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Recuento de milagros en La ruta a la casa de Romero

En el último día de la caravana a la ciudad natal del beato, la representación de la Iglesia católica pidió un cambio y firmó un pacto de ternura.
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Eucaristía.  Las personas que participaron desde el jueves en la caravana sellaron su asistencia en la misa oficiada por el cardenal Rosa Chávez.

Eucaristía. Las personas que participaron desde el jueves en la caravana sellaron su asistencia en la misa oficiada por el cardenal Rosa Chávez.

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"Hemos caminado con Romero para construir la paz", dijo el cardenal Gregorio Rosa Chávez frente a una multitud congregada en la plaza Monseñor.

Óscar Arnulfo Romero, de Ciudad Barrios, en San Miguel, donde concluyó la peregrinación que partió el jueves 2 de agosto desde la Catedral Metropolitana, en San Salvador, y que finalizó ayer en el municipio cuna del primer salvadoreño que está apunto de subir a los altares de la Iglesia católica.

Después de las 2 de la tarde comenzaron a llegar los primeros peregrinos a la tierra que vio nacer al próximo santo; algunos lo hacían con cánticos, vivas, aplausos; otros cumplían sus penitencias, también hubo algunos que lucían cansados y agobiados por el largo recorrido, pero su devoción no les hizo desmayar y cumplieron su objetivo.

Diferentes ministerios de alabanza recibieron a los católicos que se congregaron en la plaza para participar de la santa eucaristía a la cual asistieron obispos de la Conferencia Episcopal, el arzobispo de San Salvador y la representación de la Nunciatura en el país.

El cardenal afirmó que la peregrinación y su paso por el municipio de Chapeltique le hicieron recordar el milagro que hizo que Romero llegara a los altares. "Había un pick up con una familia; la mamá con un niño en brazo y me dice: ‘mire, monseñor, este niño es un milagro de Romero, yo le pedí a Dios un hijo y aquí lo tiene’. Y hay tantos más milagros que fui escuchando en el camino", dijo Rosa Chávez.

Guillermo Galván, uno de los feligreses que viajó desde la capital hasta la cuna de Romero, expresó: "Hoy que Romero va subir a los altares debe representar la búsqueda de la verdad, la justicia, superar la desigualdad y debe ser un ejemplo para construir un diálogo y esa paz que todos necesitamos en el país, porque él debe inspirar a este país".

En la celebración, la Iglesia católica también llamó a cambiar algunos mensajes, principalmente, los de algunas canciones que se refieren a Romero, que también hablan de la oligarquía y de los militares; y como primer paso la Conferencia Episcopal y otras organizaciones firmaron "el pacto de ternura" como un símbolo del compromiso por una niñez que crece libre de violencia y plena de amor. En el pacto se adquiere un compromiso para reconocer y sanar la historia propia de violencia, cultivar relaciones de ternura, libres de violencia con la niñez y adolescencia.

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