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“Preferiría que le diera a la cuma a que fuera policía”

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Yo no quisiera que mi hijo fuera policía. Lo digo desde uno de los graderíos del Gimnasio Nacional Adolfo Pineda, donde hoy jueves 27 de julio mi hijo se gradúa para formar parte de la Policía Nacional Civil. Lo veo recibir su diploma. Mi nombre es María y mi nuera está a mi lado buscándolo con la mirada.

Él es el último de mis seis hijos. Recuerdo que desde pequeño jugaba a ser policía. Nunca le pude quitar esa idea de la mente. No recuerdo cómo ni por qué se le metió la idea de estudiar para esto. (Hay un minuto de silencio en el acto de graduación. Todos se ponen de pie para recordar a los agentes asesinados). Mi piel se enchina. No puedo evitar derramar algunas lágrimas.Este es el relato de madres y abuelas que hablan del ingreso de sus parientes a la Policía en medio de un contexto violento contra los agentes de la corporación. Catorce policías han sido asesinados en lo que va del año; cinco de ellos, en julio. En 2016 fueron asesinados 47 miembros de la institución de seguridad y un año antes hubo 62 homicidios de policías . El Ministro de Justicia y Seguridad, Mauricio Landaverde, da un mensaje a los recién graduados: “No es una decisión fácil. Es muy difícil que ingresen a la Policía a pesar de los riesgos, porque los mueve un sentido de patriotismo. Ustedes se incorporan en un momento en que todos debemos hacer un gran esfuerzo por trabajar por la seguridad del país”.

Observo a los agentes que posan para la fotografía oficial junto con las autoridades, mientras recuerdo que mi nuera y yo nos sentamos a platicar con mi hijo la semana anterior. Le dijimos que es peligroso lo que va a hacer. Mi nuera toma a su hija y le señala hacia adelante, donde está su padre. Luego ella recuerda lo que le dijo a mi hijo en aquella conversación.

—Eso de ser policía es peligroso. Arriesga su vida, la mía y la de la niña.

—Cuando a uno le toca, le toca.

Mi nombre es Susana. Yo soy la abuela de otro joven que hoy estrena su uniforme de policía. Yo preferiría que le diera a la cuma a que fuera policía; con eso uno los ha levantado desde pequeños. Yo, mi nieto e hijos somos de un cantón de Nahuizalco, en Sonsonate. Mi nieto salió de bachillerato y entró a la Academia Nacional de Seguridad Pública (ANSP). Siempre fue su sueño, aunque no sé por qué. Yo le digo que me cuente si le pasa algo, pero nunca me ha dicho si tiene problemas con las pandillas. Quizá no me dice porque sabe que estoy enferma. Uno no sabe qué más hacer con los que son de uno. Los cría, pero no para que mueran antes de tiempo.

—Dios que te bendiga, hijo; no te puedo poner en otras manos más que en las de él.

—Sí, abuela, no se preocupe, que nada me va a pasar.

Soy Mercedes. El que se gradúa hoy es mi segundo hijo. El primero ahora está en la UMO. Es el que está de camisa amarilla en la foto que tengo entre manos. En El Salvador casi no hay trabajo. Entonces, el joven sale de bachiller y el medio económico para que siga es la policía; es una opción para que tengan un trabajito.

Ese es el precio por arriesgarse en las calles. Mi hijo y yo venimos desde Ahuachapán. Yo le decía que no trabajara de eso porque es muy peligroso, pero como era lo que él quería, no se le podía decir que no y había que apoyarlo. Lo que pasa es que también los familiares corremos peligro. Ahí no hay tales de que yo no hice nada. Solo por ser pariente de un policía me pueden matar.

Mi nombre es Gloria. Mi nieta tiene 22 y ya es policía. El coraje que tuvo la muchachita para meterse a la policía viene porque yo tengo a dos hijos sirviendo. El primero que sirvió cumplió ayer 19 años que murió, y el otro está en el CAM. Mi nieta está en la segunda fila, con las demás mujeres agentes. Yo me senté en la primera grada, me senté cerca para tomarle fotos. Ella le decía a su prima que se metiera a la PNC con ella, pero al final solo se quedó mi nieta.

— Mira, Rosita, metete vos también a la policía.

— No, yo no; yo no tengo valor para esas cosas.

Yo solo espero que no la envíen muy lejos. Ojalá sea en la zona de oriente, porque de por allá somos nosotros. Entre más lejos, peor la cosa. Uno no sabe cuándo vuelven y tienen que quedarse a dormir en otros lados. En la casa le decían a mi nieta que mejor se acompañara, pero ella quería ser policía. Hoy me puse mi mejor gala. Desde aquí no la logro ver porque esta vista no me ayuda mucho.

La ANSP graduó esta semana a 113 mujeres y 361 hombres como nuevos agentes en seguridad pública de la promoción 116, que será parte de la plantilla de la PNC. Esta es la última promoción, que completó ocho meses de estudio. Las siguientes promociones se prepararán durante dos años de estudio, afirmó el director de la academia, Jaime Martínez.

Los recién graduados reciben un pequeño refrigerio mientras sus familiares los esperan en los graderíos azules. Más de 500 parientes esperan para recibir a sus hijos e hijas, que acaban de ser acreditados oficialmente como policías.

La nuera de María se pone de pie, sonríe y levanta su brazo al encontrar con la mirada a su esposo entre los 474 agentes. La graduación ha terminado. Los pliegues del rostro de María se contraen y alza la mirada. “Me costó tanto que mi hijo llegara hasta aquí como para que me lo vengan a matar”, agrega María.

Todos los policías tiran sus gorras al aire. Están de fiesta. María, Susana y Mercedes no lo están.

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