan para pedir que se los entregue.

El trato de esa extorsión, según Gerardo, inició hace tres años cuando uno de los pandilleros se acercó a la ventana del microbús y le entregó un celular. Al otro lado del aparato, una voz ronca le dijo que debía entregarle a los “perritos” $5 para que no le pasara nada en el centro. “Vos miralo como una colaboración a la pandilla y a la vez te vamos a cuidar”, le dijeron. Gerardo recuerda que se sintió impotente, porque un día antes de aquella llamada, un motorista de bus había sido asesinado en un municipio cercano a la capital. La única negociación que recuerda fue lograr que le bajaran la cuota a $2 al día.

Las autoridades de Seguridad Pública reconocen que el sector transporte es uno de los más golpeados por las extorsiones. Un delito que antecede a las amenazas de muerte que en muchos casos se materializan: de acuerdo con FECOATRANS, entre el 1.º de enero de 2004 y diciembre de 2016 han ocurrido 1,086 homicidios en el sector, entre conductores, cobradores y despachadores de diferentes rutas.

Gerardo dice estar consciente de que “este siempre ha sido uno de los trabajos más peligrosos en el país. Quizás es mucho mejor ser policía o soldado; porque uno anda armado, vigila y tiene oportunidad de defenderse. Pero a los motoristas solo nos toca poner la cara y sin deber nada”.
 

Lee también

Comentarios

Newsletter