Políticos salvadoreños alejados de Trump y el discurso antilatino

La clase política de El Salvador resiente los mensajes de discriminación contra la comunidad inmigrante latinoamericana del precandidato republicano. Aboga por mayor conciencia a favor de los inmigrantes en Estados Unidos.
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Políticos salvadoreños alejados de Trump  y el discurso antilatino

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“Tenemos que construir un muro (en la frontera con México) y tiene que ser rápidamente... México va a pagar por ese muro... Un muro en la frontera con México nos ahorraría muchísimo dinero... México nos envía a la gente que tiene muchos problemas, que trae drogas, crimen, que son violadores... Este es un país en el que hablamos inglés, no español”. El discurso de Donald Trump, precandidato del Partido Republicano para la presidencia de Estados Unidos, tiene en vilo a los inmigrantes latinoamericanos en situación irregular, para quienes este precandidato ha prometido un plan masivo de deportaciones de ganar la elección.

El futuro de los inmigrantes salvadoreños en Estados Unidos es la mayor preocupación de la clase política nacional cuando se habla de las expectativas sobre las elecciones internas en los partidos Republicano y Demócrata y de los comicios presidenciales de noviembre próximo en el país norteamericano.

Los representantes de partidos políticos en El Salvador lo dicen al unísono: existe preocupación sobre los discursos contra la migración latinoamericana.

El discurso del precandidato no genera confianza de los inmigrantes latinoamericanos con problemas migratorios. En primer lugar, Trump, desde junio de 2015 cuando anunció su interés por competir en las internas del Partido Republicano, ha sostenido, sin descanso, un discurso antiinmigrante que, según sus críticos, ha profundizado en la polarización en Estados Unidos y ha llegado a rayar en el racismo y en la xenofobia, de la que se contagian sus seguidores.

En sus mítines, Trump ha declarado su desprecio por la inmigración mexicana y, por extensión, latinoamericana, que le ha valido potentes críticas no solo entre la comunidad de los latinoamericanos en Estados Unidos y en sus países de origen —incluidos por demás los políticos dentro del Partido Demócrata, sus contrincantes—, sino también por sus mismos correligionarios en del Partido Republicano.

Se han registrado movimientos políticos internos en el Partido Republicano que buscan la manera de que este precandidato no se consolide en su camino a la presidencia de Estados Unidos, a pesar de que su discurso cada vez va teniendo cabida en electores.

En El Salvador, la variopinta clase política resiente el discurso antilatino de Donald Trump, al punto de criticar su actitud y de externar su preocupación.

Funcionarios de Gobierno, diputados, dirigentes de partidos políticos y expresidentes de la República consideran que el mensaje de Donald Trump ofende a los latinoamericanos y por ende a los salvadoreños. Pero más allá del texto en su discurso, la clase política está preocupada por lo que pueda pasar en caso de que este precandidato alcance la silla presidencial de Estados Unidos en noviembre próximo.

Mientras tanto, en el Partido Demócrata, que buscará mantenerse en el poder durante un tercer período consecutivo, sus principales precandidatos: Bernard Sanders y Hillary Clinton, prometen mantener y ampliar los decretos migratorios impulsados por el presidente Barack Obama.

Pero estos decretos ejecutivos, que darían un alivio al menos a 5 millones de inmigrantes que están bajo una condición migratoria irregular y por los que se les otorgarían permisos de trabajo temporales, están bloqueados en el Tribunal Supremo de Estados Unidos y no será hasta junio que se sabrá de una resolución judicial, posiblemente.

Ante esto, las promesas de los precandidatos del Partido Demócrata parecen no tener una base, ya que es incierto que los decretos migratorios de Obama tengan luz verde cuando empiece la campaña hacia la presidencia de Estados Unidos, con la celebración de las convenciones Demócrata y Republicana.

De hecho, la resolución judicial sobre los decretos migratorios se daría en junio, un mes antes de que los dos partidos oficialicen a sus candidatos.

Si el máximo tribunal de Estados Unidos decide avalar los decretos migratorios de Obama, millones de inmigrantes en condición irregular podrán, por ley, permanecer en Estados Unidos al menos por tres años más. En ese caso, la propuesta demócrata para los inmigrantes podrá encontrar asidero.

Pero si la Corte decide en contra, la suerte de millones de inmigrantes latinoamericanos, incluidos los salvadoreños, quedará en manos de quien sea el nuevo presidente de Estados Unidos y de la conformación del Congreso que se integre luego de los comicios presidenciales de noviembre.

Y entre las posibilidades se encuentra un precandidato que, según su discurso, podría implementar una deportación masiva de inmigrantes.

Los intereses salvadoreños

Los datos más actualizados sobre la migración de salvadoreños en Estados Unidos reflejan que en ese país residen alrededor de 2.7 millones de personas salvadoreñas cuyas condiciones migratorias, en su mayoría, son irregulares o bajo protección temporal.

De un porcentaje de este grupo multitudinario de connacionales surge un aporte económico, como producto del trabajo y el comercio, para sostener la economía de consumo que predomina en el país.

Solo en los primeros dos meses de 2016, El Salvador reportó $661.2 millones en el concepto de remesas familiares enviadas desde Estados Unidos, según informes del Banco Central de Reserva (BCR). Los beneficiarios directos son alrededor de 1.3 millones de personas que reciben esas remesas, quienes representan aproximadamente un 20.2 % de la población salvadoreña, según el BCR. Por ello, la preocupación generalizada entre los políticos nacionales por el futuro de los inmigrantes salvadoreños en Estados Unidos no es una coincidencia.

El secretario de Comunicaciones de la Presidencia de la República, Eugenio Chicas, habló sobre el tema con LA PRENSA GRÁFICA y aseguró que el Gobierno de El Salvador, por las relaciones cercanas con el país norteamericano, da seguimiento a la coyuntura de Estados Unidos, con especial énfasis en la economía, en la política y, ahora, en el tema electoral.

“A lo largo de los años, hemos tenido una relación muy estrecha. Tenemos intereses comunes y tenemos enormes coincidencias en las agendas particulares, como por ejemplo el tema migratorio, que es de gran relevancia en la agenda bilateral, el combate a la narcoactividad, la lucha contra el terrorismo y contra los grupos criminales de pandillas”, dijo.

El portavoz presidencial enumeró más temas que ocupan la agenda bilateral de El Salvador y Estados Unidos, como “el cambio climático en la región y la Alianza para la Prosperidad”, así como FOMILENIO y el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la región centroamericana.

“En ese contexto, damos seguimiento detenido a la coyuntura electoral de Estados Unidos. Siempre hemos sido muy respetuosos de los asuntos internos de cualquier país, así como demandamos respeto hacia el nuestro. En ese sentido animamos a la comunidad de salvadoreños que tienen derecho a participar a que voten. Y nos parece que cualquiera que sea el partido o candidato que se incline más por temas de integración centroamericana, de la alianza del Triángulo Norte, de los intereses de nuestros migrantes y de ampliar la agenda de la cooperación pues será bienvenido o bienvenida”, declaró Chicas.

Los dirigentes de partidos políticos de El Salvador dicen tener en cuenta que no pueden exigirle a un país ir en contra de su legislación, pero sí pueden abogar por la conciencia hacia su población inmigrante. Jorge Velado, presidente del principal partido de oposición en El Salvador, ARENA, cree que el próximo Gobierno estadounidense puede hacer más por la inmigración salvadoreña y latina. “Fuera importante que estos precandidatos ofrecieran formas de legitimar la inmigración. Yo no estoy diciendo que la inmigración debe ser desordenada, al contrario, pero no echándole la culpa a toda esta gente que lo que llega a hacer es a trabajar”, dijo.

Velado recordó que Estados Unidos ha tenido siempre como aliados a la mayoría de países latinoamericanos. El escenario preelectoral genera dudas en el dirigente político. “No sabemos qué va a suceder, si continuaría el apoyo en temas de seguridad y de desarrollo económico”, comentó.

En El Salvador, la clase política se aleja de aplaudir una posible candidatura de Donald Trump y advierte incertidumbre con la población inmigrante dentro de Estados Unidos. Esperan, al final, que todo no sea más que un discurso para ganar votos.

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