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Patriarca nonagenario con 51 descendientes

A sus 91 años, Guillermo Cruz tiene una vasta descendencia que supera el medio centenar, entre hijos, nietos y bisnietos.
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Guillermo  junto a dos de sus bisnietos. Le encanta compartir con su numerosa familia, siente orgullo de ella.

Guillermo junto a dos de sus bisnietos. Le encanta compartir con su numerosa familia, siente orgullo de ella.

Un hombre de casa.  Siempre se preocupó por brindar el sustento a sus hijos.

Un hombre de casa. Siempre se preocupó por brindar el sustento a sus hijos.

La música  fue una de sus pasiones de juventud que le siguen entreteniendo.

La música fue una de sus pasiones de juventud que le siguen entreteniendo.

Patriarca nonagenario con 51 descendientes

Patriarca nonagenario con 51 descendientes

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A pesar de las más de nueve décadas vividas, camina erguido, con paso firme y seguro, y le acompaña un rostro sereno y una mirada apacible. Su complexión física es uno de los aspectos que más

admira su familia. Uno de sus hijos, el cuarto, de nombre José, relata que su padre siempre mantuvo el mismo carácter que deja notar en su vejez, pero también tuvo la rigidez que ameritaron esos momentos en que debía corregir a los pequeños.Guillermo es padre de 12 hijos, tres de los cuales fallecieron por “hechizos” –como él denomina la causa de los infortunios que sufrieron–, y tiene la dicha de ser abuelo de 34 nietos y bisabuelo de cinco bisnietos.

Tanto él como su esposa, Genoveva, con quien se casó en mayo pasado, tras 53 años juntos, son salvadoreños, pero aún sin conocerse, ambos migraron hacia Honduras por causas diferentes, y ahí coincidieron sus caminos.

A diferencia de la mayoría de los hijos de Guillermo que nacieron en El Salvador, los cuatro primeros lo hicieron en Honduras: María Antonia, Andrés, María Edit y José. Todos nacieron casi con dos años de diferencia y sus edades rondan entre los 55 y los 48 años. Ellos, junto con Guillermo Arturo, el quinto de los vástagos, son los que aún viven en el país y visitan regularmente a sus padres.

Los otros hijos, Rosa Margarita, Gladys Melany, Sandra Patricia y Jorge Alejandro, residen en Estados Unidos desde hace unos años.

En ocasiones se reúnen un buen número de ellos, junto con sus nietos, para celebrar el cumpleaños de su progenitor.

El apoyo

Guillermo relata que cuando se convirtió en padre por primera vez, nunca imaginó que con los años completaría la docena de hijos; sin embargo, recuerda que tampoco tuvo intenciones de poner un número límite. “Y mire que las últimas hijas son las que más nos favorecen, si solo hubiéramos tenido dos hijos estuviéramos más pobres, porque las últimas son las que nos ayudan más”, relata entre risas.

Al preguntarle sobre las dificultades que tuvo para criar a todos sus hijos, Guillermo cuenta que para él las cosas no fueron complicadas. “Pues como el tiempo no estaba tan malo para mí, fue cómodo criarlos, porque el trabajo de la sierra ganaba suficiente”, dice.

“Él se rebuscaba y nunca se supo que mi papá no ganara, porque pues siempre ganaba, aunque fuera poco, le llevaba dinero a mi mamá y nos llevaba que comer bastante”, destaca Andrés, quien vive con sus padres.

Guillermo no solo se desempeñó como aserrador, también fue albañil, carpintero y agricultor. Posiblemente la multiplicidad de habilidades que tenía fue lo que le permitió tener siempre un trabajo con el cual llevar el sustento a su familia. Por ahora se dedica a disfrutar de su familia, desde una vivienda en San Pedro Perulapán, donde recibe con entusiasmo cada una de las visitas.

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