“Quiero despedirme porque sé que me van a matar”

Estos son relatos en primera persona de jóvenes de un municipio de San Salvador. Una maestra decidió recopilarlos y ahora los comparte para visibilizar la violencia que sufren los estudiantes.
Enlace copiado
“Quiero despedirme porque sé que me van a matar”

“Quiero despedirme porque sé que me van a matar”

“Quiero despedirme porque sé que me van a matar”

“Quiero despedirme porque sé que me van a matar”

“Quiero despedirme porque sé que me van a matar”

“Quiero despedirme porque sé que me van a matar”

“Quiero despedirme porque sé que me van a matar”

“Quiero despedirme porque sé que me van a matar”

“Quiero despedirme porque sé que me van a matar”

“Quiero despedirme porque sé que me van a matar”

“Quiero despedirme porque sé que me van a matar”

“Quiero despedirme porque sé que me van a matar”

“Quiero despedirme porque sé que me van a matar”

“Quiero despedirme porque sé que me van a matar”

Enlace copiado

Desde hace dos semanas los pandilleros de la comunidad donde vivo me están molestando para que me meta a la clica de la Mara Salvatrucha (MS-13). El cabecilla del grupo me ha dicho que tengo que matar si quiero seguir viviendo aquí. He tenido que hacerles favores a la pandilla para sobrevivir; pero ellos quieren que me brinque (matar a alguien) y si no lo hago me matan. Entonces he tomado la decisión de que no me voy a brincar y por eso quiero despedirme, porque sé que me van a matar.

LEA MÁS: Asesinan a estudiante del INTI con 10 tiros frente a su madre en Panchimalco 

He tenido que cobrar la extorsión a los camiones que entran a dejar las cosas para las tiendas. He llevado armas escondidas en la mochila para los pandilleros de otra comunidad. He hecho muchas cosas feas para los pandilleros, pero no estoy dispuesto a matar a nadie...

Este es inicio del relato que un estudiante de bachillerato del Área Metropolitana de San Salvador escribió para una maestra de un instituto nacional. Ella le pidió a sus alumnos escribir sus “vivencias” después de que una estructura de pandilleros mató a un estudiante. La maestra dice que decidió echar mano “de una herramienta literaria a falta de apoyo psicológico” para sobrellevar el trauma en la institución. Un resumen de estas memorias, ordenadas en un cuaderno por la maestra, son la materia prima para este texto fiel a lo escrito por los adolescentes.

LE PUEDE INTERESAR: Dos estudiantes asesinados hoy en San Pedro Perulapán y Jujutla 

No soy delincuente, como tampoco los son muchos jóvenes que tengo de vecinos. Los más expuestos a la violencia somos quienes vivimos en zonas marginales. Acá es donde la violencia está más presente porque están los jóvenes que son parte de la pandilla y también estamos nosotros que sufrimos presión para que seamos parte de ella; porque nos dicen que si vivimos acá tenemos que ser parte de ellos o somos de los otros...

El adolescente escribió su vivencia sobre violencia en julio de 2016. Dos meses después, según su maestra, fue encontrado semienterrado. Lo único que las autoridades dijeron sobre el crimen, según la docente, es que “el muchacho tenía vínculos con pandillas”, como lo dicen en muchas escenas.



Los policías me detuvieron una vez, me golpearon en la cabeza con un fusil. Me agarraron en la calle cuando regresaba de un cibercafé de buscar información para una tarea de ciencias. Me esposaron y me tiraron a la cama de un pick up. Uno de ellos me dijo que yo había atacado a una patrulla; pero no era cierto, porque yo había pasado toda la tarde frente a la computadora.

Solo me llevaron a la delegación y me dejaron ir como a las tres horas. Una señora policía llegó, me quitó las esposas y me dijo que se habían equivocado, pero que no le contara a nadie que me habían pegado los demás agentes. Desde ese día, siempre que me ven me maltratan.

Ellos no preguntan, no saben la clase de persona que es uno. Solo porque vive en la comunidad creen que todos somos pandilleros...

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) consignó en el “Informe sobre la situación de la niñez y la adolescencia en El Salvador” de 2014 que “el bajo nivel de respuesta por parte de las instituciones del Estado y la impunidad” percibida por la población inciden directamente al sentido de desprotección hacia los menores de edad. De acuerdo con datos oficiales, el 10 % del total de víctimas de homicidios en El Salvador son menores de edad.




El viernes mataron a un panadero y los bichos (pandilleros) pasaron corriendo por el patio de mi casa con las pistolas en las manos. Yo no podía dormir desde entonces y por eso fui al puesto de la Policía a contar lo que había visto. Creo que no me creyeron porque la persona que estaba en el escritorio no escribía nada, solo me miraba muy fijamente.

Ahora tengo miedo porque a un amigo le dijeron los pandilleros que tuviera cuidado porque yo les había puesto el dedo y se la iban a cobrar. Le contaron que ellos tienen un amigo policía que les contó lo que yo dije...

La docente dice que el joven desapareció una semana después de haberle entregado el escrito. Esta es la primera vez que ella lo hace público; por eso, cree que policías fueron quienes informaron a los pandilleros sobre la denuncia y que nunca hicieron un reporte oficial del caso.



Mi primo llegó a la casa drogado y cansado. Sacó una botella de agua helada y la tomó hasta terminarla. Luego se acostó en una hamaca y me contó que acababan de matar a una mujer, a una mesera de una cervecería en el centro de San Salvador porque se había metido con los pandilleros rivales. Él era un miembro activo del Barrio 18. Me dijo los detalles de cómo la mataron hasta partirla en pedazos. Le cortaron la cabeza y la dejaron abandonada en una mochila en el parque Libertad.

Yo me pasé el resto de ese día llorando, porque me imaginaba cómo había sentido esa mujer que habían matado. Yo no soy pandillera ni quiero serlo...

La estudiante se refiere a la cabeza de Rosa N., una mujer que fue desmembrada y su cabeza encontrada en una banca del parque Libertad el 10 de diciembre de 2002, el resto de cuerpo fue hallado en distintos puntos de la capital. Las autoridades acusaron a un grupo de pandilleros por ese homicidio, entre ellos a Carlos Ernesto Mojica Lechuga, alias “Viejo Lin”, pero luego fueron exonerados de cargos porque la testigo criteriada (con beneficios judiciales) de la Fiscalía se contradijo en su versión. El asesinato de Rosa N. provocó conmoción en la sociedad y significó un parteaguas del grado de violencia y saña con la que las pandillas cometían sus crímenes.

Los casos que me contaba mi primo ocurrieron hace años, pero recuerdo todos los detalles de los crímenes que me contó, fueron varios y muchos de ellos las muertas fueron mujeres. A él lo mataron los de su misma pandilla porque lo acusaron de quedarse con dinero de lo que andaba “renteando” (extorsión).

La maestra decidió compartir estos relatos con LA PRENSA GRÁFICA casi un año después de que los obtuvo, bajo promesa de no revelar identidades, porque consideró que “la violencia que viven a diario nuestros jóvenes no debe seguir siendo invisible”.
 

Lee también

Comentarios

Newsletter