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Relato | El regreso a la "normalidad" sin empleo

Claudia García, maestra de parvularia, perdió su trabajo el año pasado, cuando cerró el kinder donde laboraba. En febrero encontró trabajo, pero con un salario menor.

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Déficit digital. Muchos maestros se enfrentan a dar clases virtuales sin ninguna capacitación, por la premura de la situación.

Déficit digital. Muchos maestros se enfrentan a dar clases virtuales sin ninguna capacitación, por la premura de la situación.

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El 2020 inició con total normalidad para Claudia García, una experta en la educación parvularia. Durante 23 años laboró para un kínder bilingüe y en marzo, por la cuarentena, se inició en la tarea de "reaprender" de forma virtual. "Nadie nos enseñó, no sabíamos cómo usar las plataformas, pero comenzamos haciendo de todo, entre payasadas, bailes y tarjetas, no podía ni pasar una presentación, ni idea del Zoom", dice recordando esos momentos de crisis.

El kínder bilingüe, que terminaba el año escolar en junio, les redujo a ella y ocho empleadas más, entre maestras y niñeras, el salario en un 50 % por dos meses y 30 % el último mes antes de ser despedidas. La empresa cerró indefinidamente.

Según estimaciones recientes del Laboratorio para Innovación de Género para América Latina y El Caribe (LACGIL) del Banco Mundial, 56 % de las personas que perdieron su empleo temporal o permanentemente en 2020 fueron mujeres, este gran impacto se debe a que ellas se emplean en los sectores más golpeados por la pandemia, rubros del comercio, educación, hotelería y servicios personales. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) indica que 12 millones de mujeres perdieron sus puestos de trabajo en América Latina.

García y sus compañeras, de entre 23 y 44 años, aún no fueron indemnizadas. "Tenemos un proceso, fuimos al Ministerio de Trabajo cuando nos despidieron, pero no se llegó a ningún acuerdo y nos dijeron que debíamos ir a la Fiscalía a poner una denuncia", explicó García.

“En el kinder terminé ganando $420 mensuales luego de 23 años de trabajo,  ahora gano el sueldo mínimo por tres días y debo seguir con clases particulares, sin seguro propio”.

Desde junio de 2020, estas mujeres han iniciado el proceso de búsqueda de un sustento. "De las maestras solo yo he encontrado un trabajo formal, el resto da clases particulares. De las nanas, sé que algunas se dedican a vender productos varios, frutas", dice esta esposa y madre de dos niñas de 10 y 4 años.

Ante la pérdida de trabajo, esta maestra graduada en educación parvularia aplicó por un puesto a la vez que perfeccionaba el uso de la web para clases virtuales y desde octubre inició clases a domicilio. A partir de febrero de este año, obtuvo trabajo en una clínica, se trata de un empleo de medio tiempo por tres días a la semana. "Me contrataron porque ya me conocen, pero encontrar trabajo es difícil. Allí no estoy asegurada, es por servicios profesionales, pero recibo el sueldo mínimo".

García está asegurada ahora a través de su esposo, y parece encontrar en este sistema una ventaja, pues en el resto de días atiende a sus alumnos o pacientes de terapias de lenguaje particulares. "No hay opciones, imagínese que en algunos colegios ofrecen salarios de $250, lo más altos son de $400 y con muchísimas obligaciones, a tiempo completo los cinco días a la semana".

La covid-19 vino a profundizar la crisis laboral del país. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) informó que para 2019, en El Salvador los salvadoreños ocupados en el sector informal representaban el 70.5 % y que solo dos de cada diez ocupados tenían un empleo decente.

Esta maestra ha formado parte del subempleo del país desde hace mucho, de hecho un 39.4% de la Población Económicamente Activa (PEA) se encontraba en desempleo o subempleo en 2019. Esto se refiere según el PNUD, a que las personas se dedican a cualquier

actividad para sobrevivir, sin la protección social e ingresos suficientes "que le permitan satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia. El subempleo puede ser visible (por insuficiencia de horas) o invisible (por insuficiencia de ingresos o por subutilización de competencias)".

Con la pérdida de empleos que no se recuperarán pues la pandemia también acarreó el cierre de numerosas empresas (más de 2,000 según el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Francisco Gavidia) una normalidad no será posible tan fácilmente.

El Director Regional de OIT, dijo que "en la búsqueda de la recuperación resultará ineludible abordar las condiciones preexistentes en la región, que son claves para entender por qué el impacto de la pandemia en el empleo fue tan fuerte". Refiriéndose además a la "alta informalidad, reducidos espacios fiscales, persistente desigualdad, baja productividad y escasa cobertura de la protección social".

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