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Podríamos estar peor si el conflicto no se hubiera terminado”

Lo mejor que el país pudo hacer, hace 25 años, fue haber terminado con la guerra, a través de los Acuerdos de Paz, asegura el empresario Ricardo Simán. A los que se quejan de la inseguridad actual les dice que estaríamos peor si no se hubiese dado la firma.
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Con la experiencia de dirigir el almacén por departamentos más grande de Centroamérica, Ricardo Simán se refiere a los Acuerdos de Paz como el paso inevitable e ineludible de nuestra nación. Algo que teníamos que haber hecho para poder avanzar. Y exactamente de la forma en que se realizó, aunque él, reconoce, no lo tenía como la mejor opción, como muchos otros en ese momento. El tiempo, reconoce, lo hizo cambiar de opinión al ver los frutos de la institucionalidad: una Policía sin récord de torturas, una defensoría de los Derechos Humanos, una Sala de lo Constitucional sólida y una Fuerza Armada disciplinada, entre otras.

Sin embargo, considera que hay un paralelismo entre la época previa al conflicto armado y la actual, sobre todo en lo que se refiere a un ambiente adverso a los empresarios.

¿Cómo ve usted al país 25 años después de la firma de los Acuerdos de Paz?

No un balance, sino una deducción de lo que fue la firma de los Acuerdos de Paz. No hay ninguna razón para pensar que haya sido equivocado haberlos firmado. Considero que era algo imprescindible, importante y que somos un ejemplo de cómo terminó un conflicto en esos años. Muchos de los actores han respetado, disciplinadamente, dichos acuerdos. Después podemos hablar que si la democracia, que si la parte económica, que si la parte social, etcétera, han tenido buenos resultados o no. Para eso tenemos que hacer un análisis más profundo. Considero que el beneficio de haber firmado un Acuerdo de Paz, de haber terminado con una guerra que nos desvió la atención y mientras morían muchos salvadoreños injustamente, desde cualquier perspectiva, durante 12 años. Esto nos dio muchas ventajas. Empezó un proceso democrático muy importante que ha traído alternabilidad e ideologías políticas, sin entrar a analizar lo positivo o negativo de cada una de ellas. Todo esto ha sido muy bueno. Si lo vemos en retrospectiva, el hecho de tener, a estas alturas, una Sala de lo Constitucional sólida, con fortaleza, con conocimientos legales y constitucionales, que hace un balance y un contra balance es algo importante. Ha sido básico, ha sido un paso en firme muy trascendental. Los magistrados de la sala están haciendo un trabajo encomiable y le están dando estabilidad y certidumbre jurídica al país.

De todo lo que se habla, ¿cuál es la deuda más grande?

Hay que dejarlo muy claro: no había otra opción, pese a lo que algunos podían creer o creíamos en aquel momento, fue importante y no podemos ver hacia atrás. ¿Qué hay pendiente? Nuestro país ha tenido pendiente una gran cantidad de factores, especialmente en la parte social, lo que tenga que ver con la pobreza, salud, educación. Se había logrado desde la firma de la paz hasta hace pocos años una reducción del nivel de pobreza. Y en los últimos ocho años hemos visto que se ha incrementado. También es sumamente preocupante la baja inversión privada que hay, y no digamos la inversión pública. Se habla de falta de recursos del Estado, pero en los últimos siete años, con 22 nuevos impuestos y con unas cantidades de recursos que nunca había recibido ningún gobierno en la historia del país se sigue esgrimiendo las mismas diatribas de antes del conflicto, que vienen a poner a sectores en pugna. La administración de esos recursos no se transparenta adecuadamente. Se habla de tener más recursos, pero de seguir exprimiendo a los mismos contribuyentes, a los que ya contribuimos, y no a los que verdaderamente evaden verticalmente los impuestos, porque son informales y no se hacen esfuerzos por formalizarlos. Al poner una carga impositiva más alta, más empresarios formales, pequeños y medianos, se van ir pasando a la informalidad, porque tienen que subsistir. Entonces siempre se habla de cargar más a los empresarios que ya pagamos todos nuestros impuestos. Maliciosamente hay personeros que se dedican, los llamamos “escopeteros”, a estar queriendo desprestigiar empresarios, con nombre y apellidos. Y así, ¿qué estabilidad, qué interés de inversión y crecimiento podemos tener? ¿Cuál certidumbre? Nos vemos amenazados por las persecuciones, queriéndolas torcer y amañar muchas veces, y distorsionar ante el público y la justicia.

En ese tema de la persecución, ¿es algo parecido a lo que hubo antes de la guerra? Es decir, ahora estamos con un actor en el poder muy diferente al que había en ese momento, pero sí se percibe un ambiente similar.

Sí, un ambiente hostil al empresariado. Es ideológico. Hay que entenderlo. El FMLN, que está en el gobierno desde 2009, ideológicamente siempre ha sido contrario a las ideas del sector privado, han pedido más Estado, más control, estatizaciones, el control del Estado... Está comprobadísimo que antes del conflicto, y ahora también, la ineficacia y la falta de probidad en el manejo de los recursos del Estado. Me imagino todo lo que falta por venir en temas de probidad. No estamos hablando de casos muy antiguos, sino recientes.

Usted menciona que los Acuerdos de Paz son un ejemplo de cómo se termina un conflicto.

Claro, porque hubo la voluntad política y la voluntad de los que estaban al mando de nuestro país, ¿por qué no decirlo?, del presidente Cristiani y su gobierno de terminar con un conflicto armado. También es innegable la voluntad de la Fuerza Armada de cumplir. Si hay una institución que ha cumplido verticalmente, como organización, los Acuerdos de Paz, es la Fuerza Armada.

En las cosas que quedaron pendientes en los Acuerdos de Paz usted mencionaba el aumento de la pobreza en los últimos años, pero el tema económico quedó fuera. Era, más bien, cómo ponerle fin al conflicto.

Sí, ponerle fin a las balas.

En efecto. El esfuerzo que usted encabezó con los documentales de “Los archivos perdidos del conflicto” escuchamos muchas voces de cómo los temas se fueron desarrollando y el conflicto se fue complejizando.

Ese trabajo lo hicimos con el interés de mostrar una cara sumamente balanceada de lo que ocurrió en todos esos años. Ese trabajo duró más de 35 años, con la recolección de materiales, la preparación con más de 52 entrevistas y la edición de casi cuatro años. Logramos tener voces de todos los sectores, incluso voces internacionales y de gente que nos vio desde una perspectiva lejana. Estamos muy contentos con ese trabajo. Pero, como me preguntabas de la parte económica y social, creo que en nuestra Constitución está bien claro el modelo y el sistema democrático y de libertades, incluyendo la libertad económica, que debe privar en nuestro país. Eso todavía está vigente. Aun con los Acuerdos de Paz eso no se discutió ni transformó. No entendería cuál es la razón para tener que cambiarlo. Claro, van a decir “este señor es un empresario el que está hablando”, pero está demostrado en todo el mundo, no solo en El Salvador, que el sistema de libertades y de la libertad democrática y libertad de empresa y economía social de mercado es la ideal para sacar a los pueblos adelante. En ninguno de los países más adelantados del mundo se ha logrado. Se ha demostrado que los sistemas socialistas, como en Cuba, Venezuela, Alemania Oriental y la Unión Soviética, fueron un fracaso total. Llevaron a sus países a la pobreza y a la falta de progreso. Que el Estado tiene que regular, estoy totalmente de acuerdo. Pero el Estado se debe enfocar en su valor en invertir en lo básico, en dar las garantías, la estabilidad y los parámetros necesarios para que venga la inversión, tanto extranjera como nacional. Nuestro país se ha vuelto en uno de los más caros para operar y hacer negocios. Cualquiera podría decir “este se está quejando porque subió el salario”. ¡No, señor! Como empresario puedo asegurar que esos cuentos de terror en nuestras empresas no han sido así. Nuestra gente está por encima de esos salarios. Pero no se trata de hablar de nuestras empresas, sino en general. Los costos no solo son los salariales. Vea los costos por electricidad en Centroamérica. Somos de los países más caros en la generación de energía eléctrica. Ese es un factor para muchas industrias, como la maquila y textil, que se basan en la generación de energía. Además, la tramitología en el país en lugar de cortarla y ser más eficientes hemos retrocedido bastante. Y hay cosas superadas hace muchos años que las quieren volver a implementar y hemos visto que no funcionan.

De los Acuerdos de Paz surge una nueva institucionalidad, como la PNC, la Procuraduría de Derechos Humanos, ¿cómo las ha visto funcionar en estos 25 años?

Son unos balances muy importantes a la sociedad. Si en algunos momentos no han hecho la labor más adecuada, creo que en la historia de su vigencia han sido positivos. Alguien que vele por los derechos humanos. Ya no escucha que ha habido tortura por parte de las autoridades. Más, menos, estamos mucho mejor que hace 25 y treinta y pico de años en ese sentido. Todas estas instituciones, como también el Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP), son una garantía. También han nacido instituciones que no son del Estado y que también velan por todo esto y que antes era difícil, en los estilos de gobierno que teníamos antes de los Acuerdos de Paz, que pudieran existir o existían con demasiadas limitaciones.

Es decir, surgió un nuevo clima, un nuevo ambiente para estas instituciones.

¡Claro! Pero, también, hay un clima que está apretando y que no está permitiendo el progreso y el crecimiento económico de nuestro país. Se habla mucho de que el país depende mucho de las remesas, sí, pero porque no tenemos oportunidades. ¿Y por qué no tenemos oportunidades? Muchas veces nos critican a los empresarios porque algunos encontramos oportunidades en otros países de Centroamérica y hacemos algunas inversiones. Pero nuestra prioridad es nuestro país. Aquí nacimos, aquí nos queremos morir, aquí queremos vivir. Pero usted no puede invertir en un país en donde no hay crecimiento, en donde no van a tener éxito esas inversiones. Uno no va e invierte en otro país por molestar al gobierno de turno o porque le cae bien el gobierno del otro país. Uno cuando va a otro país no tiene relaciones con los gobiernos, solo los trámites oficiales. Las razones fundamentales son la seguridad jurídica, la persecución que se le hace a los empresarios.

Paralelamente al surgimiento y funcionamiento de estas nuevas instituciones, ¿cómo ha visto el comportamiento de los empresarios? ¿Ha sentido algún retroceso en el sector?

Siempre en todos los sectores hay personas y hay empresas, por así decirlo, que pueden estar al margen de la ley, pero para eso está la legislación y los controles, para que vayan y se cumplan estos postulados. La gran mayoría de los empresarios queremos vivir en un sistema democrático, en un sistema donde las reglas sean transparentes y claras, donde se respete la dignidad de nuestros trabajadores, empresarios e inversionistas. Que se nos facilite poder hacer negocios en nuestro país, que podamos abrir fuentes dignas de trabajo, que seamos exitosos. No tiene nada de malo que un empresario tenga éxito, al contrario. El éxito es parte del ser compartido con la sociedad y el país, porque se traen mejores servicios, se crean más y mejores empleos. Es una cuestión que va evolucionando y progresando. Pero si usted le pone tantas trabas y le pone, ideológicamente, su pensamiento, no va a funcionar.

Los jóvenes que nacieron después del conflicto, cuando escuchan que se habla de celebrar los Acuerdos de Paz no les cuadra, porque sienten que ahorita es una situación de inseguridad equivalente a un peligro similar.

Así es. Y la única solución para muchos de ellos es emigrar. Y estamos hablando de todas las clases sociales. Hay muchos jóvenes que no encuentran esperanza y que traen estudios admirables, pero se quedan en los países en donde realizaron esos estudios o, al ver que no hay oportunidades, emigran a otros países, como Canadá, en donde les ofrecen trabajo y hay libertades.

¿Y cómo decirle a un joven vamos a celebrar 25 años de paz cuando tenemos tantas muertes violentas al día? ¿Para qué celebrar la paz de hace 25 años si no estamos en paz ahora?

Porque podríamos estar peor si el conflicto no hubiera terminado. En vez de tener un conflicto de pandillas afuera de la ley, tendríamos un conflicto generalizado en todo el país, con bombardeos, combates, etcétera. Sé que la situación es sumamente difícil, pero es diferente. Aquí está demostrada la incapacidad de haberla controlado. Se han conseguido recursos específicos para hacerle frente al fenómeno de la delincuencia y no se ve dónde están invertidos. Tampoco los progresos que se han tenido con ello. Se ha tenido oportunidad de conseguir asesorías y muchos gobiernos extranjeros podrían cooperar para poder erradicar este fenómeno, pero no se ve que se esté trabajando en esto. Anteriormente, hemos tenido otros fenómenos de delincuencia, como el alto robo de vehículos y secuestros, y con voluntad política y voluntad de trabajo se lograron controlar y erradicar. No digo que ya no suceda, pero se redujeron a niveles casi imperceptibles.

El Gobierno anunció la llegada de un delegado de Naciones Unidas para la negociación de un segundo acuerdo nacional. ¿Es necesario un segundo acuerdo de paz para El Salvador?

En mi perspectiva muy personal, creo que no. Lo importante es que se respeten las leyes. Que se logre poner en funcionamiento lo que ya está.

Hay otros casos en los que no hay una buena evolución después de los Acuerdos de Paz.

Lo que nos ha sorprendido a bastantes es la intervención en comunicaciones que salió a la luz en FUSADES, una institución seria, un tanque de pensamiento, sea cual sea su ideología, pone en duda la libertades que puedan existir.

¿Y cree que esto es un retroceso después de los Acuerdos de Paz o es algo aislado?

No creo. Pero es algo que debe estar en un montón de instituciones privadas y públicas, también. No podría dimensionarlo porque no tengo experiencia en ese tema, pero es sumamente preocupante. No creo que para eso existan las instituciones de inteligencia del Estado. Y tampoco sé si son instituciones del Estado las que han podido realizar ese tipo de espionaje. Es una voz de alarma. Con respecto de los Acuerdos de Paz, retrocesos no puede haber y más que puede haber, no debe haber.

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