Promueven semillas orgánicas con ceremonia en CESTA

Desde hace dos décadas, agricultores intercambian semillas de todo tipo.
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Eran aproximadamente las 10 de la mañana y la entrada del Centro Salvadoreño de Tecnología Agropecuaria (CESTA), en San Marcos, se mostraba ayer colorida: al portón principal lo adornaba la típica cruz de jiote, llena de flores y frutas. Este símbolo se coloca cada 3 de mayo, en agradecimiento a la Tierra por su vendimia y beneficios.

La ornamentación formaba parte de la ceremonia ancestral, dirigida por Óscar Henríquez (Apantumac), un guía espiritual de la Asociación de Consejos de Pueblos Originarios de Cuscatlán; el ritual tuvo como objetivo “saturar” las semillas de vegetales y frutas criollas, es decir, bendecirlas para que las próximas cosechas sean prósperas.

Adentro, en un espacio abierto, al centro, en el suelo, cuatro velas representaban a los elementos fuego, agua, tierra y aire, mientras un largo bastón hacía referencia a las herramientas para el arado de terreno. La fruta y otros objetos funcionaban como símbolos de abundancia y bienestar en la siembra. Agricultores, principalmente del occidente del país, eran partícipes del acto.

Lo que se estaba celebrando era la bendición de semillas criollas, una celebración que comenzó hace cinco años y, una vez más, la Feria de Intercambio de Semillas entre campesinos, que se organiza desde hace dos décadas.

La feria se celebra con el propósito de promover la producción e intercambio de semillas orgánicas para cultivos y así mejorar las condiciones alimenticias y nutricionales del país; además, para hacer conciencia de daños a la salud causados principalmente por pesticidas y granos transgénicos.

Para el presidente de CESTA, Ricardo Navarro, otra de las ventajas del intercambio es el beneficio económico que esto trae, ya que los ingresos crecen a partir de los frutos que se comercializan. “Algunos agricultores tienen cultivos de mangos y papayas, a ellos les compramos más barato. Le ayuda económicamente a las personas y también, rehabilitando el territorio (sembrando), nos vamos ayudando a subsistir”, comentó.

Inés Beltrán Rosales, agricultor de Santa Cruz Michapa, Cojutepeque, dijo sentirse satisfecho con la actividad y recalcó la importancia de plantar granos orgánicos. “Uno va al mercado a comprar fruta y no sabe si han sido fumigadas con pesticidas y de ahí vienen las enfermedades”, opinó.

En el intercambio hubo semillas de diferentes especies de frutas, hortalizas y granos básicos: frijol, maíz negro, rojo y criollo. Ayote, pepino, papaya y chipilín, entre otras.

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