Relato | “De milagro estamos vivos”

Una mujer vio cómo su vida y la de su familia dio un giro en media hora, de tener una vida en tranquilidad pasaron a ser desplazados.
 

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Foto: cortesía 

“Carla”, nombrada así para guardar su identidad, puede ser cualquier salvadoreña que vive esquivando los avatares de la vida y sobreviviendo entre las maras, pero desde las 5:15 del martes 4 de mayo su vida dio un giro mucho más inesperado.

 “Acaba de entrarme con mi esposo pero teníamos la puerta principal abierta porque mis hijas estaban en la calle con la mascota. Me senté en el corredor y mi esposo estaba cortando leña cuando vimos pasar como a 6 o 7 muchachos. Como a la cuadra y media después de la casa se quedaron parados, en eso entró mi hija pequeña corriendo y llorando”, relata.

A partir de ahí todo pasó en un abrir y cerrar de ojos. Su esposo entró al cuarto a atender a la niña, Carla ya no pudo hacer lo mismo porque alguien ultrabaja a todas voces, desde la puerta de su casa.

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“Como al minuto o a los dos, no sé, escuché que ultrajaban a alguien. 'Salí que te vamos a matar' y las malas palabras, pero no pensaba que era con nosotros. Entonces mi esposo me dijo, 'conmigo es el problema', y con vos ¿por qué? le pregunte. Le dije que se tirara a un barranco que hay detrás de la casa y que yo iba a salir a ver qué pasaba”, cuenta.

Carla se acercó a la puerta, y sin abrir les preguntó qué buscaban, los pandilleros le dijeron que el problema no era con ella y que les entregara a su esposo y su hijo de 15 años.

 “'Ya nos dimos cuenta que vienen de zona contraria', me dijo uno. Ahorita se los voy a entregar, ya les voy a abrir la puerta; pero cuando les dije así quizás sintieron que no lo iba hacer y comenzaron a disparar donde yo estuve. Logré tirarme al suelo y una pila me resguardó”, cuenta.

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Luego de la balacera todo fue huída. Carla, su esposo y sus hijos se tiraron a la barranca sin más. “A los minutos de eso volví para recoger documentos y teléfonos; quizás en cuestión de minutos, que yo ya no estaba, ellos regresaron a la casa pero ya no nos encontraron”, detalla Carla.

La familia se refugió a la orilla del barranco, desde ahí llamaron al Sistema 911, que llegaron rápido. “En ese momento optamos por irnos de la zona porque no había opción de  regresar. Es imposible, obviamente llegó la policía, si nos regresamos es para no contarlo”, dice.

Foto: cortesía

En la huída Carla no tuvo tiempo ni de consolar a su hija de 12 años que lloraba, “entró llorando porque se la querían llevar, ella se les escapó y lo que hicimos fue cerrar la puerta por dentro. Cuando regresaron  fue la disparazón”, afirma.

“Nos dicen que vayamos a la Fiscalía a poner la denuncia pero nos sentimos vulnerables con todo esto. La carga psicológica es enorme. No hemos dormido, estamos como histéricos, somos una bomba de tiempo, ver que nos van a matar, que se quieren llevar a otros, es algo que yo creo que no todos viven para contarlo y gracias a Dios nosotros sí”, relata la tarde de ayerdomingo Carla.

“Ahí se han visto pasar cosas. En ocasiones se escucha gente que pide auxilio, jóvenes , casi niños. Otras veces han bajado gente a media noche, en la madrugada. Balaceras  a veces hay dos a la semana porque enfrente es zona contraria”, cuenta.

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Por ahora esta familia, que se denomina cristiana y que se congregaba en una iglesia cercana a su vivienda busca un camino para retomar su vida.

“Hace falta seguridad. Hay lugares donde sí se necesita porque este tipo de personas hacen sus fechorías en los rincones, ahí es una zona escondida, montañosa, y hacen lo que quieren”, cuenta la sobreviviente.

Foto: cortesía
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