Pobrecito mi país

<p>Lo que está ocurriendo en el conflicto Corte Suprema–Asamblea Legislativa es vergonzoso. Las posiciones han llegado a tal nivel, que la mayoría de las acciones que se toman de uno u otro lado están más sustentadas en lo irracional que en lo que se debiera esperar de quienes ocupan los altos cargos del Estado.</p>
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<p>Y no solo están cayendo en el juego de bajo nivel los directamente involucrados. También lo hacen casi todos los que se han convertido en jugadores de este circo, donde abunda el dinero para organizar marchas y contramarchas, spot y cuñas publicitarias de diverso signo; y las malas prácticas típicas de la política partidista.</p><p>Los espectadores, la sociedad salvadoreña, esperan con ansias una solución, pero también se desgasta ante sus ojos la poca confianza que tiene en sus autoridades. Y esa falta de fe destruye toda posibilidad de crecimiento institucional, que es justamente lo que necesitamos para tener un Estado fuerte que empuje el desarrollo.</p><p>Pobrecito mi país. Lo que pudo haber sido un debate de altura sobre el Estado de Derecho de El Salvador se transformó en una lucha intestina entre posiciones políticas enfrentadas por el próximo evento electoral. La mejor prueba de eso es que casi nadie está hablando de derecho, sino de lucha de clases entre pobres y ricos, proletarios y oligarcas, y de los intentos totalitarios de quienes ya han sumido en el autoritarismo a Nicaragua. Los académicos que siguen acompañando lo que ellos, con toda razón, creen que es una lucha por el imperio de la ley terminarán dándose cuentas que hace días esa batalla está perdida, porque la guerra que hoy se libra es de tipo político partidista y tiene que ver única y exclusivamente con marzo de 2014.</p><p> Hay dos lenguajes muy distintos, la gran diferencia es que el lenguaje de la racionalidad y del academicismo ya fue ahogado por las triquiñuelas de la sucia politiquería.</p><p>¿Que está en juego el Estado de Derecho? Es posible, y seguramente una gran verdad, pero lo que más está en juego es cómo se arranca la próxima carrera presidencial. Y para ello hay que poner los instrumentos del Estado a favor o en contra de determinados propósitos. Nadie puede negar que en todo esto tenga mucho que ver una posible candidatura presidencial de Tony Saca. Por un lado, el FMLN y sus aliados queriendo preparar y allanar el camino para que la derecha tenga competencia, lo que favorece las aspiraciones de izquierda; y por otro, poniendo todo tipo de obstáculos a esa posibilidad, aun cuando ello sea antidemocrático. Una Sala de lo Constitucional y una Fiscalía a favor o adversa ante tal posibilidad se constituyen en una herramienta fundamental para las aspiraciones de uno u otro lado.</p><p>Por supuesto que con esto no estoy diciendo que los miembros de la sala están en una posición partidista. Solo digo que la política de los partidos puede utilizar cualquier instrumento, de buena o mala forma, para conseguir sus objetivos.</p><p>No hay tal debate de altura, no hay una búsqueda de soluciones para beneficio del país. Lo que hay es una lucha fratricida entre partidos políticos y sus instrumentos de poder; donde unos y otros, con razón o sin ella, están aferrados a sus más íntimas convicciones ideológicas, si se quiere ver de esa manera. Se trata ni más ni menos de impedir el avance del otro.</p><p>Pobrecito mi país, como dicen Los Guaraguao.

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