Pandilla intenta controlar La Cima IV

Los residentes más afectados son los que viven cerca de la comunidad San Patricio. Han sido asesinados cuatro vigilantes privados en la zona en lo que va del año. El plan de seguridad para controlar la zona inició el mes pasado.
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Vigilancia. $300 dólares pagan mensualmente los residentes por el puesto policial en La Cima III. Cámaras y computadoras también fueron otorgadas por los residentes.

Vigilancia. $300 dólares pagan mensualmente los residentes por el puesto policial en La Cima III. Cámaras y computadoras también fueron otorgadas por los residentes.

Delito.  Los pandilleros de la San Patricio extorsionan a los motoristas del transporte escolar, según comentó uno de los agentes que patrulla la zona.

Delito. Los pandilleros de la San Patricio extorsionan a los motoristas del transporte escolar, según comentó uno de los agentes que patrulla la zona.

Inseguridad. El vigilante de seguridad privada José Ernesto González fue asesinado el pasado martes en La Cima IV.

Inseguridad. El vigilante de seguridad privada José Ernesto González fue asesinado el pasado martes en La Cima IV.

Patrullaje. Desde el mes pasado una patrulla policial realiza un recorrido por la zonas aledañas a la comunidad San Patricio.

Patrullaje. Desde el mes pasado una patrulla policial realiza un recorrido por la zonas aledañas a la comunidad San Patricio.

Pandilla intenta controlar La Cima IV

Pandilla intenta controlar La Cima IV

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Cuatro vigilantes privados han sido asesinados en lo que va del año en la colonia La Cima IV, de San Salvador, según el recuento del Consejo Nacional de Servicios Privados de El Salvador (CONASEPRIS). La víctima más reciente es José Ernesto González, de 36 años, quien fue asesinado el martes a las 4:30 de la tarde, entre el pasaje Acapilos y la avenida Torogoz, de esa colonia, cuando llevaba puesto su uniforme y realizaba sus labores diarias. Dos hombres que se transportaban en una camioneta le dispararon.

El presidente de CONASEPRIS, Ricardo Sosa, explicó ayer que este tipo de delitos están siendo cometidos por pandilleros que residen en la comunidad San Patricio, que queda a unos kilómetros de La Cima IV. “Desde hace dos o tres años hay una pandilla que hace este tipo de cosas, y además, extorsionan”, dijo el representante del sector.

Sosa explicó que el modo de operar de los pandilleros es acercarse a los vigilantes de las sendas o pasajes, para que les autoricen entrar a las viviendas a extorsionar. Si el guardia no accede, la pandilla los amenaza de muerte.

Un agente del puesto policial de La Cima III, que colinda con La Cima IV, dijo ayer que la mayoría de vigilantes de esas colonias son independientes; es decir, que no trabajan para una agencia de seguridad autorizada. Son pocos los contratados por una agencia de seguridad y por lo tanto hay menor control de quiénes son o qué relación existe entre estas estructuras delincuenciales.

El agente coincidió con la versión de Sosa: “No se sabe a ciencia cierta que si los que están matando son la pandilla que vive en la San Patricio o la contraria”, comentó. Los elementos policiales de la zona suponían que los delitos eran cometidos solo por una estructura, pero el año pasado una mujer se acercó al puesto policial para denunciar que tres hombres dejaron al vigilante de su pasaje una carta en la que se leía: “Esta es la segunda vez que le decimos que paguen. Si no obedecen al tercer llamado, sí van atener a las consecuencias”. Según el agente, iba firmada por otra estructura que opera en otra zona.

María (nombre ficticio), una residente de La Cima IV, comentó ayer lo que el vigilante de su senda le contó sobre el homicidio de González: “El vigilante nunca había sido tan directo como antes, me dijo: ‘mire, la cosa está bien fea’, cuando antes siempre había sido como ‘no se preocupe, no pasa nada’”, relató.

Algunos residentes de los pasajes están construyendo muros para sentirse más protegidos.

La policía inició desde febrero pasado un patrullaje por la colonia San Patricio y los pasajes El Pijuyo y La Chiltota, de La Cima IV, los cuales, según el agente policial, son lo más peligrosos. En diciembre del 2015, en distintas ocasiones, entraron repartidores de comida a El Pijuyo, y los pandilleros no les permitían el ingreso o los golpeaban. “Los repartidores de comida ya no van ahí porque los golpean. Tres vinieron el año pasado a decirnos, pero nosotros no podemos hacer nada hasta allá”, agregó el policía de la Cima III.

Los conductores de microbuses escolares son víctimas de la extorsión. Desde las 5:00 de la mañana que llegan a recoger niños, hay jóvenes que se les acercan a pedir dinero y la PNC lo sabe.

En 2013, en la calle principal donde ocurrió el homicidio del vigilante González, le intentaron robar el vehículo a Cristian (nombre cambiado), quien relató que tenía estacionado su carro afuera del pasaje de un familiar. Cuando ya se regresaba a su casa, dos hombres se bajaron con una pistola, él se subió al vehículo y huyó. Su pariente prefirió mudarse, porque desde entonces los robos empezaron a incrementarse.

Lo mismo ocurrió en La Cima III, dijo uno de los comerciantes que están en la entrada principal. Desde el 25 de agosto del 2015, estos habitantes decidieron mantener un puesto policial, por el cual mensualmente cancelan $300 dólares, más gasto de agua y luz. “Si tenemos lo que tenemos es por la comunidad. Nosotros solo ponemos el recurso humano. Les hemos cortado el libre paso a estos cipotes. Aquí ya no pasan”, dijo el agente de La Cima III.

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